Orfa Sánchez, lojana de 61 años y habitante fundadora de la cooperativa Cali Murillo, situada en el cantón Durán, asegura que paga $ 30 de agua por llenar dos veces al mes de su cisterna.

Manifiesta que llevan 40 años dependiendo de tanqueros y esperando que los administradores municipales atiendan su pedido de redes domiciliarias y, por supuesto, la dotación de líquido para consumo humano a través del sistema convencional.

“Ya mismo me muero y no hay agua”, demanda la mañana del viernes 2, y comenta que han sido varios los plantones de moradores para elevar su voz ante la desatención respecto a este servicio básico.

Durán, que en enero pasado conmemoró 35 años de cantonización, pero cuya historia es centenaria por su pasado como parroquia de Guayaquil, no supera el déficit de suministro transcurridos casi siete años de desarrollo de su denominado “plan maestro de agua”, que incluyó la puesta de una tubería de 42 kilómetros a partir de los pozos de Chobo, cantón Milagro.

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El personal de la empresa municipal a cargo del servicio y asimismo del alcantarillado recién intervino una tubería en el sector San Enrique, que obligó a un corte que duró alrededor de 24 horas y que afectó principalmente a los habitantes de la ciudadela El Recreo, más zonas aledañas.

La fisura en una tubería de 97 años de antigüedad, según voceros de la empresa de agua y alcantarillado, motivó el cierre de válvulas y el consecuente desabastecimiento; lo que no constituyó un caso aislado, puesto que los moradores recuerdan más una interrupción en enero pasado que duró casi una semana.

“Eso sí fue horrible”, expone Shirley Tumbaco, residente de la cuarta etapa de El Recreo desde hace 16 años, quien asegura que a las 02:00 del jueves 1 ya había podido llenar un par de tanques en su casa, luego de un miércoles sin servicio.

En el común de los casos, los duraneños deben encender bombas para succionar de las redes el líquido para consumo humano. El cantón registra una media de 500.000 habitantes.

En la cooperativa Cali Murillo, donde la provisión de redes es una demanda de habitantes, el dirigente César Chipantiza menciona que luego de un reclamo en las calles recibieron la promesa de instalar la infraestructura para un aproximado de 300 viviendas.

Subraya que el plan abarcaría 1.000 solares, sumando a las familias de las cooperativas circundantes Elsa Bucaram, Hogar y Techo, entre otras.

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“Quedaron en que para el primer semestre de este año ya íbamos a tener (las redes)”, remarca Chipantiza, esperanzado de que esta vez la obra se ejecute en el sector.

Los moradores pagan $ 0,80 por tanque de agua. Comentan que ante su situación aprendieron a reciclar el recurso. “El agua de la lavadora la cogemos para los baños”, menciona el dirigente.

María Miranda, con 25 años en la cooperativa Cali Murillo, reconoce que dio algo de profundidad a un hueco en la esquina de su casa con el propósito de que el agua acumulada en estas lluvias le sirva para lavar las cerámicas del portal de su vivienda.

Los residentes esperan la conexión de las redes prometidas a una tubería principal que atraviesa el vecino sector San Gabriel. (I)