En los pasillos se mezclaban trajes azul oscuro, camisas claras y zapatos recién lustrados. Varias mujeres optaron por vestidos blancos o tonos marfil, maquillaje definido y peinados preparados para la ocasión. Algunas sostenían pequeños ramos. Padres, hijos, hermanos y amigos esperaban atentos, con celulares en alto, para registrar la firma y el beso posterior.
Las paredes estaban decoradas con corazones rojos y carteles de “recién casados”. Dos espacios fueron habilitados para fotografías. Funcionarios vestidos de rojo guiaban cada trámite, mientras las salas se llenaban y vaciaban en intervalos de 15 a 30 minutos, el tiempo estimado de cada ceremonia desarrollado el viernes 13 de febrero.
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En días previos al día de los Enamorados, más conocido como San Valentín, el ambiente se vivía en un ambiente especial en la agencia matriz. Ese día, desde las 08:00 comenzaron a llegar las parejas a la agencia de la avenida 9 de Octubre para formalizar su unión un día antes de este sábado 14, ya que hoy no hay atención.
En Guayaquil se realizaron 111 matrimonios solo el 13, informó Axel Narváez, coordinador zonal 8 del Registro Civil. A nivel nacional fueron 467.
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Durante la semana se han solemnizado más de 1.100 uniones y en el año anterior se registraron más de 50.000 en el país. El matrimonio en sede tiene un costo de $50 y fuera de sede, $250. El proceso se agenda en la página web institucional.
Yamil y Gabriel: Una década de amor formalizada
Entre las parejas que contrajeron matrimonio estuvo Yamil Bazurto y Gabriel Jaime Pita. Llegaron desde el suroeste de Guayaquil acompañados de su hijo de 11 años y varios familiares. Él vestía traje azul oscuro; ella, un vestido blanco sencillo y maquillaje definido. Antes de ingresar a la sala, se tomaron fotografías junto a su pequeño, quien no se separó de ellos durante la espera.
Este 14 de febrero cumplen 12 años de relación. La fecha no es casual. Se conocieron precisamente un 14, en medio de una fuerte lluvia. Recordaron que pasaron la tarde bajo el aguacero en el Malecón, conversando durante horas. Esa salida marcó el inicio.
“Yo le escribí primero”, contó ella entre risas, al recordar el primer mensaje. Después vinieron las salidas, la convivencia y, poco tiempo más tarde, el embarazo que los llevó a formar un hogar. Su hijo nació cuando apenas iniciaban la relación y, según explicaron, fue un motor para la familia.
“Ya teníamos que dar este paso”, expresó Gabriel, mientras observaba el acta recién firmada. Durante años hablaron de matrimonio, pero fue justo en la fiesta de fin de año cuando él tomó la decisión definitiva de proponérselo.
Entre metas laborales y responsabilidades familiares, reconocieron que no todo ha sido sencillo. “Siempre hay problemas, pero hay que sentarse a conversar”, explicó Yamil. Aseguraron que la clave ha sido resolver diferencias sin gritos, con diálogo.
La propuesta fue una sorpresa. Según relató ella, él le dijo que quería casarse este año y que debía ser en febrero, sin importar el día exacto. El plan inicial era el 14, pero al conocer que no habría atención el sábado, adelantaron la fecha.
Comentaron que la familia también acompañó el momento: madre, suegra, hermanos y cuñados. En la noche, tenían previsto celebrar con música y una reunión más amplia.
“Yo la sigo queriendo y quiero seguir con ella”, dijo Gabriel antes de salir de la sala. Ella respondió que el matrimonio representa formalizar lo que ya habían construido durante más de una década.
Diana Olveria y Steven Pin: El ejemplo para sus hijas
Diana Olveria, de 31 años, salió de la sala de ceremonias con el acta en la mano y una sonrisa contenida. A su lado caminaba Steven Pin Marcillo, su pareja desde hace 15 años. Afuera los esperaba su familia, lista para las fotografías.
Apenas cruzaron la puerta, se dirigieron a uno de los espacios decorados con corazones. Allí se acomodaron para las fotos. Primero posaron formales; luego vino el beso, breve, mientras los familiares capturaban el momento con sus celulares.
Ambos son del sur de Guayaquil. El plan original era casarse el 14 de febrero a las 09:00. Ya tenían prevista la ceremonia en la mañana y la celebración en la noche. Sin embargo, recibieron la notificación de que el sábado no habría atención en el Registro Civil, por lo que adelantaron la firma para este 13. La fiesta, aseguraron, sigue en pie.
Llevan 15 años de relación y tienen dos hijas, de 10 y 6 años. “Queremos darles un buen ejemplo”, expresó Diana, minutos después de la ceremonia.
Explicó que la decisión estaba conversada desde el año pasado y que el paso se dio de forma mutua.
Steven trabaja en una tienda y este año proyecta viajar al exterior. Diana es ama de casa. Formalizar la unión era una meta pendiente dentro de los planes familiares, señalaron.
Su madre y familiares cercanos los acompañaron durante la firma. El padre de Diana no pudo asistir porque se encuentra de viaje. Tras las fotografías, continuaron con el saludo a los presentes y la organización de lo que será la celebración este 14 de febrero.
Con el acta firmada un día antes, San Valentín los encontrará ya como esposos.
Kelly y Byron: La promesa universitaria cumplida
En la agencia, ubicada en el centro porteño, Kelly Macías, de 30 años, y Byron Villota Pérez, de 31, esperaban su turno sentados uno junto al otro. Había nervios en la forma en que se miraban y sonrisas que aparecían cada pocos minutos.
Se conocieron hace 13 años, en el primer semestre de Ingeniería en Marketing y Negociación Comercial en la Universidad de Guayaquil. Byron recordó que el primer acercamiento fue accidental.
“Nos presentaron y cuando fui a saludarla creo que la besé en vez de saludarla”, contó. Pensó que había cometido un error y decidió buscarla para aclarar lo ocurrido. “Fui a preguntarle si pasaba algo. Vi que no lo tomó mal y decidí insistir en salir con ella”.
Desde ese día comenzaron a verse con frecuencia. La relación avanzó junto con los estudios. Tras tres años decidieron convivir. Alquilaron un departamento, organizaron gastos y comenzaron a trabajar mientras terminaban la carrera.
Con el tiempo establecieron una meta clara. “Nos hicimos una promesa de que si en diez años mejorábamos económicamente, nos casaríamos y formaríamos una familia”, explicó Byron. El plazo se extendió tres años más. “Me atrasé unos tres añitos, pero cumplí”, añadió.
Kelly es ingeniera en Marketing y Negociación Comercial. Byron trabaja como asistente administrativo. Ambos señalaron que la decisión de casarse responde a un proceso que inició en la universidad y que se sostuvo en el tiempo.
“Es una etapa más por cumplir”, dijo Kelly sobre el momento previo a la firma. Byron completó la idea: “Seguir creciendo personal y profesionalmente y formar una familia”.
Al preguntarles por los hijos, él respondió entre risas que no tiene inconveniente “entre más, mejor”. Ella sonrió y lo miró con complicidad. La celebración continúa con una reunión familiar y un viaje con amigos en los próximos días a Baños de Agua Santa.
Pedro y Digna: Más de medio siglo de unión
Pedro Banchón y Digna Roca de Banchón llegaron desde el sur de Guayaquil. Tienen 67 años y llevan 52 años juntos. Este 13 de febrero decidieron formalizar una relación que comenzó cuando ambos tenían 15.
Se conocieron en la adolescencia. “Yo la conquisté”, contó Pedro con una sonrisa tranquila. Digna recordó que le gustó desde el inicio y que después de cuatro años de enamorados decidieron unirse. Con el tiempo formaron una familia. Tienen tres hijos, ya mayores de edad.
Durante décadas convivieron sin casarse por lo civil. La decisión llegó ahora. “Decidimos casarnos ya con la edad que tenemos, porque todavía nos seguimos queriendo”, dijo Pedro.
Explicó que quisieron dar este paso “antes de que nos pueda pasar alguna cosa”.
Al salir de la sala, se tomaron de la mano. No hubo celebración extensa. Hace pocos días falleció la madre de Pedro, de 90 años, por lo que optaron por una reunión sencilla entre familiares.
Entre los testigos estuvo Victoria, quien mantiene un vínculo cercano con la familia. Ella fue pareja de un nieto de Digna, ya fallecido, y con el tiempo se mantuvo cercana a ellos. “Yo los quiero mucho. He visto que es un amor mutuo”, comentó. Señaló que, como en toda relación larga, existen diferencias, pero que siempre ha notado respeto entre ambos.
También los acompañó Marta, otra allegada de la familia. Los testigos permanecieron atentos durante la firma y participaron en las fotografías posteriores.
Pedro trabaja como maestro constructor independiente. Digna es ama de casa. Cuando se le preguntó qué le diría ahora a su esposa, respondió sin rodeos: “Yo la sigo queriendo y la seguiré queriendo hasta que Dios nos lleve”. (I)