A Denisse Salgado, de 35 años, le llegó la invitación de un baby shower de una amiga que está en el séptimo mes de gestación. Será a fines de enero y se siente indecisa de asistir, asegura la guayaquileña que en el último mes ha tenido varios cumpleaños y reuniones laborales a los que afirma no haber acudido por temor a contagiarse.

“Parece que ya volvimos a esa normalidad”, dice la moradora de la ciudadela Bellavista, al comentar que sus vecinos han tenido varios festejos hasta con mariachis, como si hubiese terminado la pandemia. Las reuniones entre parientes, amigos y vecinos, como la fiesta de fin de año en la Calle 8 del Cristo del Consuelo, se multiplican en la ciudad, al igual que los contagios que mantienen colapsados los hospitales estos días.

En Guayaquil se reportaron 20.647 infectados con COVID-19, de los 226.002 casos confirmados a nivel nacional, según cifras del Ministerio de Salud con corte a ayer, que da cuenta de 14.246 fallecidos.

Pese a las recomendaciones médicas y las sanciones económicas, la gente irrespeta las normas de bioseguridad, como el distanciamiento social. ¿Por qué? “Por una necesidad de socializar que es innata en los seres humanos.., por la cultura de los latinos que es de cercanía, para nosotros es muy importante cumplir con rituales de visitas a familiares, nos encanta saludar con beso y abrazo”, explica Sandra Moreira Ferrín, psicóloga clínica y docente de posgrado, quien afirma que esa socialización, necesaria por salud mental, hay que sostenerla, pero a través de medios virtuales.

Publicidad

Julio Echeverría, sociólogo y docente, cree que “no existe una claridad en muchos sectores de la importancia de que el comportamiento individual contribuye a la solución del problema en términos colectivos”. Además, cree que ha sido insuficiente la ‘comunicación pedagógica’ para que la gente entienda que debe asumir una postura responsable para evitar más contagios.

En reuniones de 2, 5, 10 o más personas se puede transmitir el virus, va a depender del tiempo de exposición que la persona tenga con un contagiado, si hay distanciamiento, si usan mascarillas o si has tocado algo o a alguien y no se han lavado las manos, explica el epidemiólogo Jhonny Real.

Pese a seguir estas medidas de bioseguridad incluso hay personas que son susceptibles a infectarse por cuestiones de su sistema inmunológico, que es diferente en cada persona, sostiene el especialista, quien calcula que esta semana se mantendrá el aumento de casos por las reuniones sociales de fin de año y las que se siguen dando. “La gente se expuso mucho más y la repercusión es el incremento de casos que estamos teniendo”, sostiene.

Y no solo se han expuesto al asistir a reuniones sociales. En los supermercados, donde hay carriles para ir en una sola dirección, hay personas que no respetan esas directrices ni mantienen la distancia.

La gente, refiere la psicóloga Moreira, siente menos temor y una mayor confianza con el tratamiento que se les da a los pacientes con COVID-19, que cuando empezó la pandemia y no se conocía cómo manejar la enfermedad. Esto ha generado que se baje el nivel de alerta, lo cual en parte “no es malo”, asegura, porque hay quienes han estado en ‘hiperalerta’ y eso los ha llevado a trastornos de ansiedad y depresión.

Los más afectados con el aislamiento han sido las personas mayores de 40 años y adultos mayores, asegura Moreira. Por estos trastornos llegaban el 10% de pacientes a su consulta privada antes de la pandemia, pero actualmente ese porcentaje es del 60%.

Mientras el sociólogo Wilmer Suárez menciona otras circunstancias que cree que conducen a la desobediencia de los ecuatorianos: “No se sienten representados por las instituciones estatales, la desigualdad social, el altísimo desempleo e informalidad y la desinformación en redes sociales sobre el virus”. (I)