Es una canción tierna, pegajosa, alegre y muy optimista, pero detrás de su elaboración hay una historia de amistad, compañerismo artístico, caminos en común, resiliencia femenina y, especialmente, un frenesí por ver y vivir la vida con sus colores más vivos, sin negar sus matices oscuros.
Así nos llega la nueva canción de Luz Pinos, Bonita, que canta con sus colegas Mirella Cesa y Sara Ontaneda.
La melodía se estrenó el jueves 29 de enero y es el tercer sencillo que se desprende del próximo álbum de Luz, titulado Casa nueva. El disco “abrirá sus puertas” en marzo con el infaltable toque de la artista, revelando melodías y letras que se sienten muy íntimas y personales.
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La colaboración nació de una amistad orgánica gestada entre Guayaquil, Nueva York y Boston, donde cada una estaba realizando diversos planes para sus carreras.
Luz explica que no buscaba un dúo convencional, sino una tríada que representara la diversidad y la fuerza de la mujer ecuatoriana. La conexión entre las tres artistas se forjó en momentos personales complejos, en los que el apoyo mutuo fue fundamental.
“Las mujeres, cuando entendemos la importancia que tienen las otras mujeres en nuestras vidas, aprendemos a cuidar mucho esas amistades”, afirma la intérprete.
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Una colaboración muy femenina
Bonita no es solo una canción de amor o que se refiere a la estética de la mujer; es –en palabras de sus autoras– un “proyecto político de educación y desahogo”. La letra busca redefinir el concepto de belleza, alejándolo de los estándares visuales para centrarlo en la transparencia, la lucha y la capacidad de sanar.
Para Mirella Cesa, la canción es un refugio: “Es la sororidad, la valentía, la libertad... Es esa capacidad que tenemos de cuidar, de abrazar, de curar y, sobre todo, de unir”.
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Las artistas destacan que el tema se complementó desde la vulnerabilidad, compartiendo historias de madres trabajadoras y resilientes. Luz recalca que el tema es un tributo a la herencia femenina: “Todos llevamos la resiliencia de las mujeres de nuestras familias dentro de nosotros”.
Identidad sonora
Musicalmente, la obra es un híbrido que celebra la identidad nacional de Ecuador. Lograron amalgamar tres estilos distintos: el toque indie y angelical de Sara Ontaneda, el folclore andino y guayaco de Mirella Cesa y la esencia latina y bailable de Luz Pinos. La producción integra ritmos afroecuatorianos, del Pacífico y del Caribe, creando un sonido que busca abrazar a todas las regiones del país.
Mirella resalta que la ausencia de egos permitió que cada ingrediente brillara en este proyecto. “Cuando uno tiene esa seguridad de que trae a la mesa algo único, uno no anda con egos, más bien uno quiere compartirlo”, señala.
La resistencia desde la independencia
Como artistas independientes, las tres coinciden en los desafíos de producir música con identidad en una industria que suele priorizar tendencias pasajeras. Hacen un llamado a los medios para que actúen como plataformas que den visibilidad a proyectos con propósito.
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Mirella resume el impacto de la canción al ver a sus hijas cantarla: “No hemos pensado en la venta, hemos pensado en el desahogo, en la fogata, en lo que realmente está resonando con nosotras”.
Finalmente, Sara Ontaneda invita al público a apropiarse de esta pieza, que se consolidó desde la sinceridad absoluta y que recuerda que, incluso en los momentos de dolor, “las lágrimas también son bonitas” si forman parte de un proceso de sanación y compañía, como ellas lo han experimentado con esta colaboración. (E)






























