En una comunidad donde la mina lo es todo, el miedo aparece de pronto y lo paraliza todo. Herramientas que desaparecen, ruidos extraños en la oscuridad y una presencia desconocida obligan a los trabajadores a tomar una decisión drástica: cerrar la mina y abandonar el lugar en busca de nuevas oportunidades. Esa es la premisa de Hay un monstruo en la mina, el primer cuento infantil de la comunicadora social, escritora e ilustradora quiteña Patricia Andino, una obra que utiliza la fantasía para hablar de empatía, comunidad y del valor de enfrentar lo desconocido.

El libro, dirigido a niños de entre 6 y 12 años, sigue la historia de María, hija de uno de los mineros, quien se resiste a aceptar la decisión de su padre de irse del pueblo. “Ella no quiere que su papá se vaya, no quiere perder a sus vecinos ni a sus amigos, entonces decide investigar qué está pasando”, explica Andino. Con casco, botas y una linterna, la niña se adentra en la mina para descubrir el origen del miedo que afecta a toda la comunidad.

Publicidad

‘Hay un monstruo en la mina’, el cuento de Patricia Andino que transforma el miedo en solidaridad. Foto: Cortesía

Lo que encuentra cambia por completo la historia: el supuesto monstruo no es una amenaza, sino un ser que también tiene miedo. “El monstruo no es malo, tiene miedo, no le gusta estar solo y le tiene miedo a la oscuridad, por eso hace estas travesuras”, cuenta la autora. A partir de ese encuentro, el relato se transforma en una invitación a comprender al otro y a reconocer que muchas veces el temor nace del desconocimiento.

La historia avanza hacia un desenlace en el que María logra tender un puente entre el monstruo y la comunidad. “La gente le tiene miedo a lo diferente, pero cuando empiezan a conocerse, descubren que tienen cosas en común”, señala Andino. Así, el cuento propone una resolución basada en la empatía y la convivencia, donde incluso el personaje que generaba temor termina integrándose y formando parte del entorno.

Publicidad

Detrás de esta narrativa hay una motivación personal y profesional. Andino recuerda que su vínculo con la lectura comenzó en la infancia. “Siempre me regalaban cuentos, tuve una infancia muy feliz con los libros y quiero que los niños también tengan ese sentimiento y esa conexión con la literatura”, afirma. Sin embargo, el tema de la minería surgió años después, durante su trabajo en el área social dentro de esta industria.

Esa experiencia le permitió recorrer distintas comunidades del país y conocer de cerca su dinámica. “Me encontré con algo en común: este sentimiento de solidaridad, de compañerismo, de conocerse entre ellos y de trabajar en equipo”, explica. A partir de esas vivencias, decidió construir una historia que no solo entretenga, sino que también acerque a los lectores a una realidad poco representada en la literatura infantil ecuatoriana.

“Quiero contarle a la gente cómo son estas comunidades, cómo es su estilo de vida y decirles que la minería no es solo técnica, sino que tiene un componente social muy fuerte, son personas, son familias”, sostiene.

Según la autora, el libro se inscribe en un terreno poco explorado, ya que no ha encontrado otros referentes de cuentos infantiles sobre minería en Ecuador.

El proceso creativo del libro comenzó, de hecho, desde lo visual. Andino, quien también es ilustradora, empezó diseñando al personaje central. “Hice un boceto de un monstruo minero, de colores, con cejas azules, con cuernos divertidos, y desde ahí empezó a tomar forma la historia”, relata. Luego fueron surgiendo los demás personajes y la estructura narrativa del cuento.

La obra es completamente autopublicada, lo que implicó que la autora asumiera cada etapa del proceso. “Yo financié todo, incluso la impresión de los libros”, explica. Esto incluyó la escritura, ilustración, diagramación, revisión de estilo y los trámites legales para el registro de la obra y la obtención del ISBN.

Uno de los principales desafíos fue encontrar opciones de impresión acordes a la escala del proyecto. “Las imprentas grandes trabajan con volúmenes muy altos y yo quería pocas unidades porque era algo muy personal”, comenta. Finalmente, logró concretar la producción con un emprendimiento local en Quito.

Además del formato físico, el cuento cuenta con una versión en audiolibro disponible de manera gratuita en plataformas digitales como YouTube Music y Apple Music. En esta adaptación, Andino es la narradora principal y cada personaje tiene una voz propia. “Eso hace que la historia sea más entretenida y divertida para los niños”, dice.

La comercialización del libro se realiza a través de redes sociales bajo la marca Parandina, creada junto a su esposo, quien se encarga de la logística y distribución a nivel nacional. El costo del ejemplar es de 10 dólares.

En paralelo, la autora impulsa actividades de promoción lectora en distintas ciudades. En Guayaquil participó en la Fiesta del Libro Infantil junto a la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, con una jornada gratuita que incluyó la lectura del cuento y una puesta en escena con títeres de sombra. En Quito también se desarrollarán encuentros similares con dinámicas lúdicas orientadas a fomentar el hábito de la lectura.

Otro elemento clave del relato es la construcción de su protagonista. Andino decidió que María fuera una niña como una forma de visibilizar el rol femenino en contextos tradicionalmente asociados a los hombres. “La minería tiene rostro de mujer y las mujeres tenemos una sensibilidad que nos permite conectar y abrirnos puertas”, afirma.

El personaje del monstruo, por su parte, está inspirado en el Muqui, una figura de la mitología minera que habita en las minas y es considerada guardiana de los minerales. “No es un ser malo, simplemente existe ahí, y eso me pareció interesante para construir esta historia”, explica la autora, quien adapta esta figura a un contexto infantil para reforzar el mensaje sobre el miedo a lo desconocido.

Aunque Hay un monstruo en la mina marca su debut editorial, Andino tiene claro que no será el único. “Quiero seguir escribiendo para despertar el interés en la lectura en los niños, porque ellos tienen una forma muy especial de ver el mundo, de imaginar y de hacer preguntas”, asegura.

Con esta primera publicación, la autora no solo presenta una historia, sino que abre una puerta a nuevas formas de narrar realidades complejas desde la infancia, apostando por la literatura como un espacio para comprender, empatizar y construir comunidad. (E)