La palabra ‘supilindo’ hace tiempo que está registrada, pero ahora se pone la mayúscula porque se ha convertido en la marca del café que ha lanzado el actor Oswaldo Segura.

“Ha sido un esfuerzo de dos años y medio de querer sacar este producto (Café Supilindo, desarrollado con Monterra Global), hasta que por fin, gracias a Dios, se dio”, dice el intérprete de Felipe, el personaje que popularizó este término en la serie Mis adorables entenados (1989-1991). “Valió la pena esperar”.

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Supilindo para Segura es una expresión personal, tiene que ver con su inquietud creativa. “Me gusta mucho el café, de toda la vida. Mi familia es del campo. Periódicamente íbamos a la finca de mi papá, de mis tíos, y sembraban café, cacao. Tomaba café desde pequeño. Hasta que se dio la ocasión de hacer algo como Oswaldo Segura, qué podía sacar de mi personaje que me ha dado tanto. Y agarré la frase”.

De Supilindo dice que es un café “hecho con amor”, que ha hecho probar a sus amigos dentro y fuera del Ecuador. “Inclusive en Estados Unidos, adonde va el café colombiano, de Costa Rica, de Brasil, y sin embargo, me dicen que no dista mucho de todos esos cafés. Supilindo no se queda atrás. Eso te da ánimo para seguir trabajando con muchas ganas”.

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Asegura que si está en casa puede tomar hasta cinco tazas de la bebida al día. “Y si estoy en la calle, depende por dónde ande”.

Al lanzamiento no solo se invitó a los medios, sino a catadores y potenciales inversionistas. ¿Va a estar el producto en todos los supermercados? “Tratamos, tratamos”, asiente, “pero al momento estamos en dos puntos fijos: Nelson Market y Duty Free”.

La duda queda: ¿es un café para todos los bolsillos o un brebaje aniñado? “Bueno, es el café más aniñado del Ecuador, porque Felipe lo dice. Pero por supuesto, no es exageradamente caro, es accesible. Es un proyecto muy ambicioso. Queremos traspasar fronteras, llevarlo a otros países. Es un café de exportación”.

“Somos sobrevivientes del humor”: Oswaldo Segura prepara su próxima comedia con La Mueca

El café ha llegado, pero la vida en la actuación no puede detenerse. Segura sigue haciendo teatro y proyectos para redes sociales con el grupo La Mueca y en el Teatro del Ángel (Urdesa). Está preparando una obra de teatro con Héctor y Andrés Garzón, la comedia Los sobrevivientes.

“Sobrevivientes en todo sentido: de guerras, apagones, delincuencia, la falta de apoyo de las instituciones públicas y privadas; nosotros somos sobrevivientes del humor”.

Parece ser la suerte de los artistas escénicos en Ecuador. “Hay que rebuscárselas”. La televisión, opina, está de caída. “Y ahora peor, creo que va a sufrir todavía mucho más, porque viene la inteligencia artificial, y entonces la gente ya no pauta, que es lo que permite que la televisión sobreviva”.

No se opone a la ola de las redes sociales. “Hay que subirse a ese tren. Si uno no se sube se queda, desgraciadamente. Ahora estoy grabando unos videos para redes y no me opongo, para nada, pero no soy ciego para no ver lo que viene. En cuanto a la parte artística vamos a perder muchísimo”.

Pero el teatro, observa, es duro de matar. “Es el único arte que ha sobrevivido a las guerras, que ha sobrevivido a hambrunas, que ha sobrevivido a todo; sobrevivió al cine, a la televisión y va a sobrevivir a las redes sociales”, augura. “Porque el arte es vida misma. Es ese contacto con el público, esa comunión. Por ese motivo no creo que vaya a morir”.

¿Cómo pueden los artistas protegerse ante el auge de la inteligencia artificial en la industria audiovisual?

“La inteligencia artificial para un artista no aporta nada. Fíjese que los escritores y los actores en Hollywood están reclamando porque dicen: ‘¿qué va a pasar? Ya no hay escritores, porque todo lo hace la inteligencia artificial’. Llegará un momento en que las películas y los actores sean todos de inteligencia artificial. ¿Qué va a pasar con los de carne y hueso?”, se pregunta Segura, y llega a la conclusión de que los artistas sabrán reinventarse. “La crisis te hace más creativo”.

El actor Matthew McConaughey aconsejó hace poco a los actores que conviertan en marcas registradas sus nombres, sus voces y sus apariencias para no terminar siendo entrenadores involuntarios de la IA, para no ser copiados. “Y se va a dar eso, ni lo dude”, opina su colega ecuatoriano. “(El actor) tiene que protegerse de alguna manera”. (E)