Las joyas de la Corona son una serie de piezas, insignias y elementos pertenecientes a la Casa Real Británica y que la reina Isabel II tiene a su disposición, se indica en una publicación del sitio web Bekia.

La pieza más valiosa de la colección es la corona imperial del Estado, que afortunadamente solo debe usar una vez al año, ya que su peso la vuelve difícil de llevar. “Una vez la pones, se queda encajada y no puedes agachar la cabeza porque te romperías el cuello”, dijo durante una entrevista exclusiva a la BBC.

El resto de días del año, la reina luce otras joyas que son parte de la mayor y más valiosa colección de joyas del mundo. Se trata de un conjunto de piezas que incluyen broches, gargantillas, pendientes y sobre todo tiaras, cuyo valor es incalculable no solo por la historia que albergan, sino también por la variedad de materiales utilizados en su elaboración: diamantes, perlas, rubíes, esmeraldas, aguamarinas, etc.

Del conjunto de piezas, las tiaras son las prendas más destacadas de su joyero. La soberana británica tiene sus favoritas y que ha usado con mayor frecuencia.

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Tiara de Estado

La utiliza durante la inauguración del año parlamentario en Reino Unido, una vez que deja de usar la corona imperial. Isabel II opta por la comodidad y la sencillez de esta pieza igualmente simbólica pero mucho más ligera.

La tiara de Estado se elaboró en 1820 para que el rey Jorge IV la utilice el día de su coronación y se compone de un total de 1.333 diamantes y 169 perlas. En esta aparecen representados los emblemas vegetales de los territorios que conforman el país: la rosa de Inglaterra, el cardo de Escocia y el trébol de Irlanda. Por su significado ha sido elegida por la reina para posar en la mayoría de sus retratos oficiales, así como en monedas, billetes y sellos.

A pesar de que inicialmente fue creada para un hombre, tras la subida al trono de la reina Victoria en 1838 su uso quedó exclusivamente restringido a las mujeres, tanto consortes como soberanas.

Tiaras rusas

Entre los siglos XIX y XX se volvieron muy populares entre la realeza europea unas tiaras conocidas como “fringes” (barras) y que que tenían como característica principal la disposición gradual de barras en forma de espiga más o menos puntiagudas. Estas surgieron en la Corte de los Romanov, porque imitan la forma de las diademas “kokoshnik” de las campesinas rusas. Prácticamente todos los joyeros reales tienen una (en Mónaco, en Suecia, en Liechtenstein...) a excepción del joyero de los Windsor, quienes poseen dos tiaras diferentes pero del mismo estilo.

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La más antigua, por la procedencia de sus piedras, tiene como origen el collar que la reina Victoria le regaló a María de Teck en 1893 con motivo de su enlace con el futuro rey Jorge V. El collar fue elaborado por la joyería Garrard con unos diamantes que pertenecían al rey Jorge III y que se distribuyeron en 47 barras separadas por 46 púas de menor tamaño. Este se convirtió en tiara en 1919, pero fue modificado de tal modo que puede ser utilizada de una forma y de otra.

Aunque la reina madre la calificó de “fea y picuda”, por lo que casi no la usó, Isabel II se sintió atraída por esta joya y la eligió como tiara nupcial el día de su boda con el príncipe Felipe de Grecia en 1947. Fue la primera tiara que usó y le tiene un cariño especial.

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La princesa Ana también decidió usarla en su boda con Mark Phillips en 1973 y más recientemente la princesa Beatriz de York en 2020. Aunque la reina británica sigue siendo la propietaria de la tiara, desde su boda no la ha usado en demasiadas ocasiones.

Al parecer, en realidad tiene una fuerte preferencia por la diadema fringe de su joyero, conocida como tiara Kokoshnik para diferenciarla de la anterior (denominada simplemente como tiara Fringe).

La tiara Kokoshnik posee barras menos puntiagudas y su estructura es más compacta. Está hecha igualmente con una estructura de platino y 488 diamantes incrustados. Se trató de un regalo que las damas de honor de la reina Alexandra le hicieron en 1888 por sus bodas de plata con el rey Eduardo VII.

La reina Isabel II la utilizó por primera vez en 1954 y desde entonces la ha convertido en una de sus joyas favoritas.

Aunque llevan el estilo ruso ambas tiaras fueron fabricadas en Londres, sin embargo, la reina sí posee una de verdadero origen ruso. Se trata de una joya que perteneció a la gran duquesa María Pablovna (esposa del gran duque Vladimir de Rusia).

Fue elaborada en 1880 y su diseño es muy distinto al típicamente ruso: cuenta con 15 círculos de diamantes entrecruzados y de los cuales cuelgan sus respectivas 15 perlas en forma de pera. La tiara es conocida como tiara Vladimir en honor a su primera propietaria.

Esta tiene tres posibles opciones de uso: con perlas, con esmeraldas o sin nada. Isabel II la ha lucido de las tres maneras en las incontables veces que se la ha puesto desde que la heredó de su abuela.

Lo que Isabel II heredó de su abuela

De la reina María de Teck, abuela de Isabel II, es de quien heredó gran parte de las tiaras que ahora posee la soberana británica. Sin duda fue ella quien aportó la mayor cantidad de alhajas al joyero real, ya que tenía muchos tipos de piezas. Se conocía que si deseaba una tiara y no podía conseguirla, no dudaba en encargar a sus joyeros de confianza una copia del artículo.

Lo hizo con la tiara Cambridge o Tiara Lover’s Knot que la reina María encargó a Garrard en 1913/1914. La original llevaba el mismo nombre y pertenecía a su abuela materna, la princesa Augusta de Hesse (esposa del duque de Cambridge). Pese a que la reina María la lució en calidad de préstamo en varias ocasiones en su juventud, cuando la herencia fue repartida no pasó a ser la propietaria, por lo que decidió encargar una copia.

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La tiara lleva un estilo neoclásico, se elaboró con diamantes de talla brillante y con unos motivos decorativos imitando nudos de los que penden 19 perlas en forma de lágrima. Tanto la tiara original como la copia posterior tenían además otras 19 perlas ubicadas verticalmente en la parte superior, pero la reina Isabel II decidió prescindir de ellas cuando la recibió de su abuela en 1953.

Aunque la actual reina la lució en múltiples ocasiones, quien la llevó a la fama fue la princesa Diana de Gales mientras estuvo casada con el príncipe Carlos. Isabel se la entregó luego de su boda en 1981 y fue la única que utilizó, junto con la tiara de la familia Spencer, en los actos o ceremonias de gala donde era necesario su uso. Lady Di reconoció que el peso de los brillantes y el ruido de las perlas en movimiento le provocaban intensos dolores de cabeza.

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Tras el divorcio con Carlos en 1995, la tiara regresó al joyero real y no se usó hasta que en el 2015 la lució Kate Middleton en una recepción al cuerpo diplomático en el palacio de Buckingham; desde ahí la ha llevado en varias ocasiones.

Otra pieza heredara de la reina María, que aún se usa en la actualidad, es la tiara de las Niñas de Gran Bretaña e Irlanda, que fue un regalo que ella recibió en su boda en 1893.

Esta joya posee motivos decorativos en forma de flores de lis y está hecha a base de diamantes en talla brillante engastados en plata y oro. En el modelo original tenía 14 perlas en su parte superior, pero en 1920 fueron sustituidas por pequeños diamantes de forma circular. Esta se ha convertido en la favorita de la soberana actual ya que, por su sencillez y comodidad, es una prenda práctica para alguien de su edad.

El aporte de la reina Isabel II

La reina Isabel II también ha incluido algunas joyas en su extensa colección. Aún se desconoce cuáles se quedarán dentro de las joyas de la Corona y cuáles serán heredadas en posesión privada a sus descendientes, debido a que algunas de estas fueron compradas a título individual y no las recibió en calidad de reina.

Por ejemplo, en 1963 adquirió una tiara de zafiros que hacen juego con el aderezo de zafiros que adquirió el rey Jorge VI (compuesto por una gargantilla, unos pendientes y un broche).

Esta joya era inicialmente una gargantilla del siglo XIX que pertenecía a la princesa Luisa María de Bélgica (1858-1924), hija mayor del rey Leopoldo II.

Isabell II además posee dos tiaras que han sido modificadas en varias ocasiones. Es el caso de su tiara de aguamarinas brasileñas, compuesta de piedras sobrantes de otras joyas que recibió en 1953 de parte del Gobierno de Brasil.

La reina británica actual usando su conjunto de aguamarinas brasileñas. Foto: AFP

Esta tiara y las joyas que acompañan el conjunto de aguamarinas tienen un valor incalculable y se considera que no tiene rival alguno en el resto de joyeros de la realeza europea, carentes de este tipo de piedras.

La pieza más moderna de toda la colección fue elaborada en 1973 y posee rubíes birmanos, procedentes de una tiara que le regaló por su coronación el nizam de Hyderabad y con los 96 rubíes que recibió del pueblo de Birmania. (I)