El centro de Guayaquil está resurgiendo. Sus atractivos turísticos ya no se concentran exclusivamente en los malecones o el cerro Santa Ana; su gastronomía y los sabores autóctonos están seduciendo a residentes de la zona, vecinos de otros sectores y a turistas de otras ciudades y países. La calle Panamá, área turística de moda en la ciudad, alberga nuevos restaurantes con propuestas deliciosas y refrescantes, donde pasar un buen momento es parte de la experiencia.

Si bien la mayoría de establecimientos asentados en el sector mantiene su atención al público hasta las 16:00, aproximadamente, en la esquina de Luzarraga y Rocafuerte (sobre el lado de la zona rosa) un nuevo espacio está convirtiéndose en el punto de encuentro favorito para unos drinks, en medio de la soleada Perla del Pacífico. Nicanor Casa de Bebidas es un bar de cocteles que tiene a tres mentes maestras juntas. Miguel Ponce, Andrés Damerval y José Fernando Pérez son los anfitriones de miércoles a domingo de este emprendimiento ideado para los amantes de la buena gastronomía, bebidas y la infaltable sobremesa.

“Este es un lugar para que todos los que vivan o visiten Guayaquil tengan la experiencia de un verdadero bar, en el que puedes disfrutar más de 35 cocteles distintos, con licores y combinaciones únicas, acompañados de una carta de platillos que han sido pensados todos para acompañar las bebidas. Todos los platos han sido creados para potenciar todas las preparaciones de la barra”, explica Ponche, chef profesional, quien fuera parte de la cadena Oro Verde.

El nombre del local es un homenaje a Nicanor, bisabuelo de Damerval, un hombre conocido por la calidez con la que recibía en casa y compartía con su familia y amigos. “Él era una persona que disfrutaba mucho de los buenos licores, de los banquetes y, sobre todo, de la hospitalidad. Esa imagen queremos replicarla en este lugar: un espacio donde se pueda disfrutar de lo mejor que podamos ofrecer, con lo mejor de la hospitalidad guayaquileña”, agrega.

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Miguel Ponce (i), Andrés Damerval y José Fernando Pérez, las mentes detrás de Nicanor Casa de Bebidas. Foto cortesía

Nicanor tiene tres cartas. La primera, presentada como “La hora del aperitivo”, con cuatro variedades de Negronis y otras seis variedades de cocteles que hacen posible mezclas de ron con agua de coco, gin con vermouth seco y jerez, campari con cinzano rosso. “Cocteles para la patria”, en cambio, es atractiva desde los nombres de cada bebida; es así que se encuentran con Turbo biela, Piñas a Milagro, cañita sour, sangría Nicanor, río abajo, el morro, cambalache mule o playa bruja. En esta también hay opciones más clásicas, como Mai Tai, espresso martini, mulata daiquiri, pisco punch, Manhattan en las rocas, así como vinos (blanco, rosado, tinto, blend, espumantes), cervezas nacionales, cervezas sin alcohol y bebidas soft.

“Nuestra intención es tener un crecimiento sostenido y progresivo para mantener a un equipo completamente sólido”, indica Ponce. Nicanor tiene además tres ambientes: barra, mezanine y vereda, este último con mesas apostadas en el exterior.

“Nicanor como tal yo lo considero un epicentro gastronómico, desde la bebida, de Guayaquil hacia el mundo. Nuestro eje conceptual es glocal (globalizados con énfasis en el producto local), manteniendo un contacto permanente con nuestras raíces, exaltando los ingredientes de nuestra tierra como factor principal”, afirma Miguel Ponce.

Comida para el alma

Ponce detalla que el menú se ha desarrollado con la premisa de ofrecer acompañantes o complementos de cada bebida de la casa.

En plena tarde, al salir de la oficina o por la noche entre amigos, puede disfrutar de las olivas de Nicanor (aliñadas con chile seco, piel de cítricos, ajo confitado y vermouth rosso), foie gras a la plancha (crostini con cacao y tonkatsu de Jamaica, nibs garrapiñados y cristales de sal), burrata (balsámico de cacao arriba, mandarinas asadas, albahaca, semillas picantes de zapallo acompañado de pan de masa madre), tartar de atún del Pacífico, vegan XXX (seitán en aderezo de curri de la casa, juliana de col y nueces spicy acarameladas), pulled cerdito (con teriyaki de higos y panela, pepinillos y almendras tostadas con cilantro), cascol hot chicken (con especias y a la plancha, ají, maní quebrado y togarashi).

Damerval, otro de los socios, es también el responsable de la barra. Viajó a Buenos Aires para estudiar música y, entre esta primera misión, se convirtió además en bartender. “Me gradué de productor musical y de pasatiempo, me metí en un bar de unos amigos, me gustó y comencé a estudiar, y me formé, viajé, estuve en Estados Unidos, estudié”, comenta el también nieto del periodista francés Bernard Fougères.

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Para él, el coctel río abajo resume, en parte, el espíritu de Nicanor. Esta bebida es preparada con Absolut vodka, cacao, tropical mix, canela y coco. “La carta de bebidas la venía pensando desde hace mucho tiempo, pero la fui desarrollando entre tres a cuatro meses. Nos fuimos los tres de viaje, a recorrer las haciendas, a distintas ciudades; fuimos recolectando sabores. Después de ir a varios sitios encontramos los precisos para tenerlos en la carta”, dice sobre su propuesta, que prevén renovarla dos veces al año.

La burrata es uno de los platos que se sirven en Nicanor. FOTO CORTESÍA


La atención al público es de miércoles a domingo. A las 13:00 (miércoles, jueves y viernes) y a las 12:00 (sábado y domingo).

*Recomendación extra: no se vaya sin probar la mantequilla de cacao. (I)