El Coliseo Voltaire Paladines Polo fue parte de algo más allá que un simple concierto del artista del momento, el último sábado. Hubo hijos que junto con sus padres vieron al argentino cuyo nombre completo es Camilo Joaquín Villarruel. Milo, para sus amigos. Para sus seguidores, Milo J. Este joven de diecinueve años que aún se muestra un tanto tímido en el escenario, hasta que levanta la voz y libera todo su espíritu para conectar con los asistentes.

Un recinto repleto cantó de inicio a fin todas las canciones del repertorio de Milo J, incluyendo las de su más reciente álbum ‘La Vida Era Más Corta’, cuya gira lo trajo con tres fechas por nuestro país, siendo la última en la urbe porteña.

Juanjo: Milo J en Guayaquil y cómo innovar sin olvidar las raíces Foto: Katty Hidalgo

“Milo Presidente”, gritaba la gente de manera impávida y enardecida. Asimismo, esta gente coreaba melodías con versos como: “Amor, no llores. Veo luz en tus males siguiéndote el corazón bailando en un canto de zorsales” y otras muchas que de seguro no comprende del todo, pero que le emocionó hasta llorar.

Los percusionistas marcaban la pauta para que nadie deje de aplaudir. Las cuerdas, en su labor, llevaban a todos a rugir de principio a fin. De eso se trata. Hay que escuchar música que nos haga sentir libres de mente y alma, que nos arrulle en momentos tristes y luego nos lleve a perder la calma. Porque no solo se escuchó folclor argentino, bombos legüeros y guitarras acústicas; la juventud de este artista le ha permitido conectar con sus raíces para darle una nueva identidad al sonido tradicional de su país, sí, pero eso no lo ha eximido de jugar con el rap y el hip hop contestario de las más frescas generaciones.

Ver a Milo J mover a un público tan exigente como el de Guayaquil fue algo mágico. De esos momentos que al crítico le recuerdan porqué se dedica a esto.

Estar en presencia de un niño llorando junto a sus padres por la emoción de ver a su ídolo es una experiencia enriquecedora que recomiendo no saltarse. (O)