Las redes sociales han desatado de nuevo una tendencia temporal; sin embargo, esta ha tenido buena acogida ya que pide recordar lo ocurrido hace una década mediante fotos, videos y, en este caso, música nacional independiente.
Había mucho sonando en el panorama. En Guayaquil había bandas emergentes, como Cometa Sucre y El General Villamil, que emprendieron la rigurosa tarea de asentarse ante un siempre difícil público local, mientras que la capital expandía su llamada escena indie con sonidos como los de Da Pawn o La Máquina Camaleón, quienes en años anteriores lograron reconocimiento.
Ante esto, además de los artistas brevemente mencionados, tenemos cinco álbumes del 2016 que marcaron el sonido de ese calendario.
Amuleto, de Ricardo Pita
En pleno inicio del 2026, en el marco del lanzamiento de su nuevo disco, La tierra en el alma, este cantautor guayaquileño se embarcó en una gira por Chile que está rindiendo frutos y abriendo caminos, mismos caminos que hace una década transitaba en la grabación de su segundo álbum como solista. Este trabajo de estudio cuenta con canciones inolvidables, como El ciclo, Las cenizas y Viento eterno.
Una extensa gira por el país ayudó a que la música de Pita tenga mayor reconocimiento y a que Amuleto sea considerado una verdadera joya.
La madre tirana, de La Madre Tirana
El cuencano José Orellana se despedía de su banda Jodamassa y a la vez le daba la bienvenida a este nuevo proyecto que redefinió el sonido del rock en Cuenca. Sofisticado, matizado y con emotividad, así sonaba el debut de una agrupación que no ha parado de producir música desde ese momento, hasta ahora.
Alferecía (rock n roll), El cuadro y Midas se convirtieron en himnos para un público que ansiaba escuchar música nueva.
Blasfemia, de Guanaco
El rapero ambateño lanzaba su cuarto álbum de manera muy especial, apegado a lo conceptual, contando una historia que estaba relatada entre cada canción. Además, eligió tener actores en escena, algo que impactó a muchos en el momento de su presentación.
Blasfemia nos introdujo a un Guanaco vulnerable y sensible que no tuvo miedo a mostrar sus orígenes, sino que más bien decidió rendirles homenaje con temas como Canción para Juan, Silencio y Soledad, que contó con la participación del inolvidable Roberto Calero.
En 2025, la revista Rolling Stone lo nombró como uno de los artistas que “la estaban rompiendo”, y eso no puede estar más cerca de la realidad.
El cielo, de Lolabúm
Liderados por un joven Pedro Bonfim, Lolabúm generó revuelo al tener canciones pegajosas e histriónicas que causaban empatía con una generación de oyentes que buscaba algo más fresco y entretenido.
Gracias a éxitos como Crystal, Guayaquil Tyci y Ventanas, los capitalinos lograron emprender un viaje sin retorno que los llevó a estelarizar festivales locales y formar parte de carteles internacionales, como el Estéreo Pícnic, de Colombia, país en el que también hallaron cabida y una buena comunidad de seguidores.
Somos, de Swing Original Monks
En aquella época, hubo mucha expectativa por este trabajo. Los “monjes del swing original” estaban tocando en distintos lugares del mundo y, gracias a su internacionalización, lograron trabajar con Eduardo Cabra, el reconocido Visitante, de Calle 13. Él produjo este disco que influenció a muchos artistas a buscar algo más que lo que ya tenían.
San Antonio, Grita pregonero, Caminito y más. Somos estuvo repleto de hits que aún continúan siendo parte de la banda sonora de aquellos ecuatorianos que eligen algo diferente a lo que el tradicionalismo propone.
Hace diez años sonaba excelente música en Ecuador. Sin lugar a dudas, eso se mantiene. (O)











