La vida parece idílica para Ivy (Olivia Colman) y Theo (Benedict Cumberbatch): carreras exitosas, un matrimonio amoroso, hijos ejemplares y una vida próspera. Pero detrás de esa postal de perfección, algo se resquebraja.
En Los Roses, película que llegó a los cines ecuatorianos este jueves 28 de agosto, el director Jay Roach ofrece una reinterpretación mordaz y emocionalmente intensa del clásico de 1989 La guerra de los Roses, basada en la novela de Warren Adler.
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Esta nueva versión pone el foco en las complejidades de las relaciones modernas y las dinámicas familiares contemporáneas. Cuando la carrera de Theo como arquitecto colapsa, literalmente, tras el derrumbe de su edificio estrella, y la ambición culinaria de Ivy despega de forma inesperada, se desencadena una feroz guerra doméstica, donde el amor da paso al resentimiento y la competencia.
Con un guion afilado del nominado al Óscar Tony McNamara, el filme equilibra humor negro, sátira y drama con una precisión quirúrgica. La historia se enriquece con las actuaciones de un elenco estelar que incluye a Andy Samberg, Allison Janney, Belinda Bromilow, Ncuti Gatwa, Sunita Mani, Zoë Chao, Jamie Demetriou y Kate McKinnon.
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“La película explora cómo el lenguaje del amor puede transformarse en arma, cómo la broma se convierte en ataque frontal sin que nos demos cuenta”, explica Roach. A lo largo de la trama vemos cómo una pareja que parecía tenerlo todo se pierde en el abismo de sus propias frustraciones y presiones externas.
Colman y Cumberbatch brillan con una química tan dolorosamente real como hilarante. “Es un guion que te hace reír a carcajadas, lleno de comportamientos reprobables, pero profundamente identificable”, destaca Cumberbatch. Por su parte, Colman lo describe como “seco, anárquico y emocionalmente demoledor”.
El relato comienza con una historia de amor embriagadora, marcada por el encuentro entre un exitoso arquitecto y una prometedora chef en Londres. Tras casarse y tener hijos, se mudan a San Francisco en busca de un nuevo comienzo. Pero la tragedia golpea el mismo día en que Theo presenta su museo náutico e Ivy inaugura su restaurante de mariscos, We’ve Got Crabs. Mientras él cae en desgracia, ella se convierte en la nueva estrella de la cocina.
Más allá del caos y la comedia, Roach asegura que la película es una tragedia moderna: “Una tragedia casi shakespeariana”. Y con el trasfondo de su propia experiencia personal (33 años de matrimonio), añade un nivel de autenticidad emocional que potencia la historia.
Los Roses no solo reinterpreta un clásico, sino que se atreve a plantear una pregunta fundamental sobre el amor contemporáneo: ¿es posible sobrevivir al éxito, al fracaso y a la presión de tenerlo todo? La respuesta no es sencilla, pero la película invita a explorarla entre carcajadas, lágrimas y un espejo incómodo pero necesario. (E)