“Las copas Libertadores y Sudamericana se han convertido en torneos binacionales entre Brasil y Argentina. Los demás están totalmente fuera de la pelea”, dice desencantado Ricardo Rozo, ingeniero colombiano, excelente analista del fútbol. “Habituales animadores como Uruguay y Colombia han desaparecido. Perú y Venezuela no existen. A Bolivia y Chile les da para una o dos rondas más. Solo en Ecuador ha habido evolución”.

Ricardo enciende la mecha en un grupo de WhatsApp en el que habitan periodistas y analistas. Y le asiste gran parte de razón. En Libertadores, después del título obtenido por Nacional de Medellín en 2016, hubo nueve ediciones, ocho ganadas por clubes brasileños y una por River (Argentina). Aunque los clubes gauchos, al menos, alcanzaron otros cuatro subcampeonatos. O llegan a semifinales. Esto hizo que Brasil iguale ahora a Argentina con 25 títulos cada uno. Nadie de otro país llegó a la final. En Copa Sudamericana, en el mismo lapso, los argentinos conquistaron 4, ecuatorianos 3 y brasileños 2 para cobrar el suculento premio.

El panorama es nítido: brasileños y argentinos han monopolizado la pelea grande; Ecuador se ubica como un muy ponderable tercero, lejos de los de arriba, pero distante también de quienes lo siguen; Colombia, Uruguay, Paraguay, Chile, antaño animadores fuertes, no se arriman, ni siquiera arman equipos para dar pelea. Como que clasifican y ya, para cobrar el suculento premio. Y si avanzan un par de rondas, maravilloso, ¿para qué más…?

Los clubes argentinos, al menos Boca y River, no es que sean menesterosos: ingresan fortunas. River tiene 365.000 socios que pagan entre 45 y 55 dólares de cuota mensual y juega todos los partidos de local con 85.000 asistentes fijos. Eso, más una docena de otras entradas por televisión, estacionamiento, museo, concesiones, publicidad, mercadeo, premios de los torneos, venta de jugadores (solo Mastantuono le hizo ingresar 51 millones de dólares libres). Boca, menos que eso, pero también factura muy alto. Pasa que han fichado mal en los últimos años (lo más relevante del fútbol: saber comprar) y se equivocaron con los técnicos. Pero les sobra presupuesto para intentar ganar de nuevo la Libertadores. Y van a seguir intentando con mucho afán. Es su prioridad absoluta: ganar la Copa.

Electrocables Barraza

Hay una realidad de dos caras: 1) la Champions League se ha tornado un torneo espectacular y está completamente universalizado; 2) en Sudamérica los únicos competitivos son brasileños y argentinos. Entre ambos factores la Libertadores perdió atractivo. También hay sobreoferta de partidos, que satura al espectador.

“Creo que la mayoría hemos caído en ese lugar común de repetir que los torneos de Conmebol son exclusivos de Brasil y Argentina, por su poderío económico y futbolístico, pero la pregunta es: ¿qué hacen los demás países para acercarse?”, cuestiona Javier Minniti, venezolano, gerente deportivo de Boston River, de Uruguay. Y se responde: “El resto de los países no tenemos un fútbol pobre; tenemos pobres dirigentes”.

Todavía quedan algunos que piensan que es una cuestión de cupos. “Tienen demasiados equipos. Así es fácil”. ¿Qué pasaría si le diéramos seis cupos a Venezuela, Perú, Bolivia, Chile, Colombia, Uruguay y solo dos a Brasil y Argentina…? Sería un absurdo e igual no ganarían. No es cuestión de lugares sino de poderío y ambición, de querer llegar arriba a coronar. “Esa la he escuchado. Si el año pasado Flamengo hubiese sido el único brasileño en la Libertadores, quedaba campeón igual; lo que hubiera cambiado era el finalista. En lugar de Palmeiras, otro”, interviene de nuevo Minniti.

Y hay un punto más: la televisión. Lo explica el propio Javier Minniti: “Yo que estoy en la acera de enfrente (gerencia Boston River, que ya jugó en Libertadores y Sudamericana) lo reconozco: cobramos la plata que cobramos porque hay 20 brasileños y 20 argentinos en las copas; si no, regresaríamos a los años 80 y 90, con dos equipos por país y todos pobres porque la TV solo compraría los partidos de equipos brasileños, argentinos y la final”. Efectivamente, los demás no interesan a las grandes cadenas. Los televisan porque se vende el paquete completo.

“Lo que vemos en Sudamérica es lo que ya viene ocurriendo hace treinta años en Europa. Equipos holandeses, escoceses, portugueses o belgas ya no pelean por el título y ni llegan a instancias finales. El dinero manda”, interviene José Luis Pierrend, estadígrafo y analista peruano radicado en Estados Unidos.

Responde Minniti: “Pero en Europa manda la conciencia, porque yo si soy un equipo escocés con un presupuesto equis no voy a hipotecar mi club contratando figuras para ganar la Champions. Competiré con mi modelo: asegurar ingresos, crecer como club, formar mejor, etc. En Boston River no pondremos en peligro el club por tratar de ganar una Libertadores. No haríamos algo económicamente inviable”.

Electrocables Barraza

Se agrega al debate Edgardo Broner, prestigioso periodista argentino-venezolano. “El gran contraste entre Europa y Sudamérica se evidencia con PSG-Bayern Munich, pero allá hay cientos de partidos horribles y también violencia, aunque más medida. Y corrupción dirigencial, pero más disimulada porque tiene sanciones fuertes, pese a las complicidades de siempre”.

“No estoy de acuerdo. El contraste no es PSG- Bayern. Es el nivel general”, replica Ricardo Rozo. Y lo argumenta: “El problema no es que Brasil y Argentina sean los eternos favoritos; es que los demás no son competitivos. En el caso colombiano, puede que, de los seis equipos en copas, solo el Tolima avance a segunda ronda y eso porque tiene un grupo asequible. Nacional y Peñarol también afuera. No se les pide que lleguen a la final, que empeñen el club para ganar la copa, solo que sean dignos rivales, que planteen un partido de igual a igual, pero no les da ni para dos rondas. En Europa, los llamados a ganar vienen de los mismos países, pero puedes ver un Benfica, a los italianos, y prácticamente a un equipo de unos diez países hacer partidos dignos de competencia. Este año fue un noruego, el Bodo/Glimt”.

La Conmebol cedió la explotación de los derechos comerciales de sus competiciones de clubes a FC Diez Media, un brazo de IMG (International Management Group), gigante mundial de la representación deportiva. Esto reportó mucho dinero y los clubes, los 47 de la Libertadores y los 44 de la Sudamericana, reciben una jugosa recompensa solo por entrar. La idea original era que esas retribuciones millonarias les permitieran reforzarse y competir en alto nivel. Pero ha tenido un efecto contrario: salvo argentinos y brasileños, los demás parecen conformarse con ese premio inicial que les permite financiar todo el año a nivel nacional. Y la pelea por el título la dejan para los dos grandes. Esto lo hacen, sobre todo, los clubes que son sociedades anónimas, o sea, colombianos, chilenos, varios venezolanos y algunos otros. Retiran ganancias y siguen compitiendo sin ambición de triunfo.

Electrocables Barraza

Vuelve Ricardo Rozo: “No se necesita empeñar el club para ser competitivo y presentar equipos que puedan disputar partidos parejos. Se necesitan procesos serios y con un horizonte de tiempo razonable para trabajar. Los ecuatorianos lo han demostrado. El Once Caldas llegó a ganarla con un proceso bien llevado de un lustro. Y tampoco precisaba ganarla para demostrar que poseía un equipo competitivo”.

En apenas cuatro jornadas ha quedado claro, una vez más, que las copas volverán a quedar en manos brasileñas o argentinas. El resto va de partenaire. Lástima. (O)