Adoro la Copa América, sus historias y personajes, las estadísticas, las predicciones, las fotos antiguas. He visto catorce in situ y otras por televisión, ya estoy mentalmente en zona de campeonato, ansioso por ver esta edición que arranca en horas. La Copa es uno de los orgullos cumbre del fútbol sudamericano en tanto es la competencia continental más antigua del mundo. Y es nuestra. Ya está, llegó. Esta noche levantarán el telón y Argentina y Canadá (debutante) aparecerán ante 71.000 personas en Atlanta, Georgia. Y toda América estará pegada a las pantallas. Nunca la vieja Copa había adquirido dimensión tan planetaria.

Dieciséis selecciones, el campeón del mundo presente con Messi, Brasil con sus cinco estrellas, Uruguay y su increíble historia, Colombia y su anhelo de ganar un título consagratorio, Estados Unidos queriendo demostrar por qué es el 11.° del mundo, México que será local en todos sus encuentros, Chile intentando volver a la huella que marcó la Generación Dorada, Ecuador buscando por fin un podio en esta competencia…

La disputa en paralelo con la Eurocopa le pone la vara bien alta, sin embargo, pronosticamos una competencia triple A: atractiva, atrapante, apasionante. De grado mundialista. Hay mucha evolución en el juego. Si hace 60 años hubiesen podido jugar un partido Rumania y Ucrania no les habría agradado ni a los que estuvieran jugando. El del lunes pasado resultó un espectáculo hermoso, con técnica, intensidad, velocidad, ambición, sentido ofensivo y goles magníficos. Sí, ya sabemos, “los campos ahora son espléndidos, la pelota es de otro material, la preparación, la alimentación…”. Lo que quieran, pero los encuentros tienen una vibración y emotividad notables. Y todos han crecido como medio.

“Esta Copa América será la más competitiva de la historia -pronostica Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol-. Si alguien me pregunta qué selección es la favorita, no podría decir cuál porque será una Copa sumamente competitiva. Esperen partidos de altísima tensión”, se ufanó. Pensamos ídem.

Hay dos elementos que llevan el análisis a esa conclusión: 1) la mejora general del juego (la Eurocopa así lo demuestra); todos han subido el nivel técnico, de intensidad y ya no existe el fútbol ultradefensivo de otras épocas, hoy todos van adelante, con lo que tengan. 2) Una serie de factores concurrentes: a) los dieciséis equipos acuden con lo máximo que tienen porque entienden que da un inmenso prestigio ganarla, como nunca, se la toma con total seriedad; b) los jugadores se anotan para venir desde Europa, no como antaño que muchos esquivaban el convite; c) ningún entrenador mira la Copa como tubo de ensayo para la eliminatoria, como hace décadas, la Copa reviste un interés propio; d) la incorporación de los equipos de Centroamérica y del Norte le dan un aire a Mundialito; e) que se realice en Estados Unidos le otorga un carácter neutral, no habrá ventaja para un local tipo Argentina, Uruguay, Brasil; esto da posibilidades a otros.

“Es una muy linda competencia. A diferencia de otras Copa América, hay varias selecciones por fuera de Argentina y de Brasil que vienen muy bien, con mucho potencial y dispuestos a pelear el título, como Colombia y Uruguay, así que me parece que va a estar buena”, considera Gerardo Martino, quien dirigió a Paraguay y Argentina en ediciones anteriores.

¿Por qué en el país del norte…? Un día, hace ya treinta años, los amistosos de nuestras selecciones comenzaron a jugarse en Estados Unidos. Era negocio, hay mucho latino deseoso de ver a la selección de su país. Los dirigentes (piensan ellos) no deben desgastarse organizando en casa, pagan más en EE. UU. y se regalan un paseo de una semana. Ahora el 95 % de los juegos entre selecciones latinoamericanas tiene lugar en suelo norteamericano. La Copa América también viajó una vez -experimentalmente- en 2016, esta será la segunda. Puede que se haga costumbre, el dinero que se genera en Nueva York, Miami, Houston, Las Vegas, San Francisco, jamás se embolsaría en ningún país sudamericano. No importa si hay clima de copa o si el ciudadano gringo no sabe que se juega semejante torneo en su casa. Es una satisfacción que la vieja competición se dispute en un lugar que es epicentro mundial, y que la misma Concacaf le dé más trascendencia que a su propio torneo (la Copa Oro). Pero en adelante va a ser difícil sacarla de Estados Unidos y devolverla a América del Sur. Hay un abismo económico entre ambos. Y otra realidad: ¿qué naciones sudamericanas están en posición de montar un evento con esta envergadura…?

Argentina comparte un grupo interesante con Chile, Perú y el debutante Canadá. A México y Ecuador les tocó un bloque agradable con Venezuela y Jamaica. Uruguay, el gran cuco de esta Copa, no debería tener problemas con Estados Unidos, Bolivia y Panamá. En tanto, Brasil y Colombia lucharán por el primer lugar ante Paraguay y Costa Rica. Si gana su grupo, Argentina tiene, a priori, una ruta más accesible para llegar a la final que Brasil, Uruguay y Colombia, que deberían cruzarse entre sí.

La Albiceleste de Lionel Scaloni sale al ruedo a defender su corona y coquetea con el favoritismo. Paga 2,75 dólares si retiene el título. Brasil está ahí nomás en las preferencias: 3,25. Uruguay devuelve 6 dólares por cada uno apostado, México 12 y Colombia 13. Los demás, lejos.

Vuelve el Tata Martino: “Argentina jugará con la tranquilidad de lo conseguido. Haber cumplido con el objetivo de ser campeón del mundo libera a los futbolistas y se empieza a ver en su mejor expresión… Y tanto Messi como toda la selección tienen una postura, sea amistoso u oficial, que la verdad es de un equipo que te cuesta pensar cómo van a perder un partido”.

¿Y Canadá…? Se estrena con Jesse Marsch en el banco, un técnico que estuvo en Austria, Alemania y en la Premier League, donde salvó al Leeds del descenso en la última fecha de 2022. El equipo de la hoja de arce, pese a perder, tuvo una actuación notable ante Bélgica en el Mundial de Qatar. Y hace apenas unos días empató a cero con Francia en Burdeos. Tiene mayormente un biotipo afro, con alto poder físico. Y a Alphonso Davies, una motosierra, un arado. Veremos si le alcanza para jugar ante un equipo virtuosísimo en circular el balón. Si va ganando es muy difícil quitarle la pelota a Argentina. La empieza a circular y el rival se desgasta corriendo sin tocarla. Encima, mantiene muy seguido su arco en cero, su defensa es un muro.


Su otra grandísima virtud se llama Lionel Messi. Todos pensamos que Qatar 2022 era su despedida de la selección, pero año y medio después sigue deleitando y jugará su séptima Copa América. Tanto en el Inter Miami como en los partidos preparatorios mostró un nivel fantástico. Cerebralmente está dos o tres escalones arriba de cualquier otro futbolista. Él tiene el mapa de la cancha en la cabeza; nosotros, la suerte de ser sus contemporáneos. (D)