Ha pasado medio siglo de la noche triunfal de Barcelona ante el multilaureado Estudiantes de La Plata, en el estadio Jorge Luis Hirsch, pero en el mundo siguen escribiéndose emotivas notas que destacan el asombro de la victoria y la anecdótica circunstancia del gol logrado por un sacerdote vasco que cambiaba la sotana negra por una camiseta oro y grana.

El jueves último lo hizo el diario español Mundo Deportivo, cuya edición impresa supera el medio millón de ejemplares, más millones de lectores en la edición digital. ‘La noche que Bazurko tocó el cielo’, se titula el estupendo artículo que firma el periodista Carles Vila en el rotativo catalán. No nacía el redactor cuando Barcelona derribó a domicilio a un gigante y el párroco de San Camilo eludía al tosco defensa central Ramón Aguirre Suárez para colocar el balón en un sitio imposible ante el inútil bloqueo del Bambi Flores, arquero platense.

Vila Rovira escribe en Mundo Deportivo desde 2001 y es descrito como un “periodista inquieto, (…) creador y redactor de la web Historias de Outsiders, donde se cuentan sucesos de deportistas que han roto los esquemas yendo a contracorriente. Para siempre”. Cincuenta años después el periodista recrea el hecho con admiración, deslumbramiento y fascinación. Con gran sensibilidad EL UNIVERSO reprodujo el artículo. ¿Hay en el fútbol nuestro un acontecimiento que haya logrado o consiga algún día atravesar medio siglo y provocar el deslumbramiento que revela el redactor de Mundo Deportivo? ¿Algún grito perdurará en la memoria más que aquel de Arístides Castro en Atalaya: “¡Benditos sean los botines del cura Bazurko!”. La historia ya ha puesto en su sitio la hazaña de La Plata y con el paso de los años sabremos si ocurrirá algo igual.

Foto: Archivo

¿Fuimos los guayaquileños los que bautizamos como hazaña la victoria del 29 de abril de 1971 en un alarde de exageración y tropicalismo? Ese ha sido un argumento usado por los enemigos de la historia y de los logros de los equipos de esta ciudad. Y también de algunos personajes porteños de ocasionales incursiones en los medios. Uno de ellos llegó a sostener que otra victoria de hace poco ante el mismo Estudiantes de La Plata, en fase de grupos, con un equipo argentino en el que jugaba hasta el presidente del club —y no sé si algún conserje— era más trascendente que la de 1971. Hay que apelar a un sentimiento piadoso para ser indulgente con el autor de ese disparate.

Hazaña, para argentinos

Los primeros en adjudicar el adjetivo hazaña al triunfo fueron los argentinos. El periódico bonaerense La Razón, en su sección deportiva del día siguiente al partido, bajo el título de ‘Gran Euforia en el Vestuario de los Ecuatorianos y Abatimiento Platense’, con una foto del recordado colega y amigo Arístides Castro entrevistando a Bazurko, decía: “Una euforia desbordante presentó el vestuario de Barcelona a la finalización del partido. Y no era para menos, habían conquistado una verdadera hazaña deportiva al no solamente superar a Estudiantes, sino al quitarle su condición de invicto en su propio campo de juego”.

El Diccionario de la Real Academia Española de la lengua define la palabra hazaña así: ‘Acción o hecho, y especialmente hecho ilustre, señalado y heroico’. ¿Por qué fue heroico el triunfo en La Plata del 29 de abril de 1971? Estudiantes de La Plata había sido fundado en 1905 en un elegante local, y siete años después ya tenía su propio estadio. Ganó su primer título en 1913 y ese mismo año se adjudicó la Copa del Río de la Plata al vencer a River de Montevideo. Barcelona se fundó recién en 1925 y no fue en un sitio lujoso, sino en una esquina del barrio del Astillero. Un año después llegó a primera categoría. Estudiantes ostentaba en su palmarés tres Libertadores consecutivas y una Intercontinental ganada en 1968, ante el Manchester United de George Best y Bobby Charlton.

Estudiantes había alcanzado una consagración épica y única que jamás fue igualada: ser campeón del mundo y dar la vuelta olímpica en suelo inglés. Tenía en su plantel a jugadores que habían ganado fama universal más por sus triquiñuelas y su rudeza que por un fútbol exquisito.

El ‘dream team’ canario

Barcelona había armado desde 1970 una gran plantilla, con Luis Alayón y Jorge Phoyú en el arco; Alfonso Quijano, Vicente Lecaro, Édison Saldivia, Héctor Menéndez, Gerardo Reinoso y Luciano Macías como zagueros; Walter Cárdenas, Gerson Texeira, Juan Noriega, Jorge Bolaños y Miguel Coronel, volantes; y Pedro Álvarez, Juan Madruñero, Washington Muñoz, Nelsinho, Handerson Hurtado y Kléber Ordóñez como delanteros. En 1971, Galo Roggiero y Aquiles Álvarez Lértora dieron un golpe maestro: ficharon a Alberto Spencer, al sacerdote español Juan Manuel Bazurko y al brasileño Pepe Paes. Dos ídolos, Lecaro y Macías, anunciaron su retiro para enero de ese año, pero aceptaron luego hacerlo después de la Copa.

Equipo de Barcelona SC campeón del fútbol nacional, en 1970.

En la Libertadores de 1971 Barcelona se convirtió en el primer equipo ecuatoriano en llegar a semifinales en dura disputa con Emelec. Debía enfrentar al campeón reinante, Estudiantes de La Plata, y a Unión Española de Chile. Cayó como dueño de casa por 1-0, víctima del antifútbol platense que no alcanzó a descifrar. A la soberbia de un sector del periodismo argentino se unió una postura discriminadora: Barcelona era un equipo al que Estudiantes debía golear en La Plata. La edición de El Gráfico del 27 de abril de 1971 contenía una nota firmada por Oswaldo Ardizzone, titulada ‘Lo que canta Estudiantes…! Mozo, traiga otra Copa!’. En ella el periodista argentino decía, entre otras cosas: “De acuerdo. Por ahí Barcelona es un equipo de tercera categoría donde el maestro Spencer está jugando la última parada de su gran carrera goleadora”. La derrota de Estudiantes se atragantó en el gaznate de los periodistas del diario platense El Día, quienes siguieron calificando con desprecio a Barcelona.

El gol más memorable

La hazaña de La Plata fue celebrada en muchos países del mundo. Periodistas como Diego Lucero y Jorge Barraza (Argentina); Mariano Jesús Camacho, Juan Ariza, Eduardo Rodrigálvarez, Benat Zarrabeitía y Carles Vila (España); Bruno Bonsanti y Marco Maioli (Italia); Alfredo Coronis (Venezuela); y los nacionales Ricardo Chacón, Guillermo Valencia León, Alberto Sánchez, Mauro Velásquez, Mario Canessa, Antonio Romero, entre muchos otros, han dedicado sus letras a una conquista que es la única en nuestra historia que rebasó fronteras y océanos y sigue entusiasmando pese a los 18.266 días que han transcurrido desde que Bolaños habilitó a Spencer y este dio el pase de primera para que Bazurko produjera el más memorable de los goles de la Copa Libertadores.

En medio del confinamiento por la pandemia del coronavirus me dediqué a escribir la historia de la hazaña de La Plata, que consta en un libro que intentaré publicar cuando vuelva a mi ciudad. Contiene la historia resumida del balompié argentino y nacional y sus enormes distancias; la de Estudiantes y Barcelona, en la que consta la fama del primero y la modestia del nuestro en aquel lejano 1971; la manera como se gestó la proeza y las crónicas de los días anteriores, más 53 artículos escritos en todo el mundo por periodistas de renombre. ¿Verá la luz?. (D)