La noche del 11 de abril anterior, la mayoría del país respiró aliviada. El resultado del proceso electoral supuso –supone aún– el fin de diez años de autoritarismo y depredación económica y moral, más cuatro años de inacción, errores continuos e improvisación en el manejo de los asuntos públicos. En los primeros diez años el deporte sufrió el embate del ansia desorbitada de controlar todas las formas de vida social e institucional, distorsión de la personalidad de los caudillos que Friedrich Nietzsche llamó “Voluntad de poderío” y describió como la ambición del tirano de lograr todos sus deseos, la demostración de fuerza que lo hace presentarse al mundo y estar en el lugar que siente que le corresponde.

Ese lugar, en tiempos de la dictadura, era el del predestinado que debía controlar y dirigir la vida de cada individuo y de las instituciones. Para ello violó la Constitución, dictó leyes a su antojo con el apoyo de una Asamblea Nacional sometida por el temor o la sumisión, metió sus manos en la justicia, asumió de hecho todos los poderes argumentando que el jefe de Estado lo era de todas las instancias públicas y persiguió a los medios críticos y a los periodistas que se atrevieron a desafiarlo.

Aristóteles distinguía tres argucias del tirano: 1) envilecer el alma de los súbditos; 2) sembrar entre ellos la desconfianza; 3) empobrecer a sus súbditos. Todo ello hizo la dictadura correísta. Muestra de aquello, para citar tres ejemplos, fueron la Ley de Comunicación, la Ley de Cultura y la Ley del Deporte. Desde entonces todo giró en el país alrededor de los humores hepáticos del dictador que soñó en los 300 años de la Revolución Ciudadana. El régimen de Lenín Moreno propició un poco de libertad, pero pecó de pasividad y tolerancia ante clamorosos casos de corrupción por enriquecimiento ilícito.

En el deporte, Moreno rebajó la categoría del ministerio sectorial a secretaría bajo el pretexto de “achicar el tamaño del Estado” con el curioso contrasentido de mantener a la exministra y a toda la burocracia nacional y extranjera que invadió la nueva dependencia. ¿Cuánto ahorró el Estado? De lo que conocemos el único ahorro fue desmantelar los Centros de Alto Rendimiento. Mantuvo como secretaria nacional del Deporte a una beneficiaria de la caballada del exministro José Francisco Cevallos, peón de Correa en el trabajo de apoderarse del deporte al amparo de una ley perversa. El gobierno de Lenín, en pecado de lenidad, nunca ordenó investigar la destrucción de las piscinas del Centro Cívico bajo la ‘administración’ de la secretaría.

De la intervención, nada

Tampoco obligó a la funcionaria a revelar el informe de intervención de la Federación Deportiva del Guayas en el periodo de Pierina Correa y sus acompañantes. ¿Qué hallaron los interventores designados por Andrea Sotomayor en una época en que se destruyeron escenarios deportivos y se terminó con la mayoría de los deportes pese a haber recibido una cifra que suponemos rebasó o estuvo cerca de los $ 100 millones? Hasta hoy, a casi un año de terminada la intervención, no se conoce nada.

El presidente electo, Guillermo Lasso Mendoza, depositario de la esperanza de millones de ecuatorianos, deberá enfrentar un periodo crítico por los problemas de un país azotado por la pandemia, por la crisis económica, por la pérdida de valores morales en la sociedad y por la pérdida de la institucionalidad nacida del abuso del correato. Deberá enfrentar una tarea monumental de reconstrucción.

Para muchos, el deporte no es actualmente una prioridad ante este panorama. Sin embargo, en sus declaraciones poselección, Lasso ha anunciado que restablecerá el Ministerio del Deporte. Concordamos con este enunciado. Durante la era dictatorial la idea del ministerio no fracasó, fracasaron los ministros porque en su selección no obraron los méritos, el conocimiento de la administración deportiva, la experiencia y, en algunos casos, la moralidad. Se acudió a cuadros de militancia política de muy escasa intelectualidad, funcionales a la ambición de explotación política del deporte.

Para los más preparados

En esta parte, el presidente electo debe ser muy cuidadoso. Hay personas preparadas, con larga carrera dirigencial, honorables, conocedoras del manejo internacional del deporte y del modo de administrar su desarrollo. Actualmente esto es una ciencia que se imparte en las universidades de casi todo el mundo. No es un cargo para incondicionales; tiene que ver, predominantemente, con la preparación que da el estudio, el haber vivido el deporte y haber aprendido las lecciones que él proporciona.

Una Ley del Deporte que reemplace ese engendro diabólico de aprovechamiento político que es el cuerpo legal del 2010 es fundamental y lo es también vigilar el funcionamiento de los organismos del Sistema Deportivo Nacional donde medran aún residuos del régimen oprobioso de Alianza PAIS. Dirigentes de importantes entidades que fueron impuestos en sus cargos por José Francisco Cevallos aspiran a continuar. Uno de ellos ha hecho una consulta a un prominente organismo internacional buscando la ocasión de reelegirse por tercera vez, algo prohibido por nuestra legislación. Otro personaje, de esa época y de la actual, amenaza con candidatizarse para presidir el más importante cargo de nuestro deporte.

Eliminar burocracia inútil

Recrear el Ministerio del Deporte y colocar en sus organismos de funcionamiento a los más capaces y honestos no es lo único que deberá hacer el nuevo Gobierno; también dotar al deporte de los recursos económicos necesarios para su desarrollo e invertir bien esos recursos. Eliminar la burocracia inútil creada antes y ahora, y administrar bien el programa de Alto Rendimiento sin descuidar el deporte formativo. Que para categorizar a un deportista en los rubros de subvención intervengan los expertos. Cuando un nadador nacional de nivel mundial pidió que lo incluyeran en el programa, la Secretaría del Deporte le envió la solicitud a un empleado extranjero experto en judo. El judoca leyó los resultados oficiales de una competencia en Corea del Sur y el dictamen favorable de la Federación Ecuatoriana de Natación, pero su fallo fue negativo. Un judoca descalificó la calidad técnica de un nadador. Estos casos abundan y exigen una limpieza de ‘kikuyos’ inútiles.

Señor presidente electo, tal vez le digan algunos de sus asesores que el deporte no importa, que hay que dejarlo para otro día. Usted que creció en un sector muy deportivo de nuestro Guayaquil, el barrio Orellana, y sabe del valor que tiene en una sociedad civilizada. Recuérdeles lo que usted aprendió con Eloy Guerrero, Antulo Vera, Guido Fernández, Eduardo Célleri y tantos otros grandes deportistas de su barrio: que la práctica deportiva es fundamental para el desarrollo emocional, que en ella el niño y el joven aprende a respetar reglas, a ser solidario, a controlar la frustración, a ser persistente, a controlar su ego, a mejorar su autoestima, a adoptar responsabilidades y a valorar a sus compañeros y a su entorno.

No son lecciones para usted lo que consta en esta columna, señor presidente electo, son apenas las observaciones y reflexiones de alguien que ha vivido activamente el deporte por 66 años y tiene 57 años en el periodismo profesional. (O)