No todo tiene que ser fútbol. Lo digo porque, de seguro, todos esperan un comentario elogioso sobre la victoria de la Selección sobre Bolivia en el partido jugado el jueves. Dos factores trascendentes tiene este partido. Primero, los puntos obtenidos que afianzan a Ecuador en la aspiración de lograr un cupo a Catar 2022; y luego, volvió la Tricolor a Guayaquil, lo que en el siniestro tiempo del entonces ensalzado Luchito se consideraba un sacrilegio. Hoy que nuestros futbolistas juegan en el llano, en su mayoría, el argumento de la altura perdió relevancia y hasta puede obrar contra el rendimiento óptimo de los seleccionados. Dejemos el fútbol a un lado. Hablaremos de ello tras la triple fecha.

Un dirigente de una de las federaciones ecuatorianas más importantes me transmitió la alarma que existe en nuestro medio deportivo porque, al momento, no se pueden practicar pruebas antidopaje, obligatorias en todo el mundo. Me pareció muy grave, pero más el hecho de que pocos dirigentes quieren hablar del tema. ¿La razón? El temor -infundado o no- de sufrir represalias por la implicancia que en ello tiene el Ministerio del Deporte.

Nos propusimos buscar en el internet algunas pistas y esto es lo que encontramos. El 19 de octubre de 2005, en París, la Conferencia General de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) aprobó la Convención Internacional contra el Dopaje en el Deporte. En marzo del 2007 Ecuador, mediante Decreto Ejecutivo, se adhirió a dicha Convención. Para dar cumplimiento a esta obligación legal, recién el 11 de abril de 2013 se creó la Organización Nacional Antidopaje del Ecuador (Onade), a cuyo cargo iban a estar el control y las pruebas a los atletas del país, mediante la asignación de los recursos económicos suficientes.

La Onade es una organización autónoma, privada, sin fines de lucro, con autonomía técnica, administrativa y financiera, dotada de personería jurídica propia. Está interrelacionada -según el reglamento expedido en junio del 2018- con la Secretaría del Deporte (hoy, Ministerio) en cuanto a la supervisión, evaluación y cumplimiento de las medidas antidopaje que sean exigibles de acuerdo con la reglamentación nacional e internacional vigente. La misión de Onade es ejercer la rectoría exclusiva del control del dopaje en el sistema deportivo ecuatoriano en las fases de prevención, protección, disuasión, sanción y recuperación conforme a las guías y normativas de la Agencia Mundial Antidopaje y el reglamento nacional pertinente.

Debe tenerse en cuenta que los test deben hacerse solo en laboratorios acreditados y autorizados por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por sus siglas en inglés). En Ecuador no existen laboratorios homologados, por lo que las muestras aleatorias o las que ordena la WADA se recogen en el país y se envían al extranjero (Colombia, Canadá o Estados Unidos). Al alto costo de la prueba hay que agregar el pasaje aéreo y estadía del custodio de la muestra. Si el test resulta positivo, los gastos aumentan.

Nos hemos extendido un poco para dar a nuestros lectores las bases suficientes para entender la alarma que en el medio deportivo significa que el Ministerio aparentemente no quiera resolver el problema existente, o lo entregue en manos de burócratas indolentes.

La obligación del Estado adherente de la Convención de París del 2005 es proveer los recursos para mantener un control eficiente que prevenga el uso de drogas para aumentar el rendimiento, las cuales están listadas por la WADA. A esta hora la Onade no tiene recursos por un error cometido por la antigua Secretaría Nacional del Deporte en tiempos en que cumplía esa función Andrea Sotomayor. El desenlace de ese error es el riesgo de que Ecuador sea suspendido internacionalmente. ¿Qué significa esto? Que todos los deportistas nacionales queden al margen de todas las competencias en todos los deportes. No se salva ni el fútbol profesional.

¿Cuál es el error que mantiene en zozobra a dirigentes y deportistas, pero no mueve un pelo a la burocracia ministerial? Se trata de una sola palabra y el obstáculo es de sencilla solución. La asignación de fondos para la Onade debía hacerse al iniciar el 2021 debido a la intensa actividad deportiva nacional, motivada en especial por los Juegos Olímpicos de Tokio. La entonces Secretaría del Deporte se acordó de su obligación de dotar de fondos a la organización recién en mayo pasado. Necesitaba para ello expedir un Acuerdo Ministerial como es lo usual. Lo emitió el 20 de mayo de 2021, pero los asesores legales de esa dependencia cometieron un error crucial: en lugar de poner “Acuerdo” pusieron “Convenio Nro. 0323A”. Allí sí aparecieron los sabios de la burocracia para decir que, al ser un convenio, no generaba ninguna obligación de entregar los fondos que el “convenio” fijaba en $ 100.000, cantidad insuficiente, pero asignación al fin que debía servir para saldar deudas con laboratorios y enviar las muestras para análisis que están pendientes.

El conflicto trascendió rápidamente a la dirigencia deportiva nacional. ¿Qué ha hecho el Mindeportes para solucionarlo? Nada. Los dirigentes acusan a esa dependencia de cruzarse de brazos sin reparar en la urgencia de poner fin al error. El ministro actual, Sebastián Palacios, integra el Comité Ejecutivo de la Onade, junto al presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano, o su delegado; el presidente del Comité Paralímpico Ecuatoriano y el presidente de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador, o su delegado. A excepción del ministro, que pasó el tema a una funcionaria subalterna, no hemos escuchado ninguna opinión de estos dirigentes.

No entregar fondos a la Onade significa romper el compromiso adquirido al adherirse a la Convención Internacional de Lucha contra el Dopaje. Ecuador podría convertirse en un paria internacional, sus deportistas podrían quedar proscritos, el país deportivo sería sancionado con fuertes multas. ¿Quién se responsabiliza por este gris panorama? ¿El ministro? Por supuesto; él es el encargado de subsanar el error de su antecesora. Y debe hacerlo rápidamente. Es indudable que la carrera política en la que está empeñado (ya fue asambleísta) sufriría un duro golpe.

Todo el deporte nacional está pendiente del tema, menos, como es usual, la mayoría del periodismo deportivo que habla hasta la saciedad del triunfo “brillante”, “épico” sobre Bolivia sub-23. Señores, hablemos de fútbol, midamos los elogios, no caigamos en la desmesura, y miremos, aunque sea por breves minutos, temas peligrosos, decisivos, como el de la haraganería burocrática que nos puede marginar de toda competencia deportiva. (O)