Hace unos meses leí una frase del más exitoso técnico del fútbol de los tiempos modernos y uno de los más grandes jugadores de la historia del Barcelona español. Decía Josep Guardiola: “Más allá de la educación que me han dado mis padres, que ha sido muy buena, el deporte también me ha educado. Lo que me ha formado como persona es el deporte. He aprendido a ganar y a celebrarlo con moderación, y también he aprendido la dureza de la derrota”. Con el mismo claro sentido de la importancia que el deporte tiene en el desarrollo de la sociedad, el presidente electo Guillermo Lasso anunció durante la campaña la restitución del Ministerio del Deporte que el régimen de Lenín Moreno devaluó a la condición de Secretaría con el pretexto de reducir el tamaño del Estado.

Fue una de las tantas farsas del gobierno que expirará este 24 de mayo, pues la nueva dependencia cargó con el obeso aparato burocrático del ministerio, incrementado por cálculos políticos. No hubo ningún ahorro, más bien dispendios en viajes, pues la secretaria del Deporte no perdió casi ningún viaje como agregada a las delegaciones internacionales en los certámenes del ciclo olímpico. En uno de ellos, en los XVIII Juegos Bolivarianos en Santa Marta, Colombia, desplazó de su autoridad al presidente del Comité Olímpico, cabeza natural de la delegación nacional, y expulsó del torneo a los ciclistas Richard Carapaz, Jhonatan Narváez y Jonathan Caicedo alegando un hecho que dijo haber presenciado, pero que nunca se probó. Carapaz y sus compañeros triunfaron poco después en el ciclismo profesional mundial.

Imaginamos que en los primeros días de la nueva administración se dictará el decreto ejecutivo restableciendo el ministerio. Su creación fue una idea muy publicitada del correato con apariencia de modernización y progreso, pero que ocultaba el propósito de explotación política consagrado en la ley dictada en el 2010 que desplazó a los voluntarios de larga experiencia directiva y entregó los organismos del deporte a militantes del partido de gobierno.

La mejor señal del cambio que se avecina es la selección para tan alto cargo de un deportista a carta cabal: Sebastián Palacios Muñoz, excampeón nacional de bicicrós y triunfador en certámenes internacionales. No son solo deportivos los méritos del futuro ministro, también es profesional universitario titulado en Finanzas y Relaciones Internacionales. No conozco personalmente al futuro ministro, pero me consta que en su período como asambleísta se propuso terminar con la perversa ley correísta del 2010 que tanto daño ha hecho al deporte. Trabajó intensamente animando a otros asambleístas en la elaboración de un proyecto de nueva ley, pero tropezó con muchas dificultades.

Primero, casi todos los miembros de la comisión de la Salud y el Deporte -podríamos borrar el casi- no tenían la más ligera idea de la materia sobre la que pretendían legislar. Esto hizo que los que manejaban la comisión encargaran la redacción del proyecto a asesores que estaban más perdidos que una gaviota en Bolivia. La redacción, por el lenguaje usado, revela su esencia burocrática (“las” y “los” deportistas). Cuando Palacios pretendió reparar las distorsiones apelando a los dirigentes de los organismos deportivos, se encontró en soledad. Muy pocos respondieron, entre ellos la Federación Ecuatoriana de Tenis que elaboró inteligentes recomendaciones. No cejó en su empeño el futuro ministro. Trató de que el mamarracho seudolegal elaborado fuera recompuesto, desechando incomprensibles distorsiones, pero los neófitos miembros de la comisión y sus ignaros asesores habían tomado la decisión de enviar el proyecto al pleno para su aprobación.

El remedio iba a ser peor que la enfermedad. Afortunadamente todo quedó en nada y hoy se espera que el ministerio trabaje en un bosquejo más acorde con la realidad del deporte moderno, con asesores entendidos y experimentados en legislación deportiva para que se trate en la Asamblea. Le toca a Sebastián Palacios la ardua tarea de desmontar el entramado político fraguado por los residuos de la embestida contra el deporte, obra del exministro José Francisco Cevallos. Una parte importante de las federaciones ecuatorianas y de las federaciones provinciales fueron cooptadas por el correísmo y se han fortalecido en la (des) administración de Andrea Sotomayor, la secretaria del Deporte que dejará el cargo a partir de este 24 de mayo, pero que está convencida de su papel mesiánico y espera presidir del Comité Olímpico Ecuatoriano (“Solo Dios dirá si lo presido”, declaró), cargo que fue honorífico, pero que hoy tiene sueldo de ministro de Estado.

De la Federación Deportiva del Guayas nada se ha podido conocer del desastre técnico y administrativo del período de Pierina Correa Delgado, de la muerte de la mayoría de las ramas deportivas, la destrucción de los escenarios y el atentado al patrimonio federativo al ceder al impulso destructivo del gobierno de la época para permitir la demolición del estadio Ramón Unamuno, del coliseo Abel Jiménez Parra y el gimnasio César Salazar Navas. Bajo el régimen de Rafael Correa y el de Lenín Moreno se produjo la destrucción por negligencia de las piscinas del Centro Cívico, un bien público construido con fondos estatales proporcionados por el Banco Central del Ecuador, que sirvió de escenario durante el Mundial de Natación de 1982.

Por muchos años el banco concesionó su uso a los clubes Bancentral y Emelec. Bajo la administración eficiente y la conducción técnica de Roberto Frydson Caicedo, las piscinas hoy destruidas sirvieron para torneos nacionales e internacionales y la aparición de figuras. ¿Acometerá el nuevo ministro la tarea de impulsar la investigación de las causas de la destrucción de tan importante escenario deportivo urgiendo a Contraloría y Fiscalía a que cumplan con su deber? Los medios de comunicación han denunciado la conducta negligente e irresponsable de quien debía custodiar y mantener la piscina. Imágenes de televisión, fotografías, reportajes de denuncia no han servido hasta hoy para que la Secretaría del Deporte promueva una indagación. ¿Están Contraloría y Fiscalía General protegiendo a alguien o se trata de un caso de desidia, apatía e irresponsabilidad? He aquí una tarea esencial del nuevo ministro que vamos a reclamar sin descanso.

El nuevo ministerio deberá proteger el deporte formativo, el de alto rendimiento, estudiantil, militar, el adaptado, pero no debe olvidar la práctica deportiva de alta edad. El deporte máster no tiene ninguna protección pese a ser incluido en todas las federaciones internacionales. Hoy se realizan torneos mundiales panamericanos, sudamericanos y bolivarianos en casi todos los deportes. En nuestro país las facilidades para la práctica de esta especialidad son escasas y las dificultades múltiples. Suele ocurrir que un guardián de una piscina, por ejemplo, vete el ingreso de un nadador máster porque no le gustó una opinión en las redes sociales.

En la Fedeguayas, durante la presidencia de Pierina Correa, se obligó a los deportistas másteres a pagar elevadas sumas para usar los desvencijados escenarios, a cubrir gastos de energía eléctrica y a obedecer imposiciones autoritarias, so pena de ser vetado para seguir en el deporte. Una resolución que prohíba las trabas para la práctica libre de los deportistas másteres sería vista con agrado por quienes buscan ahorrar gastos del Estado en salud curativa y competir con decisión en busca de lauros nacionales e internacionales. (O)