Eran aquellos tiempos en que las dictaduras militares se habían apoderado de los gobiernos, constituyéndose en poderes de facto, regímenes castrenses que impusieron ese lema que se diseminó por toda América del Sur: “Las sociedades funcionaban por la razón o la fuerza”.

Los golpes militares entre los años 60 y 70 se habían convertido en un acto común y corriente. Estudios señalan que esa ambición por el poder había provocado el surgimiento de una conciencia corporativa entre los altos mandos de los ejércitos, que aprovecharon el debilitamiento de las clases políticas. La mayoría de países, tales como Bolivia, Uruguay, Chile, Perú, Brasil, Argentina y, por supuesto, Ecuador, estuvieron sometidos a estos sistemas autoritarios, que controlaban con mayor o menor grado las instituciones ejecutivas, legislativas y judiciales. Luego de cuatro años de la dictadura del general Guillermo Rodríguez Lara, nuestro país se despertó el 11 de enero de 1976 con que una nueva dictadura iba a gobernarnos, el denominado Consejo Supremo de Gobierno, que se hizo cargo de Ecuador entre 1976 y 1979.

El deporte no estuvo aislado de sus grandes garras. Lo consideraban una especie de ansiolítico popular y lo utilizaban con todo el rigor. Los ejemplos abundan. En Argentina, el general Videla, en su discurso de apertura del Mundial 1978 realizado en ese país, dijo que inauguraba el Mundial de la Paz. Mientras, los que sufrían eran los perseguidos, opositores que terminaban en el fondo del océano. Su influencia en el resultado de los partidos también se conoció luego de unos años, cuando se supo que Videla, acompañado por Kissinger, ingresó al vestuario peruano antes del crucial partido contra Perú, a quienes les recomendó que lo más lógico es que se practique la hermandad latinoamericana. También en Chile se recuerda cuando Carlos Caszely fue perseguido porque en un evento de despedida a la selección que había clasificado al Mundial de Alemania Pinochet no disimuló su molestia con el jugador cuando se hizo el desentendido en el momento del apretón de manos. Las consecuencias llegaron luego. Quien las pagó fue su madre, Olga Garrido, detenida y confinada en un campamento de presos políticos hasta que después de 48 horas apareció. En Brasil se conoce la activa participación del famoso jugador del Corinthians Sócrates, que aprovechaba su popularidad para enviar mensajes utilizando camisetas con leyendas como “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Las persecuciones no pudieron contra la gran influencia que tuvo el fútbol para reclamar libertad al pueblo.

Casos como esos se replicaban permanentemente en esas épocas dictatoriales y Ecuador no fue la excepción. El fútbol ecuatoriano recibió el zarpazo de los dictadores de turno en 1978. El directorio de la Asociación Ecuatoriana de Fútbol (AEF) decidió dar su voto sudamericano por la reelección de Teófilo Salinas, importante dirigente de nacionalidad peruana, contra el otro aspirante, el joven dirigente paraguayo Nicolás Leoz.

Cuando el ministro de Educación y Deportes, el general Fernando Dobronsky, conoció esta decisión, reaccionó inmediatamente, porque no podía concebir que Ecuador apoye la candidatura para presidente de la Conmebol a un peruano. Por esta razón, retuvo a Cesáreo Carrera, que era el presidente de la AEF, y lo trasladó a Quito para recibir personalmente la orden de votar a favor de Leoz.

Carrera regresó a Guayaquil y comentó sobre la imposición. La dirigencia guayaquileña se solidarizó con él y se armó un frente liderado por Jorge Arosemena Gallardo, presidente de la Asoguayas; también comparecieron Carlos Coello, Antonio Andretta Arizaga y Elías Wated, al igual que dirigentes de otras provincias, como Carlos Falquez Batallas, político y dirigente importante de El Oro, quienes sostuvieron firmemente la tesis de que el fútbol ecuatoriano era autónomo y bajo ningún concepto aceptarían la imposición, ratificando que se vote por Salinas. Como era de esperarse, la molestia de los militares fue tal que el Ministerio desconoció a Carrera y designó a Fabián Espinoza Bermeo como delegado a la reunión de la Conmebol, que debía realizarse en Río de Janeiro. Además, la dictadura ordenó la inmediata intervención de la Asociación Ecuatoriana de Fútbol mediante el Decreto Supremo n.º 2468. Inmediatamente se activó nuestro compatriota Ferdinand Hidalgo Rojas, que ya ocupaba un cargo en la FIFA, y viajó a Brasil como delegado del máximo organismo mundial de fútbol.

Entre tanto, el representante de los militares se aprestaba a cumplir al pie de la letra la orden del Ministerio de votar por Leoz, por lo que viajó a Brasil para cumplir con la decisión dictatorial.

Lo que no esperaba Espinoza es que la FIFA y la Conmebol no aceptaran su inscripción a la asamblea. Inmediatamente, el delegado de los militares informó el particular al ministro Dobronsky. La indignación del ministro lo llevó a que Ecuador no tuviera que asistir. Al enterarse de que el máximo dirigente de la AEF, Carrera, se había registrado en el congreso, dispuso inmediatamente la prohibición de salir del país para evitar que se consigne el voto a favor del peruano Salinas.

¿Cómo Carrera llegó al congreso y votó por Salinas? Existe una historia, certificada por varios personajes de El Oro, sobre que dirigentes de esa provincia recibieron a Carrera, quien iba acompañado por el Ab. Enrique Montenegro, y le prepararon un viaje nocturno por vía terrestre hacia la frontera con Perú. Carrera fue ubicado en la parte posterior del vehículo luego de pasar el destacamento El Telégrafo, ubicado en Arenillas. Sin que se percataran de que el dirigente iba en el automóvil llegaron a Huaquillas. Hay versiones fidedignas sobre que tanto Carrera como Montenegro superaron los obstáculos, cruzando en forma clandestina la línea fronteriza por debajo del puente que une Huaquillas con la población peruana de Aguas Verdes, pasando por los tablados que utilizaban los que traficaban las carretillas de cebollas. Al otro lado del puente los esperaba la camioneta que los llevó a Tumbes, donde tomaron un vuelo a Lima, para luego viajar a Río en compañía de Salinas y la delegación peruana.

En Ecuador ya se conocía que el entonces secretario general de la FIFA, Dr. Kaser, había comunicado la expulsión del país y la prohibición de participar en eventos internacionales. También los clubes El Nacional y Liga de Quito recibieron la prohibición de participar en la Copa Libertadores contra los argentinos River Plate e Independiente.

La prensa ecuatoriana informó del triunfo del peruano Salinas y subrayó que el voto decisivo fue del delegado ecuatoriano. Después llegaron tiempos agitados a la Ecuafútbol. Mientras Carrera recibía las felicitaciones y el apoyo de la dirigencia del deporte nacional, como la del Dr. Sabino Hernández, el Ing. César Muñoz Vicuña, entre otros, conocía que sus días en la Asociación Ecuatoriana de Fútbol estaban contados y su dimisión permitiría recuperar la estabilidad, por lo que decidió dar un paso al costado. El congreso se celebró en Ambato el 7 de junio de 1978 y se nombró como presidente al Ing. Carlos Baquerizo Astudillo, mientras que Carrera del Río fue despedido con un sonoro voto de aplauso de todos los presentes.

Luego le correspondió a Ferdinand Hidalgo, con base en su gran prestigio internacional, conseguir que la FIFA levante la sanción al Ecuador. Nuestro fútbol ecuatoriano quedó muy bien reconocido internacionalmente por haberse mantenido firme para evitar que la dictadura militar se apoderara de nuestro fútbol. (O)