A inicios de la década de los 60 llegaron a nuestro país, para incorporarse a las porterías de los equipos del Astillero, el paraguayo Ramón Mageregger, en Emelec, y el brasileño Helio Carreiro da Silva, más conocido como Helinho, en Barcelona. Ambos arribaron para quedarse eternamente en el recuerdo y forman parte de la historia de los dos clubes guayaquileños por sus brillantes actuaciones.

Mageregger vino a Emelec en 1963 y se convirtió en el primer jugador mundialista que participó en los campeonatos ecuatorianos. El Candado, como lo comenzó a identificar el aficionado eléctrico, había participado en Suecia 1958, con Paraguay, donde tuvo la oportunidad de atajar en el partido frente a Francia. No era de gran estatura, pero era felino, arriesgado, se caracterizaba por su gran anticipación; era muy difícil hacerle un gol. Reconocido por los delanteros rivales como un arquero con instintos superlativos, se adueñó del arco millonario y consiguió dos títulos en los reconocidos torneos de Asoguayas, en 1964 y 1966. También fue campeón nacional en 1965. Formó una de las más grandes alineaciones de todos los tiempos de Emelec: Mageregger, Landázuri, Trillini, Mina, Pineda, Magri, Balseca, Bolaños, Raffo, Raymondi y Ortega.

Entre tanto, en la tienda amarilla sucedía algo trascendental. La directiva presidida por Emilio Baquerizo Valenzuela, y acompañado por Juan José Vilaseca, decidió incorporar a partir de la temporada de 1962 a jugadores extranjeros, y se inclinaron por la línea brasileña, que por esos años era el fútbol que más vigencia tenía en el mundo. Además, el aficionado guayaquileño se nutría de conocimiento del nivel de ese balompié, porque por esa época nos visitaban para jugar amistosos equipos de la talla del Botafogo de Garrincha, el Santos de Pelé, el Palmeiras de Djalma Santos.

En mayo de 1962 llegó a Guayaquil el Bangú para jugar con Emelec un partido en el estadio Modelo. La actuación del equipo brasileño fue impresionante: ganó 4-1, dando un espectáculo muy aplaudido por el público que concurrió al estadio. Lo importante de este partido es que ese elenco vino dirigido por Francisco de Souza Ferreyra (Gradym) y figuraban un puntero izquierdo que también hizo historia en Barcelona, el recordado Tiriza, y el arquero Helinho. La dirigencia canaria realizó gestiones para incorporar a Barcelona al técnico Gradym, quien recomendó contratar a Helinho, al volante George y a los atacantes Helio Cruz y Tiriza: jugadores cuyas actuaciones dejaron inolvidables recuerdos, con excepción del volante Gerson, quien no trascendió.

“Helinho no era alto, pero era increíble cuánto se estiraba”.

La presencia de los brasileños generaba tal expectativa que el hincha torero acudía masivamente a ver los entrenamientos en las canchas de La Atarazana, pero en especial para fascinarse con las voladas de Helinho. De ahí nace el apelativo del Pez Volador. Con la presencia del arquero auriverde, Barcelona conformó la defensa más reconocida en su historia, conformada por él y los zagueros Quijano, Lecaro, Macías y Bustamante, la inigualable Cortina de Hierro. Helinho fue arquero del Ídolo entre 1963 y 1966, obtuvo cuatro títulos con los toreros y es considerado uno de los mejores porteros extranjeros que jugara en el país jamás. No era alto, pero entre sus características principales estaba su elasticidad, que lo hacía llegar con sus estiradas a lugares increíbles de su portería; seguro de manos y gran ubicación. El magnífico jugador carioca tenía que remplazar en ese puesto nada menos que a Pablo el Gato Ansaldo. Muchos historiadores lo vieron jugar, como es el caso del recordado Mauro Velásquez, que lo calificó en un artículo como “el mejor golero de Barcelona de todos los tiempos”, criterio con el que coincido plenamente. También el historiador Ricardo Vasconcellos Rosado, en uno de sus editoriales, definió al desaparecido guardameta de esta forma: “Helinho era un verdadero fenómeno, tenía una agilidad asombrosa y circense, pero era muy serio en el arco”.

Helinho también jugó para la selección ecuatoriana en las eliminatorias al Mundial de Inglaterra 1966; debió aparecer por la lesión que había sufrido Ansaldo en el partido con Chile, jugado en Guayaquil. También fue convocado Helinho para el partido de desempate en Lima, el 12 de octubre de 1965, el que, aunque se perdió por 2-1, sirvió para confirmar la teoría conspirativa que existía sobre la dirigencia chilena y la FIFA, por haber sido la organizadora del Mundial 1962, lo que derivó en dudosas actuaciones arbitrales.

El brasileño tuvo una importante participación, pese a que jugó lesionado de una rodilla, la cual fue operada a su regreso a Guayaquil. En el registro de nuestra selección quedó inscrito que el Pez Volador fue el primer arquero nacido en otro país que jugó partidos oficiales con la Tricolor.

Helinho, nacido en Río de Janeiro el 30 de octubre de 1941, no solo fue querido por el aficionado barcelonés, por su calidad, seguridad y elasticidad. Aquello se complementaba con su personalidad, seriedad, respeto y amabilidad fuera de la cancha.

El Candado eléctrico

En el otro caso, Mageregger es considerado también por los azules como uno de los grandes arqueros que ha tenido en su historia el equipo eléctrico, en esos años dorados del fútbol porteño, en que Emelec mostraba con orgullo esa delantera de los Cinco Reyes Magos, sobre todo cuando debían enfrentarse a la famosa Cortina de Hierro de Barcelona. Un encanto propio de una rivalidad futbolística de alto nivel. El aficionado de ambas divisas repletaba el estadio para observar ese duelo de porteros. ¿Quién se lucía más: el Candado Mageregger o el Pez Volador Helinho? El paraguayo fue campeón invicto con Emelec en el torneo nacional de 1965, en que se constituyó en una gran figura.

“Mageregger, junto al ‘ñato’ García, en un lugar muy especial”.

Cuando Emelec celebró los 90 años de existencia, en una encuesta realizada y publicada en la revista Pasión Azul, se presentó un análisis de los arqueros más reconocidos por décadas de la siguiente manera: los 40, Félix Tarzán Torres; los 50, Cipriano Chino Yu Lee; los 60, Ramón Candado Mageregger; los 70, Eduardo Ñato García; los 80, Israel Rodríguez; los 90, Jacinto Chinto Espinoza; el nuevo milenio, Marcelo Polaco Elizaga; y los años 2010, Esteban Rifle Dreer. De acuerdo con esa lista selecta, al día de hoy, cuando el Club Sport Emelec celebró hace pocos días sus 92 años, considero que con García y Mageregger están los dos mejores porteros de la historia del equipo eléctrico.

Los arqueros son personajes especiales. Se sabe que están en el único puesto en que no deben equivocarse. Si lo hacen, estarán seguramente en la mira y bajo la crítica feroz del periodismo y el aficionado. El análisis sobre el golero siempre será autónomo. Héroe o villano por su actuación, puede ser capaz de dar un campeonato o de descender de categoría. Y en ese mundo de responsabilidades, el que se decide a ser arquero debe conocer de memoria esas reglas.

Bien decía el escritor español José Antonio Martín sobre los arqueros: “Muy pocos jugadores de campo serían capaces de ir a jugadas en las que tranquilamente pueden disociarse el cuerpo y el alma: los porteros sí, siempre, y si no, no son porteros”. Mageregger y Helinho conocían estas reglas y terminaron siendo héroes bajo los tres palos. (O)