En medio de una crisis sanitaria que lamentablemente soporta Brasil, el campeón ecuatoriano Barcelona debió viajar a la ciudad de Santos para cumplir con el compromiso de la Copa Libertadores 2021, nada menos que contra el equipo brasileño más renombrado internacionalmente, porque fue el club en que se hizo conocer el mejor futbolista de todos los tiempos, Pelé. El encuentro del 20 de abril debió realizarse en el mítico y antiguo estadio Urbano Caldeira, popularmente conocido como Vila Belmiro por estar ubicado en ese pequeño barrio de Santos, en el estado de Sao Paulo, el mismo escenario donde la leyenda del fútbol conquistó la corona de Rey. El grupo C, en que se instaló el equipo canario, está integrado también por el siempre poderoso Boca Juniors y el boliviano The Strongest.

Gran parte de la prensa argentina, como es costumbre, pronosticaba antes del inicio de la serie que después de Boca Juniors el Santos era el otro opcionado para ir a la siguiente fase. Por supuesto, sin dar ninguna chance a nuestro equipo ni al boliviano. En nuestro medio, la prensa guardaba reserva sobre resultados en vista de que Barcelona había mostrado alguna desaceleración en el nivel futbolístico en sus últimas fechas del campeonato de la LigaPro. Aquello, aunque los aficionados amarillos son creyentes de que su equipo, cuando menos se piensa, es capaz de lograr cualquier hazaña.

La historia de grandes presentaciones de Barcelona en tierras brasileñas disputando la Libertadores se remonta a 1972. Entonces, en semifinales se enfrentó al Sao Paulo en el Morumbí, repleto con más de 100.000 espectadores, y consiguió un sonado empate a 1. En nuestro país ese resultado se lo celebró como una proeza por la simple razón de que nunca antes un equipo ecuatoriano se había atrevido a sacarle puntos a un brasileño en su cancha en la Copa. El primer triunfo del equipo torero lo consiguió el 15 de julio de 1986, cuando derrotó a Bangú por 2-1 con dos goles de Severino Vasconcellos, partido jugado en el famoso estadio Maracaná de Río de Janeiro. Transcurrieron muchos años hasta llegar al 2017, cuando Barcelona debió enfrentar en tres ocasiones a equipos de Brasil: con el Botafogo en Río, al que lo derrotó 2-0, con goles de José Ayoví y Jonatan Álvez; luego jugó con el Santos en el Vila Belmiro, también ganando 1-0 con gol de Álvez, y cerrando su participación en semifinales, cuando derrotó en Porto Alegre al Gremio por 1-0, con gol del mismo ariete uruguayo. Toda aquella hazaña de ir eliminando brasileños lamentablemente se vio truncada cuando en su presentación con el mismo Gremio en Guayaquil perdió inesperadamente por 0-3, cortándose el sueño del equipo canario de llegar por tercera ocasión a una final de la Libertadores y ganarla por primera vez.

En la edición en curso, el hincha barcelonés prende nuevamente fuego en ese intenso deseo de que llegue el año en que el Ídolo del Astillero pueda guardar en su vitrina la famosa Libertadores, que ha sido esquiva tanto en 1990, cuando la perdió ante el Olimpia de Paraguay, como en 1998, cuando también perdió la oportunidad ante el Vasco da Gama de Brasil. La pregunta que se hace el hincha canario es: ¿alcanzarán las fuerzas para enfrentar tanto el campeonato internacional como el doméstico? Por el momento sostienen esa ilusión, considerando que la directiva ha hecho un gran esfuerzo para conformar una plantilla para los dos objetivos. La misma dirigencia canaria ha manifestado que se lo puede hacer. Ellos apuntan al bicampeonato nacional y también la afamada Libertadores, un discurso muy diferente de lo que apostó la anterior dirigencia en 2017, que hizo público que su afán era ganar la Copa; luego se dieron cuenta de que se quedaron sin pan ni pedazo.

Aunque falta mucho para sacar conclusiones, el triunfo reciente de Barcelona en Brasil es importante, porque abre la oportunidad para sumar en un grupo complicado y el hecho de ganar puntos de visitante es clave para aspirar a una clasificación, como ya lo hizo Boca Juniors al ganar en La Paz al The Strongest. Que falta mucho, es verdad. Es paradójico encontrar luego del sonado triunfo de Barcelona ante Santos voces del periodismo local que justifican la victoria del equipo canario porque se enfrentaron a un Santos muy lejano del glorioso equipo campeonísimo en la década de los 60 de Pelé, Coutinho, Pepe, Gilmar, etc. O compararlo con el Santos de Neymar de 2011. Y son los mismos periodistas que hace menos de cuatro meses se llenaron de elogios para con este mismo Santos cuando le correspondió disputar la final con el Palmeiras por la Copa 2020.

Michael Hoyos (izq.), de Barcelona, intenta sortear el marcaje de Felipe Jonatan, de Santos. Foto: -- GUILHERME DIONIZIO

Creo que más importante a estas alturas es analizar por qué el campeón ecuatoriano hizo ver tan mal al rival y entonces recién encontraremos premisas que expliquen con argumentos tácticos lo que sirvió para hacer realidad lo planificado por Fabián Bustos. Hay tres que se destacaron plenamente: los relevos defensivos, que exigían que otros jugadores complementen las marcas; la presión alta, que no permitió espacios para la iniciación del pensamiento ofensivo del equipo santista; y la identificación de los valores individuales de jugadores gravitantes del equipo paulista. Todas estas premisas se las pudieron comprobar en el transcurso del partido. Y aunque existieron jugadores claves para el plan pensado por Bustos, me quedo con la complementación colectiva. Bien le queda al cuerpo técnico canario aquel axioma muy utilizado en el fútbol de que mientras más conozcas a tu rival más cerca estás de implementar lo que requieres. Es decir, de acuerdo con el análisis del contrario, Bustos desarrolló el plan estratégico y le funcionó, porque los comportamientos propios, en el transcurrir del partido, se impusieron a los del adversario y complementariamente pudo contrarrestar los comportamientos del rival. Es posible que al técnico del Santos le haya sorprendido la postura táctica ofensiva de Barcelona, porque dentro de su imaginario estaba el encontrar un rival abroquelado defensivamente, que buscaría con lupa los posibles espacios que pueda dejar el local en su propósito ofensivo. En ese capítulo, el técnico argentino Ariel Holan se quedó de año.

Como era de esperarse, la ferviente hinchada del Santos vandalizó los exteriores de Vila Belmiro con frases amenazantes, mientras el técnico Holan dijo: “Jugar con tanta agua por el fuerte aguacero durante el partido no permitió desarrollar el juego planificado”. Ese discurso se terminó cuando otro periodista paulista lo interrumpió y le preguntó: ¿Y cómo se explica que Barcelona, con la misma cantidad de agua en la cancha, haya lucido tan bien? Por supuesto, hasta ahí llegó la rueda de prensa.

Es verdad que esto recién comienza, pero empezar así alienta, siempre y cuando el plantel amarillo cumpla al pie de la letra el mensaje pospartido de su entrenador al expresar: “No podemos relajarnos ni pensar que ya logramos el objetivo”. Y por algo lo dice Bustos, que conoce bien la idiosincrasia de nuestro futbolista, que suele embriagarse con éxitos parciales.

En la historia de Barcelona está escrito este nuevo triunfo de visitante en Libertadores, en esta ocasión el inicio de la competición. Ojalá tengamos razones para seguir escribiendo más de estas jornadas inolvidables en el transcurso del certamen. Como todo en la vida, solo el tiempo lo dirá. (O)