El jueves 19 de junio de 1970, el diario italiano La Gazzetta dello Sport, en su tradicional portada color rosa y con letras mayúsculas señalaba: ‘LA SELECCIÓN ITALIANA EN LA FINAL’. Se refería, por supuesto, a la clasificación que habían conseguido los azzurri para la gran final del Mundial de México, la cual disputaron contra Brasil. Lo que me llamó la atención es el artículo escrito por el famoso entrenador argentino Helenio Herrera. En los primeros años de la década de 1960, este exitoso entrenador cumplió la función de articulista para el rotativo italiano y opinó así de la semifinal ganada por Italia frente a Alemania por 4-3: “No fue solo un partido de fútbol, fue una inspiración que quedará grabada en el corazón para siempre; y pensar que fue disputado por humanos, y parecía divino”. Esta frase tan elocuente se convalidó cuando la FIFA lo reconoció como el “partido del siglo XX” de los Mundiales. Hay periodistas hoy en día que aún lo califican como el juego que nunca más sucederá.

¿Por qué el partido Italia-Alemania, en las semifinales del Mundial de México 1970, puede llegar a ser considerado el más hermoso partido de todos los mundiales? Los motivos para poder galardonarlo sobran, no solo por los participantes, selecciones con grandes condecoraciones mundialistas; ni por la instancia, ni por lo que estaba en juego. Fue mucho más: el épico rendimiento futbolístico de los actores y las dramáticas alternativas que se presentaron y permitieron dar como ganadores a los italianos, que no habían estado bien en la ronda de grupos. Ganaron a Suecia por 1-0 y registraron dos empates sin goles con Uruguay e Israel, aunque en cuartos golearon a los anfitriones mexicanos. La prensa internacional se cuestionaba sobre el porqué de que Italia, teniendo ese potencial, insistía en el Catenaccio, que consistía en convertirse en un esquizofrénico futbolísticamente. En tanto, los panzers alemanes habían derrotado a Marruecos, goleado a Bulgaria por 5-2 y a Perú por 3-1, y en cuartos de final le habían ganado a la campeona vigente: Inglaterra.

Italia-Alemania

El partido se realizó en el mítico estadio Azteca, en la capital mexicana, el miércoles 17 de junio de 1970, a las 15:00. Asistieron al coloso 102.444 espectadores. Fue arbitrado por el peruano Arturo Yamasaki.

El equipo italiano estaba lleno de figuras como el arquero Abertosi y el defensa Faccetti, quien jugó un partido espectacular. Se conoce que la camiseta que usó en ese torneo reposa en el Museo de Fútbol Mundial de la FIFA, en Zúrich. Estaban los jugadores Sandro Mazzola y Gianni Rivera, magistrales volantes que, según la prensa, podían jugar juntos y hacer maravillas; no pensaba así el director técnico italiano Ferruccio Valcareggi, quien consideraba que Rivera era ideal para explotar sus genialidades cuando los oponentes sentían el rigor del esfuerzo. Al final, Valcareggi tuvo razón. También Italia tenía en sus filas a dos delanteros goleadores, Riva y Boninsegna, mientras que Alemania todavía tenía en sus filas a varios veteranos de guerra, como el portero Maier, el defensa Vogts, los formidables Beckenbauer y Overath, y en la ofensiva a los bombarderos Seeler y Müller.

La squadra azzurra logró adelantarse en el marcador en el minuto 8 por intermedio de Boninsegna y, como era de esperarse, la disposición luego fue usar el férreo Catenaccio, donde se estrellaron los insistentes ataques alemanes. Cuando todos los italianos celebraban el triunfo llegó el inesperado empate germano, en el momento que el defensa Schnellinger, jugador de trayectoria en el mismísimo fútbol italiano jugando para el Milán, convirtió sorpresivamente la igualdad con un golpe de cabeza en los descuentos del partido. La prensa italiana, sorprendida por lo sucedido por ese gol inesperado, repetía que era inconcebible el empate y sentenciaba que Schnellinger, el autor de ese único gol en su carrera en los 46 partidos con la selección teutona, nunca más debería regresar a jugar al Calcio italiano. Sucedido aquel tanto, el árbitro Yamasaki no dejó reiniciar el partido y dispuso que inmediatamente se jugaran los tiempos suplementarios. En ese momento se pensaba que el impacto psicológico iba a afectar a los italianos. En una entrevista realizada a Gianni Rivera después de algunos años de esa tarde en México, este reconoció que la frase mencionada por Giacinto Faccetti antes de jugar la prórroga había levantado a todos el espíritu deportivo: “No pienso que crean que hemos llegado tan lejos y con tanto esfuerzo tan solo para llegar hasta aquí. Vamos a demostrarlo”.

La prórroga

Los dos equipos entraron a jugar al todo o nada. Parecía un imposible que los directores técnicos de cada elenco pudieran disponer alguna táctica en especial. Todo se convirtió en una lucha sin cuartel, donde el coraje y la infundia podían más que cualquier esquema, lo que convirtió al partido en un espectáculo insólito, celebrado a rabiar por los más de cien mil espectadores que abarrotaron el Azteca y los millones en el orbe, que no se perdían las incidencias de tan emocionante partido.

El gran jugador alemán Beckenbauer se vistió de héroe jugando buen tiempo con una lesión en la clavícula, pero solicitó continuar con un brazo inmovilizado por una venda. La intensidad y la secuencia de los goles han sido irrepetibles. Al minuto 5 de la prórroga, Gerd Müller adelantaba 2-1 a los alemanes. Esta diferencia duró tan solo cuatro minutos, cuando Burgnich, defensa italiano, consiguió el empate 2-2, en el momento que menos se pensaba y se creía que los dos equipos iban a respirar y tomar aire para continuar. El delantero Riva adelantaba nuevamente a los italianos, 3-2. El estadio bramaba emocionado y la función continuaba, cuando Müller, luego de un saque de esquina, sorprendió a todos e igualó a 3 el encuentro.

Todos exhaustos, pero entusiasmados, seguían con el último aliento luchando por el triunfo, hasta que llegó el momento sublime. Cuando apenas faltaban cuatro minutos, Gianni Rivera, con gran serenidad, enfrentó al arquero Maier y con borde interno envió la pelota al fondo de la red ante la mirada desesperada de los alemanes.

Los 22 actores quedaron desparramados en el césped de la cancha. Todos, como heridos por el combate; mientras el público no paraba de aplaudir de pie. Nadie podía creer lo que habían presenciado en esa tarde inolvidable.

La prensa de todo el mundo dejó registrado los instantes épicos que habían sucedido. El periodista italiano Gualterio Zanetti escribió: “No solo ha sido un encuentro de fútbol. Hemos sido testigos de un partido sublime que no se verá nunca más, ni existirán jugadores que lo puedan repetir”. Fue tal la impresión general que dejó el partido que las autoridades del distrito mexicano decidieron colocar una placa de bronce en el exterior del emblemático coliseo, que dice: “El estadio Azteca rinde homenaje a las selecciones de Italia (4) y Alemania (3), protagonistas en el Mundial de 1970 del ‘partido del siglo’”.

El triunfo de Italia sobre Alemania en México 1970 les permitió a los Azzurri disputar la final del torneo contra Brasil.

Aunque Brasil ganó en forma justa el Mundial, con una selección considerada como la mejor de todos los tiempos y en la que Pelé lució un maravilloso nivel, la comunidad futbolística nunca olvidará el más hermoso partido de todos los mundiales.

Alfredo Relaño, historiador de fútbol de nacionalidad española, escribió una nota que explicaba todo lo que llegó a generar este inolvidable partido. Al día siguiente, junto a las noticias de la fabulosa prórroga, aparece una nota en un diario mexicano: 23 presos de la cárcel mexicana de Tixtla habían aprovechado que todos los vigilantes estaban absortos frente al televisor para darse a la fuga. (O)