Es deber y obligación recordar, pero sobre todo reconocer a clubes guayaquileños que en algún tiempo fueron equipos estelares de nuestro fútbol. Hoy quiero destacar al Club Deportivo Everest, cariñosamente llamado el Ciclón Rojo, más especialmente identificado como el Equipo de la Montaña. Fue fundado el 2 de febrero de 1931. Hace pocas semanas celebró 90 años de vida institucional. Actualmente juega en la segunda categoría de la Asociación de Fútbol del Guayas. Lamentablemente, el tiempo muchas veces se vuelve en sepulturero de la historia, sobre todo en esta época que vivimos, cuando se ha acostumbrado a olvidar e indiferenciar la historia. Es que, sin lugar a dudas, vivimos momentos en que la desmemoria es un bastión de la ingratitud.

Hace muy pocos días falleció en nuestra ciudad el Ing. Alberto Sánchez Varas, periodista deportivo y sobre todo extraordinario historiador, con brillante memoria. En esas extensas charlas que me permití tener con él sobre cualquier tema, sea político, social o deportivo, siempre aportaba con detalles que solo él podía, en esa privilegiada bodega intelectual. Alberto Sánchez siempre insistía en que había que revestirse de valor y pasión para preservar el pasado, contarlo y explicarlo, porque así se educa a la sociedad, para que sea capaz de valorar su historia. Ahora que quiero escribir sobre Everest, no solo la vida me permitió ser testigo de sus logros; muchos de los detalles o anécdotas en algún momento me los contó con lujo de detalles mi querido Alberto, que hoy descansa en paz.

Por supuesto, Everest será recordado siempre porque fue la cuna del mejor jugador de todos los tiempos, Alberto Spencer Herrera, quien llegó desde el Club Andes de Ancón cuando apenas tenía 16 años. Abandonó el equipo de la Península y, por recomendación de su hermano Marcos, llegó al Everest para convertirse en poco tiempo en un goleador letal, para luego ser una leyenda del fútbol mundial cuando fue traspasado al famoso equipo uruguayo Peñarol, en 1960. Pero, además de ese evento inigualable que representó la figura de Spencer y su legado para el balompié ecuatoriano, Everest se dio el lujo de contratar en 1964 a Claudio Moacyr Pinto, campeón con Brasil en el Mundial de Suecia 1958.

Hay un hecho histórico de Everest: fue campeón nacional en 1962. Con ese título se constituye en uno de los nueve equipos de Ecuador que han conseguido el campeonato. Además, el Equipo de la Montaña se convirtió en el primer monarca que dio la vuelta olímpica en el estadio Modelo Guayaquil. Eran años en que el fútbol del Guayas, donde Emelec y Barcelona eran imbatibles, tenía equipos con grandes figuras. Hace 59 años fue la excepción. Irrumpió Everest con un equipo que ganó con justicia el título. El sistema de campeonato presentó ocho equipos: cuatro de Guayas, que fueron Barcelona, Emelec, Everest y 9 de Octubre; y por Pichincha, Liga Deportiva Universitaria, España, América de Quito y Aucas.

Es importante recalcar que en ese campeonato de 1962 Barcelona decidió incorporar a extranjeros en su plantilla, algo que sacudió el ambiente futbolístico nacional, al anunciar que incorporaría a brasileños que gozaban de buena fama por su conquista del Mundial 1958 y, además, porque mostraban sistemas de juego dignos de imitar. Para aquello incorporó como técnico a Arnaldo Da Silva y jugadores como Darcy, Jair, Edson e Iris de Jesús. En tanto, Emelec, dirigido por Fernando Paternoster, sumó al Pibe Ortega para fortalecer a la famosa delantera compuesta por los cinco Reyes Magos. El 9 de Octubre incorporó dos extranjeros, el arquero José Bordón (argentino) y un delantero uruguayo, Américo Pereira. Entre los nacionales sobresalían Jaime Galarza, Abel Tiluano y Raúl Noriega. En Everest se destacaban Hugo Mejía, el arquero de la selección nacional, Pedro Gando, Horacio el Tanque Romero, José Aquiño, Galo Pinto, Néstor Azón, José Johnson, Marcos Spencer, Carlos Altamirano; y contrató al argentino Mariano Larraz como entrenador, quien ya había sido campeón con Emelec en 1961.

Everest y Barcelona, a la par

La disputa del torneo tuvo su particularidad. Los equipos de la misma asociación no jugaron entre sí. Everest y Barcelona jugaron ocho partidos: ganaron seis, empataron dos y no perdieron. Ante esta circunstancia, se resolvió el campeonato en un partido único, que se celebró el 13 de enero de 1963 en el Modelo, con el arbitraje del peruano Arturo Yamasaki. La ventaja que tenía el Everest consistía que con el empate quedaba campeón, en razón de que el partido no iba a tener tiempo extra, sino que valía el que tuviera mejor gol promedio.

Una de las notas de EL UNIVERSO señalaba que Everest llegaba a ese partido crucial como el más opcionado al título: “Se ha reflejado como una fuerza poderosa de regular funcionamiento, buena táctica, de grandes valores humanos, que, aunque no suenan a cracks, saben trabajar mancomunadamente, con decisión”.

El técnico argentino Mariano Larraz (d), firmando contrato con Everest.

Aquel lejano domingo, con un fuerte sol y alta humedad en razón de la lluvia que había caído entre viernes y parte del sábado, el estadio lucía repleto, con la barra mayoritaria de Barcelona, equipo que tempranamente se adelantó en el marcador con anotación a los 5 minutos del brasileño Iris de Jesús. Everest no bajó los brazos, todo lo contrario; impuso su fútbol y se fue adueñando del partido y tuvo su recompensa a los 30 minutos, cuando Galo Pinto hizo nido de un violento disparo alto y cruzado en el ángulo superior izquierdo del arco de Alfredo Bonnard. Desde ese momento Larraz dio instrucciones de cuidar el resultado, porque el empate les daba el campeonato. En cambio, Barcelona, apoyado constantemente por su público, cargó insistentemente contra el arco de Mejía, quien se convirtió en el héroe de la jornada al tapar no menos de tres disparos que llevaban destino de gol. Everest fue construyendo el mayor éxito de su historia, el ser campeón del Ecuador. En 1960 había sido campeón de Guayas. Lamentablemente en 1983 perdió la categoría para no regresar más.

Esos miércoles o domingos cuando concurríamos a observar duelos inolvidables entre los equipos guayaquileños forman parte de épocas románticas, nostálgicas, de las tardes y noches del estadio Capwell y que a partir de 1959 compartió con el Modelo. Esas jornadas en que comparecían Everest, el Equipo de la Montaña; el Club Sport Patria, el Relojito; el Norte América, el Equipo que jamás tembló, o el 9 de Octubre, el Equipo Patriota, y que recién ascendió nuevamente a la Serie A de nuestro campeonato… El resto de equipos se fue alejando del protagonismo que supo ganar en épocas pasadas. Todos estos elencos se permitieron tener sus propios seguidores, que iban a apoyarlos en esos tradicionales duelos con los poderosos Emelec y Barcelona. En fin, tiempos aquellos que se fueron para no regresar; pero sin olvidar ese principio válido “somos porque fuimos” y ese es el valor real del pasado, que siempre hay que privilegiar.

El Club Deportivo Everest estará en la historia de nuestro fútbol por siempre y mucho tiene que ver con el decidido apoyo de grandes personajes de la colonia árabe de Guayaquil, que apoyaban diversas disciplinas deportivas como el básquet, el automovilismo y, por supuesto, el fútbol. En sus páginas están los nombres de dirigentes y deportistas que dieron gloria al deporte guayaquileño. (O)