Sus cuernos y la estructura de su cuerpo atraen a los niños japoneses que con obsesión buscan un escarabajo como mascota. Incluso, en países asiáticos como Japón y Taiwán, los usan para librar peleas clandestinas en las que se apuestan altas sumas de dinero y en las que estos invertebrados se hacen daño entre sí con sus cuernos.