Hace algunos años cuando se jugaba el campeonato nacional exclusivamente en el estadio Modelo Guayaquil (hoy Alberto Spencer), subiendo por el centro de las tribunas se llegaba a los palcos. En el primero de estos, a mano derecha, se sentaba invariablemente en todas las reuniones futboleras, sin faltar nunca, un señor mayor, a veces acompañado de un joven que no llegamos a saber si era su hijo o su nieto.
Los vecinos, que éramos nosotros (un grupo de amigos que tampoco dejábamos de asistir), alguna vez le preguntamos de qué equipo era aficionado. Nos contestó educadamente pero con firmeza, que era hincha del fútbol, pero de ningún equipo en particular.
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Imposible, comentamos entre nosotros, esa mentalidad no existe. El fútbol, para alegrarse o amargarse, debe estar sometido a una filiación que genere una pasión que merece ser vivida. Como el señor mantenía su criterio de neutralidad, lo observábamos tratando de descubrir con quién festejaba o aplaudía más o a qué equipo se mostraba contrario. Nada. Aplaudía a uno y a otro, según merecía los elogios.
Una vez nos confió que en sus años mozos había jugado fútbol en un equipo que ya no existía, pero que jamás faltó al estadio Modelo. Daba gusto verlo muy acicalado, cuidadoso, pulcro con mentón altivo, mirada fija y pelo lacio bien engominado. Tal apariencia semejante debe haber inspirado a Chabuca Granda con su Fina Estampa.
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Nos decía: “La gente tiene que venir al estadio porque sí, por algo el fútbol es el deporte más popular del mundo. No solo porque despierta pasiones, sino porque su juego, estéticamente, es una belleza”. Para mí –nos reiteraba– no hay partidos malos. Y remataba: “Los domingos sin fútbol, no son domingos”.
Su neutralidad y conceptos los reafirmaba así: “¿Quién no puede admirar y aplaudir a la Cortina de Hierro barcelonista?, con Quijano, Bustamante, Lecaro y Macías. ¿Quién puede negar un aplauso a los Cinco Reyes Magos de Emelec? con Balseca, Bolaños, Raffo, Raimondi y el Pibe Ortega. ¿O a Layedra, del Everest o a Pelusa Guerrero de Nueve de Octubre, o Carmelo Galarza, de Patria? Y no sigamos hablando, por favor”, nos pedía.
Pero caballero, le argumentábamos nosotros, uno puede aplaudir a un contrario sin dejar su partidismo por un equipo. Vea, le insistimos, ¿de dónde nacen los periodistas deportivos? De su amor por un deporte, pero indefectiblemente se inclinan por un equipo. Cuando les toca describir una jugada o un partido, se transculturiza y se vuelve neutral. Los periodistas de fútbol tienen su equipo favorito, pero cuidan su inclinación porque son decentes. La pasión es lo que los lleva, y nos lleva a todos a amar al fútbol a través de equipos. “Puede ser –nos contestaba– pero amo al fútbol más allá de un equipo”.
Respecto al tipo de fútbol, el señor se afirmaba en el toque. Equipo que toca y toca es el mejor siempre, aunque a veces no gane; porque el fútbol en todo rigor el que tiene más tiempo la pelota se divierte. Esa es la esencia. De Alfredo Di Stéfano, Pelé, Beckenbauer y Platiní.
Mucho tiempo después de estas anécdotas, fui citado a presentar una oferta sobre unos equipos para llevar las cuentas de ahorros de un pequeño banco local. La secretaria del gerente general me invitó a tomar asiento y a esperar.
Después de un rato por el comunicador sonó mi nombre: ‘Que pase el señor Chávez’. Grande mi sorpresa para encontrarme cara a cara con el caballero del palco exclusivo para de inmediato trenzarnos hablando de fútbol y más fútbol. Me hablaba de los títulos de Barcelona, de Emelec y Everest. En fin, después de un rato, nos recordamos la razón de nuestro encuentro. Discutimos precios y nos compró las máquinas de ahorros.
Yo no sé si esto es una lección de por qué debemos asistir siempre al estadio. En las buenas, porque nos va bien, y en la malas, porque necesitamos apoyar. Lo mismo decía cuando los hinchas de Barcelona dejaron de asistir al estadio, y solo fueron al Monumental en el último partido porque podían perder la categoría. ¿Cuál fue el resultado? La hinchada empujó al equipo. ¿No se dice que la fanaticada azul es la más fiel? Pues hoy, ante Olmedo, tiene que demostrarlo.
¿Cómo se llamaba el caballero del estadio Modelo que lo dejé de ver cuando se inauguraron el Monumental torero y la reinauguración del nuevo George Capwell? Hugo Suárez Baquerizo, del Banco Territorial.