Por esta ocasión al menos, el terreno más importante donde se decidirá la campaña electoral no será la televisión, ni las caminatas, ni el reparto de camisetas, sino la calle, la esquina, la sala de las casas, o las fábricas y fincas donde viven y trabajan los correístas.
Son ellos los que, durante dos años, han sostenido la Revolución Ciudadana, y son ellos los que deben ahora decidir su suerte. No me refiero a los dirigentes, que por supuesto estarán convencidos, sino a los millones de votantes que se inclinaron todo este tiempo por la opción de Rafael Correa.
Está el grupo de los firmes, los que reconocen que el Socialismo del siglo XXI no está obteniendo todos los éxitos que debiera, pero consideran que la historia es así, a veces los cambios se detienen o sufren retrocesos momentáneos. Su conclusión es que hay que tener paciencia y seguir empujando.
Luego está el grupo de los decepcionados, que guardan silencio por temor a hacerle el juego a la derecha o ya dejaron de lado esos prejuicios y se han dedicado a desencantar a otros correístas.
Y quedan los que por ahora se ubican en el medio. No saben todavía qué actitud tomar. Anhelan que el país progrese bajo la conducción de Correa, pero al mismo tiempo se preguntan: ¿No se le está pasando la mano al Presidente con eso de los insultos?, ¿y para qué quiere la plata del IESS?, ¿y para qué se mete con los jubilados?, ¿y por qué no hace algo con el alza de precios y el desempleo?, ¿y qué es todo eso de las FARC, Colombia y el narcotráfico?, ¿no tiene que ver con la inseguridad en las calles?, ¿y será verdad que se cae el dólar?, ¿y por qué se peleó con Acosta, Martha Roldós y Mónica Chuji?
Tengo la impresión de que muchos de estos correístas indecisos permanecerán en la duda hasta días antes de las elecciones. De un lado, los seguirá atrayendo la promesa del cambio, en la que todavía quieren creer; pero en el otro verán la calle, el mercado, las ofertas de empleo. Entre esos dos extremos se juegan estas elecciones.
No estoy en condiciones de prever cuál será su decisión final. Creo que ni ellos mismos lo saben. Quizás se produzcan extrañas combinaciones, como la de votar por Correa y al mismo tiempo darle su apoyo a otras opciones en las elecciones para asambleístas y gobiernos locales, como parecen insinuar algunas encuestas.
Si algún candidato no oficialista hubiese articulado un mensaje convincente de cambio democrático, quizás podría cosechar algo en este electorado indeciso, quizás. Pero no se engañen. Si mañana los correístas honestos deciden romper con Correa (repito, no sé si lo harán) ya no será tan sencillo hacerlos caer en otras trampas. En su momento se propusieron ser pilar del cambio, y esa decisión suya no ha variado. Lo que se cuestionan es cómo debería ser ese cambio.
Tienen muy pocos días para resolver. Les deseo suerte.