Cuando presentamos la cédula como documento, esta se constituye en nuestra carta de presentación, en ella constan nuestros nombres completos, fecha de nacimiento, quiénes son nuestros padres, dónde nacimos, nuestro estado civil. La foto que la acompaña garantiza nuestra identidad.
¿Cuál será la cédula de presentación del Ecuador como país al mundo? ¿Y qué identidad es la que se nos reconoce? Hasta no hace mucho tiempo se nos confundía con la línea ecuatorial, con el puesto que ocupamos en relación a la corrupción. Hoy tenemos dos caras: una joven y otra anciana, como el acta de nacimiento a la vida republicana.
La primera está dada por el fútbol. Es un misterio que 22 piernas golpeando una pelota tengan tanto que ver con la identidad colectiva; que el Ecuador entero se sienta amarrado a sus pies y siga los vaivenes de su entrada o no en el arco rival como un problema de patriotismo. Son piernas que en su mayoría sostienen a hombres de raza negra, cholos y mestizos que el sistema humilla. No son académicos, no concurren a los mejores clubes ni salen en las páginas sociales. De pequeños no han tenido la mejor alimentación y en su mayoría han entrenado en canchas de barrio en medio del polvo y las llamadas estridentes de las mamás que los requerían para algún mandado. Y no es el único milagro que produce el fútbol. Algunos artífices de las victorias de la tricolor son colombianos, parte de un pueblo al que se quiere pedir visa para entrar al país, tanto están asociados en su conjunto a delincuencia y narcotráfico. Ellos han llevado a Ecuador por segunda vez, y ahora en tercera posición solo detrás de los apergaminados Brasil y Argentina, a la cita de los grandes del balompié mundial. Así que la una cara de nuestra cédula de presentación al mundo bien podría ser un rostro mestizo, de narices anchas, pelo ensortijado y dientes blancos en una sonrisa que no se cansa de irradiar.
Pero la otra cara es más problemática, tiene que ver con la fama merecida de tumbadores de gobierno, hacedores de constitución, ex presidentes presos o refugiados, banqueros corruptos, políticos no preparados para sus altas funciones, el único país “democrático” en el mundo sin Corte Suprema de Justicia desde hace nueve meses, la verdadera imagen del caos. ¿Qué rostro poner de este lado de la cédula? Dominaría la piel blanca, el aspecto formal e instruido, el semblante austero y circunspecto, dada la importancia de las funciones desempeñadas…
El pueblo se identifica con la primera foto, pero deciden su destino los de la segunda cara. ¿Cuál de ellas representa más al Ecuador profundo? ¿Cuál es nuestra verdadera carta de presentación ante el mundo? En los puestos de promoción turística muestran los paisajes increíbles de un país privilegiado, pero lo que lo hace único es su gente. Esa que día a día, a pesar de las mentiras que aspiran a convertirse en verdades a fuerza de ser repetidas como tales, sale, inventa mil maneras de sobrevivir y aspira a mejorar y construir un presente y un futuro mejor que los haga decir con orgullo a los ojos del mundo y a sus propios ojos: nacionalidad ecuatoriana.






