El planeta Tierra continúa en déficit ecológico, tal como lo ha estado en la última década, según Global Footprint Network (GFN). El problema es el ritmo acelerado al que anualmente se está llegando a ese déficit.
Este año la humanidad consumió la totalidad de los recursos que el planeta puede renovar en un año el pasado lunes, 8 de agosto, cinco días antes que en 2015, cuando este sobregiro se adelantó por seis días al del 2014 que fue el 19 de agosto. En cambio en 1970 ocurrió el 23 de diciembre y desde entonces la fecha –que desde 2006 se conmemora oficialmente como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra– no ha cesado de adelantarse y se prevé que para el 2030 se dé a fines de junio.
Si el momento en que la humanidad agota su presupuesto anual ecológico varía siempre, ¿cómo se fija esta fecha? Para entender la operación, hay que entender dos conceptos: huella ecológica y biocapacidad.
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La huella ecológica mide cuánta tierra y agua biológicamente productivas requiere un individuo, población o actividad para producir los recursos que consume y absorber los desechos que genera. Y la biocapacidad es cómo los ecosistemas producen esos recursos y absorben esos desechos.
Entonces para hacer el cálculo, GFN divide esa biocapacidad por la huella ecológica para luego multiplicar ese valor por 365 (días del año), lo que da como resultado la fecha en la que se marca el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra.
A nivel mundial estamos utilizando 60% más de lo que se puede regenerar. ¿Cómo se puede consumir más de lo que se regenera? En una entrevista con este Diario, Mathis Wackernagel, presidente del GFN, lo explica: “Es como ¿cómo es posible gastar más dinero del que se gana? Para una gente es posible... entonces el déficit se acumula en una deuda y (para) la deuda ecológica hay varios aspectos y es diferente por cada país, pero uno es la acumulación de CO2 en la atmósfera, otro es deforestación, otro es el uso de los suelos, el nivel de agua subterránea está bajando, hay escasez de agua, hay una pérdida de biodiversidad. Todas estas cosas son síntomas de esa demanda humana que es demasiado grande comparado con lo que se puede generar”.
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En 1961, año en el que las necesidades de recursos naturales empezaron a duplicarse, la biocapacidad per cápita era de 3,2 hectáreas. Actualmente, considerando que la población mundial supera los 7,3 mil millones de personas, “lo que tenemos es más o menos 1,7 hectáreas globales por persona (hgp)”, señala Wackernagel, pero estamos utilizando 2,7 hgp, aclara.
Por esto, el nivel de recursos y servicios de los ecosistemas necesarios para apoyar las actividades humanas equivale a poco más de 1,6 planetas.
En 1961 en Ecuador la huella ecológica era de un poco más de 1 hgp y su biocapacidad de casi 8 hgp. Según los últimos datos disponibles del GFN y que datan de 2012, actualmente la huella ecológica es de 2,2 hgp y la biocapacidad por habitante es exactamente igual. “Ecuador utiliza un poquito menos que el promedio mundial, 2,2, también porque ustedes tienen energía hidroeléctrica y geotérmica entonces a lo mejor no es tan intensivo en carbono y lo que tienen (de biocapacidad) también es 2,2, casi están en desequilibrio, casi están en déficit ecológico. No se puede saber con exactitud porque los números no son actuales, pero en 1960 tenían cinco veces más de lo que estaban utilizando…”, explica Wackernagel al tiempo que refiere que el crecimiento poblacional también incide. “Hay más ecuatorianos entonces hay menos Ecuador por persona y ahora se tocan las dos líneas…”, apunta, pese a que el país está entre los que tienen una baja huella ecológica.
Para Juan Carlos García, director de Conservación WWF-Ecuador, una de las maneras para que el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra retroceda en el calendario es convertirnos en consumidores educados y responsables. “Tenemos que aprender a hacer más con menos. Es un buen momento... están ocurriendo innovaciones alrededor del mundo para ayudarnos a hacer esto, desde soluciones simples hasta la mejor tecnología. El reto es que estas oportunidades sean accesibles para todos”, opina.
Transicionar hacia un desarrollo sostenible se plantea como otra de las soluciones. En esta línea las ciudades, la energía, la comida y la población, son las áreas con mayor potencial de reducción de emisiones de CO2, que representan el 60% de la huella ecológica global.
Para dar un ejemplo, en cuanto a la población, Wackernagel refiere que a mayor número de habitantes, “hay menos planeta por persona”. Por esto, dice que impulsar políticas públicas que favorezcan a la mujer también puede repercutir en “tener familias más chicas, lo que tiene ventajas para los niños que tienen más posibilidades de salud, de educación...”, sostiene.
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“Con cada acto de política tendríamos que ver estas dos preguntas: ¿aumenta el bienestar humano?, ¿baja nuestra dependencia de recursos? Si no cumplimos una de los dos no vale porque eso es lo que necesitamos. Ahora solo vemos, ‘ay, producimos ingresos’, pero no vemos el costo del ingreso. Si 100 dólares de ingreso cuesta 200 dólares de capital que estamos liquidando, nos empobrecemos”, indica.
Para Wackernagel “cada inversión no verde es una inversión perdida”. “No solo es una pérdida sino que nos pone en una situación más débil”. (I)
Exceso ecológico
Factores principales
De acuerdo con WWF:
El nivel de consumo. La sociedad se está acostumbrando a vivir con más y por tanto a consumir más.
Eficiencia de los productos. El uso de materia prima –y de recursos naturales– crece sin consideraciones ambientales como el uso del agua, de energía.
El tamaño de la población. Cada día somos más personas en el planeta y la oferta de productos crece paralelamente.
Si realmente queremos progreso, necesitamos aumentar la calidad de vida dentro de lo que es posible ecológicamente, sino no tendremos los recursos para mantener el progreso”.Mathis Wackernagel, Director GFN



















