Cuando en 1995 el Alto Cenepa fue el escenario de una guerra internacional provocada por la falta de límites definitivos entre Ecuador y Perú, el escenario político en el vecino país del sur era electoral: un outsider ya desgastado por cinco años de gobierno y múltiples sospechas de corrupción, se afanaba por lograr la reelección y no tuvo reparos en abrazar el conflicto para “fomentar la unidad nacional”. Varios meses después, ese presidente peruano lograba la reelección con el 64 % de los votos y dejaba muy lastimado el diálogo mutuo.
Tras 31 años, la guerra es contra el narcotráfico y en la otra frontera, la del norte, donde otro presidente, colombiano y en el final de su mandato, desgastado él más que su tendencia, no aspira a la reelección, pero sí a dejar sentado en el puesto que ocupa a un coideario tan radical de izquierda como él. Y lo ha expresado abiertamente mientras hace campaña proselitista en poblaciones fronterizas.
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Ambas situaciones son condenables. La guerra limítrofe en el sur, de hace tres décadas, dejó 33 muertes entre nuestros soldados. Y ahora la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado deja un largo rastro de sangre y dolor por todo el país, que trata de ser contenido por fuerzas del orden nacionales que reciben ayuda de Gobiernos más lejanos, afectados por el mismo mal. Pero no la reciben de la milicia colombiana en su territorio, de donde se originan los envíos del alcaloide.
Antes como ahora el Estado ecuatoriano pedía cordura y paz a los vecinos. Colaboración y empatía para superar los desencuentros. Y antes como ahora se ha evidenciado que los intereses electorales e ideológicos han sido puestos por encima del origen histórico común. La hermandad ancestral. El mismo yugo colonial. La misma bandera. El mismo destino.
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Es necesario que los temas electorales no se mezclen con situaciones tan graves como la seguridad interna o externa. Con las vidas que en ambos casos se ponen en riesgo permanentemente y las que se han perdido insulsamente. Una alta dosis de sensatez urge en la región. (O)