Vivísimos

Son seis meses desde que estalló el caso Isspol. El fondo de pensión de la Policía entregó gran parte de su patrimonio a un operador bursátil, el mago Chérrez, sin tomarse las debidas seguridades. La ministra Romo denunció que la operación habría causado pérdidas a dicho instituto y culpó al Decevale.

Entonces, escribimos al respecto con dos interrogantes:

¿Cómo así tiene responsabilidad el Decevale, donde se guardan de manera electrónica títulos valores privados (acciones, bonos, etc.) y no bonos del Estado, para cuya custodia existe el DCV, en el Banco Central? Los funcionarios del Isspol que así actuaron, ¿fueron lelísimos o vivísimos?

Comencemos con la segunda. La respuesta la sospechábamos, pero recién tenemos la evidencia: vivísimos. A fines de 2015, John Luzuriaga, director de riesgos del Isspol, le escribe a Chérrez agradeciéndole “por solucionarme mi vida financiera y de mi familia”, y con razón, ya que Chérrez le entregó USD 1,4 millones en coimas: la mitad del total entregado a funcionarios del Isspol, según denuncia el Homeland Security de los EE. UU., que investiga lavado de activos. (ver EL UNIVERSO, miércoles 3).

Para ser funcionario del correato, Luzuriaga es un pesetero. En otro caso investigado en Miami, un intermediario asegurador colombiano confesó que entre 2014 y 2016 entregó USD 11 millones a funcionarios de la estatal Seguros Sucre por mantener los contratos de reaseguros de entidades públicas ecuatorianas. Por su parte, Odebrecht ha reconocido haber pagado USD 33,5 millones en coimas durante el correato. Luzuriaga pudo haber pedido más. En el reporto de bonos que hizo Isspol, el mago Chérrez se habría ganado USD 65 millones, según Homeland Security.

Isspol entregó bonos de deuda interna, que el Estado nunca ha dejado de honrar, y recibió bonos de la deuda externa, que el Ecuador deja de pagar aproximadamente una vez por década, por lo que se negocian con gran descuento. Chérrez se defiende diciendo que Isspol pierde porque en 2020 el Ecuador se declaró en moratoria, lo que no es su culpa. Pero si el Ecuador no tuviese el hábito de declarar moratoria, los bonos de deuda externa no se cotizarían con descuento y Chérrez no hubiera podido, por arte de su magia financiera, hacer emerger una fortuna de USD 65 millones en sus cuentas en Panamá. Las autoridades estadounidenses apresaron a Luzuriaga en Miami, pero el mago se hizo humo y apareció en México.

En su denuncia, la ministra Romo puso énfasis en que el Decevale fue pieza central del acto de birlibirloque financiero. Lo que no es el caso. O la operación fue muy complicada de comprender y la ministra malinterpretó, o buscó desviar la atención.

Ha trascendido que un alto funcionario de Decevale, hoy fugado, sin conocimiento y peor consentimiento de sus superiores, habría emitido certificados falsos de que el Decevale tenía custodia de las inversiones del Isspol. El instituto está bajo la supervisión de la Superintendencia de Bancos, y esos certificados satisficieron al Superintendente de Bancos anterior, pero no a su sucesora, Ruth Arregui, y el problema salta. La nueva administración de Decevale mantiene silencio. Ahora lo que se necesita es que el mago Chérrez saque de su chistera los fondos que recibió del Isspol y los haga aparecer en las cuentas del instituto. ¡Voilà! (O)



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