Ecuador está en evidente peligro por las enfermedades catastróficas que afectan al principal cultivo de exportación, el banano y su congénere el plátano, de cuya trascendencia no cabe duda, lo importante es enfrentarlas con decisión, con la ventaja de que se sabe cómo hacerlo, en lo que están empeñados productores y exportadores, aunque esas acciones, por la magnitud de su costo, no son alcanzables con facilidad, además deberían cooperar otros eslabones de la cadena. No existiendo la esencia de la solución, que es contar con un completo centro de investigación de musáceas comestibles, ese debe ser el objetivo por cumplir. Pero, siendo un problema de carácter mundial, por el aporte bananero a la seguridad alimentaria global, se convierte en un desafío para la humanidad.

El bloque de países que más se ha beneficiado del consumo y del cobro de altos aranceles por importación de banano ha sido la Unión Europea, antes con 28 países, ahora 27 por la salida del Reino Unido, que sigue facturándolos. Por justicia, debe aportar a la subsistencia bananera la imposición para mercadear el producto en territorio comunitario, ha sido una verdadera transferencia de riqueza nacional a Europa, superó el valor del oro colonial extraído de nuestro territorio; tanto es así que desde el año 1993 hasta el 2020, cuando se detuvo la desgravación arancelaria en 75 euros por tonelada, la recaudación rebasó 10.000 millones de dólares. Para Ecuador, proveedor del 30 % del consumo de la Unión, esos 75 euros representan algo más de 100 millones de dólares anuales, que deberían reorientar la UE al financiamiento del combate de los males, que ya dieron muestra de destrucción total cuando acabaron con el banano de seda o Gros Michel, y los que en el futuro se presenten, salvaguardando una fuente predilecta de alimentación mundial.

Nos hemos empeñado en adelantar una cruzada, con el interés de mantener incólume a la más significativa fuente de empleo para millones de ecuatorianos, manantial agotable de divisas, que demanda la movilización de los principales afectados, los agricultores, y que los líderes nacionales se concienticen con la iniciativa y la planteen sin ambages, con fervor, a la UE, que esos 75 euros se deriven a un fondo autónomo para investigación bananera, que contribuya a crear condiciones de bioseguridad, detenga la difusión del mal, dote a los suelos de fortaleza que evite la penetración del patógeno, aumente la capacidad nutritiva y resistencia al cambio climático del banano y plátano. La propuesta encarna un deber histórico de Europa por corresponsabilidad fitosanitaria con los países latinoamericanos bananeros.

El fondo no fiscal, blindado a la política, instituiría un plan hacia la obtención de cultivares resistentes al Fusarium raza tropical 4, moko bacteriano, sigatoka negra y otros que acechan para manifestar su crueldad, e impulsaría la “capacidad supresiva” de los suelos. La cruzada arrancará con un periodo de difusión en las universidades manabitas, comenzando por la ilustre Universidad de Calceta (Espam MFL), por la receptividad demostrada por su vicerrectora, la doctora Sofía Velásquez Cedeño, y varios docentes. (O)