La tarifa del transporte público depende principalmente de dos factores: los costos de operación del sistema (incluyendo la adquisición de vehículos, su implementación, los gastos administrativos y la remuneración de los conductores) y el promedio diario anual de usuarios.

El incremento del costo del galón de combustible de $ 1,80 a $ 2,82 representa un aumento del 57 %, pero esto no implica que la tarifa deba incrementarse en la misma proporción. El análisis de costos horarios de vehículos de transporte señala que el combustible incide en un 16 % del costo con un valor de $ 1,80, y que a $ 2,82 su incidencia asciende a cerca del 23 %. Así, el incremento real en el costo horario se sitúa entre el 7 % y el 9 %. La tarifa puede optimizarse ajustando el tamaño de los vehículos en función de la demanda y frecuencia de recorridos.

La velocidad promedio de los buses convencionales es de 15 km/h, mientras que los buses del sistema Bus Rapid Transit (BRT), como la Metrovía, superan los 23 km/h, lo que representa un incremento del 53 %. Esto permite cubrir mayores distancias y atender a más pasajeros en un mismo periodo de tiempo, posibilitando reducir la flota total.

La Metrovía ha superado los 6.000 pasajeros por hora por carril en hora pico, frente a unos 600 pasajeros en carriles de vehículos livianos, en zonas céntricas. Es decir, un bus de la Metrovía moviliza hasta 10 veces más pasajeros en el mismo espacio y tiempo que un vehículo liviano. La demanda de usuarios debe abordarse mediante una planificación urbana que priorice el transporte público sobre el vehículo privado, siendo clave la implementación de sistemas BRT.

Respecto a que la tarifa local ($ 0,30 - $ 0,35) es de las más bajas de la región, y significativamente menor a las europeas, esta comparación debe contextualizarse. Aunque en Europa las tarifas son entre cinco y ocho veces mayores, en relación con el PIB per cápita resultan similares. Respecto a los países vecinos, aunque las tarifas son mayores, su impacto puede ser incluso más alto, llegando a representar hasta el 20 % del presupuesto familiar cuando existe una única fuente económica en el hogar.

En Europa, el transporte público recibe subsidios significativos, e incluso en algunas ciudades es gratuito, representando cerca del 3 % del PIB per cápita. Además, tarifas bajas desincentivan el uso de motocicletas y automóviles. En contraste, un aumento significativo de la tarifa podría incentivar el uso de motocicletas, asociadas a más del 30 % de las fatalidades en Ecuador.

La tarifa no debe definirse por criterios políticos que afecten la sostenibilidad del servicio. Tampoco es recomendable reducir recorridos –obligando a pagar múltiples pasajes– ni aplicar subsidios indefinidos al combustible. Las tarifas deben ajustarse a la capacidad de pago y, de ser necesario, complementarse con subsidios al usuario, además de fórmulas polinómicas basadas en costos operativos y niveles de servicio, actualizadas periódicamente.

Se recomienda realizar estudios integrales de movilidad orientados a sistemas tronco-alimentados con carriles exclusivos, semaforización inteligente y paraderos a nivel del piso del bus. (O)