El común de los mortales siempre está dispuesto a esforzarse para lograr mejores condiciones de vida. Está dispuesto a luchar con lo mejor de sí para progresar. Sus padres le inculcan la necesidad de prepararse para salir adelante. Los pobres sienten más la necesidad del progreso; los ricos menos, pues han crecido con bastantes comodidades. El pobre quiere viajar a conocer el mundo. El rico se ha pasado viajando. El pobre quiere que sus hijos vayan a una buena universidad, pero posiblemente no logre un cupo. El rico elige dónde estudiar sin problemas. Cuando el rico se enferma y requiere hospitalizarse activa su superseguro de salud. Cuando el pobre se enferma y requiere hospitalizarse está jodido, bien jodido.
Los hospitales públicos, increíblemente, como regla general dan pena. Como regla son un desastre en lo de fondo: el servicio es malo y en varios casos pone en riesgo la vida de los pacientes, pues no hay materiales para operar, las emergencias no se atienden como emergencia, pues el desesperado paciente debe esperar horas; regularmente hay pocas medicinas. En el caso de los hospitales del IESS, la situación también es de ponerse a llorar. Tal vez en el IESS la situación sea moralmente peor: el afiliado paga obligatoriamente una mensualidad para recibir salud y una jubilación cuando se retire. Si usted paga por un servicio y no lo recibe o lo recibe pésimo, ha sido engañado. Todo lo anterior convierte a la reforma de la institucionalidad de la salud pública en una necesidad urgente. La misma admirable voluntad del Gobierno para combatir a la delincuencia organizada debe implementarse para reformar el sector salud. Quisiera como ciudadano escuchar constantemente noticias de los avances logrados para mejorar el servicio de salud, y quisiera ver en la televisión a un vocero gubernamental de alto rango, como sucede en el combate a la delincuencia, informando sobre las acciones que se ejecutan. Los reportajes de televisión reflejan desde hace años el fracaso de los Gobiernos para mejorar el sector salud. ¿Qué atractivo tiene ser parte del consejo directivo del IESS, que provoca tantos conflictos por acceder a la vocalía de los trabajadores? ¿Por qué representando a millones de trabajadores nunca logran una mejora sustancial?
Tengo una buena opinión de la señora vicepresidenta, pero debe informar con detalle al Ecuador por qué no se dan los grandes cambios que necesitamos. Ya ha pasado el tiempo suficiente para el progreso de la situación. Me adelanto a sugerirle al IESS y a la vicepresidenta una fórmula muy sencilla: copien la forma de trabajar de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, que atiende miles y miles de pacientes pobres y nunca se escuchan las tragedias de los hospitales públicos. Tanto el IESS como el Ministerio de Salud le piden ayuda para que reciba a sus pacientes. ¡Qué sería de la salud pública de Guayaquil sin sus hospitales! El Gobierno actual puede pasar a la historia si arregla sustancialmente el sector salud. La solución es un clamor nacional. Es justo y correcto darle la misma importancia que a la seguridad. ¿No cree usted ? (O)