Es el nombre clave asignado por el Estado Mayor Conjunto de los EE. UU. a la operación especial militar que logró con éxito capturar, extraer y entregar a la justicia estadounidense al dictador Nicolás Maduro de Venezuela, para que responda a los cargos por narcotráfico. Esta requirió la decisión política absoluta del presidente Donald Trump, el trabajo previo de agentes de inteligencia infiltrados en Venezuela, el despliegue de unidades navales que bloquearon el tráfico marítimo, la intervención de una fuerza aérea que obtuvo la supremacía, las unidades tácticas de élite transportadas en helicópteros y la neutralización de las defensas antiaéreas y aeropuertos militares venezolanos.
Esta operación, resultado de una resolución unilateral del presidente de los EE. UU., ha dividido a los países entre los que están a favor de la operación y el argumento de que Maduro es jefe del cartel de los Soles; los que están en contra con el argumento de que se ha violado la soberanía de un Estado, y los que no se han pronunciado. Queda claro para América Latina que está abierta la posibilidad de este tipo de operaciones contra los políticos narcos, así tengan el estatus de presidente.
El presidente de los EE. UU. puede ordenar operaciones militares en otro Estado recurriendo a un entramado jurídico estadounidense que autoriza la persecución, captura y juzgamiento de narcotraficantes y terroristas, incluso fuera del territorio de EE. UU., cuando representan una amenaza directa; por ejemplo, la ley “USA PATRIOT Act (2001)” de George W. Bush, luego de los ataques del 9/11/2001.
Además, es necesario poner en contexto tres políticas históricas en las relaciones entre EE. UU. y Latinoamérica: 1823, la “Doctrina Monroe” (“América para los americanos”), que consideraba una amenaza a cualquier intento de las potencias europeas de recolonizar o intervenir en el continente. 1904, el “Corolario Roosevelt”, extensión de la Doctrina Monroe, pero con el derecho de intervenir cuando exista inestabilidad o desorden, con el fin de prevenir la intervención de potencias europeas. 2017, la política “América Primero” de Donald Trump, para actuar cuando el beneficio de su seguridad, economía o poder es directo y prioritario, incluso si afecta al orden internacional existente.
“América Primero” coloca como rivales a China, Rusia, Irán y emergentes; como amenazas no estatales al narcotráfico, lavado de activos, redes criminales o migración irregular. Trump ha hecho declaraciones contra Venezuela en el sentido de que deben pagar por el petróleo que les han quitado a las empresas norteamericanas cuando se nacionalizó el petróleo en los 70. Ecuador lo hizo en 1972.
En conclusión, Trump logró capturar a Maduro para ser juzgado por narcotráfico, usando el poder militar-policial hegemónico y sus leyes. Los políticos con poder en la región enredados en el narco podrían seguir el mismo camino. En EE. UU. se han establecido tres doctrinas relacionadas: Monroe (1823), Roosevelt (1904) y Trump (2017) con el objetivo de lograr la hegemonía continental con efectos mundiales. Ecuador debe estar consciente para su política de relaciones internacionales y apoyo contra el crimen organizado internacional. (O)