El mantener el buen nombre de una persona o de un país es algo que pertenece a la órbita del honor y, como decía el poeta, el honor es cosa del alma y el alma solo es de Dios. La defensa del honor nacional, de su prestigio, debe ser la primera obligación del Gobierno, ante cualquier acusación y ante cualquier cosa que los ponga en duda.
Lo anterior lo traigo a colación movido por el dolor que se siente al ver el nombre de Ecuador cuestionado nacional e internacionalmente. Así, oímos a la embajadora de la Unión Europea, señora Jekaterina Dorodnova, decir: “La corrupción en el Estado ecuatoriano es el gran obstáculo para enfrentar al crimen organizado”. Y esto lo oímos como oír llover.
En estos días, en Quito, la veedora para la observación del respeto a los derechos humanos de la ONU solicita información sobre varios delicados asuntos y, entre ellos, sobre el actual estado de excepción que se previó para la segunda quincena del presente mes de marzo; supongo que debe sorprender que se prevea una excepción, antes de que se produzca el hecho excepcional, cuando su naturaleza, como la de la alarma, es la inmediatez. Por eso, en el castellano antiguo, se llamaba AL ARMA (en dos palabras), para que el soldado se presentara inmediatamente con su arma, porque no había tiempo que perder; de allí viene la moderna palabra compuesta de alarma.
La Corte Constitucional ha puesto límites al poder del Estado y ha advertido que ni en estados de excepción se puede vulnerar el derecho a la vida y la integridad personal. El fallo de la Corte n.º 1732-25-EP/26 se origina en el caso de la desaparición forzada de cuatro niños de Las Malvinas. La Corte Constitucional concluyó que los militares involucrados en el caso actuaron al margen de la ley, amparándose en decretos ejecutivos dictados durante estados de excepción, que no pueden modificar la ley y, mucho menos, la Constitución. La Corte Constitucional ha dispuesto que la Comandancia de la Fuerza Aérea presente una disculpa pública por tales actuaciones que comprometieron su prestigio, ganado en numerosas ocasiones, como en la guerra del Cenepa. También se ha dispuesto una indemnización económica en favor de los familiares de las víctimas, que lo pagaría el Estado, pero que este debería ejercer el derecho de repetición contra los culpables.
No fue ejemplar la defensa de Ecuador, en Ginebra, ante las Naciones Unidas para dar información sobre las actuaciones de la fuerza pública; los delegados no contestaron directamente las preguntas formuladas, sino que se limitaron a leer textos escritos redactados con anterioridad.
La imagen internacional tiene que ser muy cuidada, pues de ella depende la opinión que se tiene de Ecuador fuera de nuestras fronteras.
El Ecuador debe construirse su propia imagen. Cercanía con Estados Unidos, sí, pero no subordinación. Hoy que la presencia de Estados Unidos se debilita en el Medio Oriente e incluso sus antiguos aliados europeos no aceptan seguir sus políticas guerreristas, no podemos seguirlos a ciegas. México, Brasil y Colombia no han plegado a esa política. (O)











