Hubo una explosión de júbilo con la liberación de los Conejo en el Ecuador y en muchos lugares del mundo a los que trascendió la tragedia de un niño de 5 años, detenido –así como a su padre– por esta despiadada maquinaria de guerra antiinmigrantes de ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), en los Estados Unidos, contra la que se levanta y protesta una gran parte de este mismo país. Esta tragedia deja muchas lecciones a los inmigrantes provenientes de muchas regiones del mundo.

Consuela comprobar que el poder judicial sigue siendo independiente del Poder Ejecutivo, tal como se estableció desde la primera Constitución de Estados Unidos, siguiendo la doctrina de la división de poderes de Montesquieu.

En el Congreso de los Estados Unidos ya existe una reacción contra este órgano de persecución a los inmigrantes llamado ICE; se están presentando trabas a la aprobación del Presupuesto General para impedir fondos para el ICE. La actual administración, propulsora de estas políticas contra la inmigración, teme perder su mayoría en la Cámara de Representantes en las próximas elecciones, en un año. Y parece que así ocurrirá, a juzgar por las multitudinarias manifestaciones en contra de la represión que aplica la fuerza pública, inclusive contra sus nacionales. En el estado de Texas acaban de perder una elección los republicanos en un sector en el que no habían perdido en mucho tiempo.

Es totalmente entendible que la familia Conejo no haya aceptado la propuesta de apoyo de la Cancillería ecuatoriana. Ellos y su propulsor, un legislador norteamericano, de filiación demócrata, basaban su lucha en oponerse a las políticas antiinmigración de los republicanos, especialmente del presidente Donald Trump. Es conocida la cercanía del Gobierno de Ecuador con el señor Trump.

Un juez de los Estados Unidos ha ordenado la primera deportación de un ciudadano cubano a Ecuador, bajo un acuerdo de cooperación de asilo celebrado entre nuestro Gobierno y el de Estados Unidos, en el que se comprometieron a recibir hasta 300 inmigrantes ilegales cubanos. Esto debería revisarse, porque nuestro país recibe cientos, miles, de ecuatorianos deportados de los Estados Unidos, para los que hacen falta miles de puestos de trabajo. Debemos resistir las presiones de la gran potencia. Que ellos asuman solos las consecuencias de sus políticas contra los migrantes.

También, se debe solucionar esta guerra sin sentido de aranceles con Colombia, que está paralizando el comercio binacional, creando problemas a muchos sectores de nuestra propia economía. Empezó por la imposición de aranceles del 30 % a las importaciones provenientes de Colombia, lo que fue respondido de la misma manera por nuestro vecino, y ha continuado con diversas medidas de retorsión de lado y lado, como la suspensión de ventas de electricidad, aumentos de 3 a 30 dólares por el transporte de petróleo colombiano por el OCP, y así seguimos.

Va a tener consecuencias para el Ecuador la entrevista en Washington, mientras escribo estas líneas, entre el presidente de los Estados Unidos y el presidente de Colombia. (O)