Recientemente se anunció la proforma presupuestaria para el año 2026. Hay mucho que analizar respecto de la misma, pero debemos concentrarnos en una sola cifra, que nos permite reflexionar sobre la dimensión de la crisis fiscal ecuatoriana, y de la urgente necesidad de enfrentar en forma estructural y definitiva los problemas que nos impiden crecer.
En la proforma se estima que, concesionando los pozos petroleros que están en manos del Estado y que todavía se pueden entregar a operadores internacionales (como ya se hizo desde el gobierno de RC5), entregando ahora campos como Sacha y otros, el Estado podría obtener un anticipo de unos 4.000 millones de dólares.
Obviamente, si quien es adjudicado el campo para invertir y aumentar la producción y compartir la utilidad con el Estado, hace ese anticipo, tomará eso en cuenta para las condiciones en que acuerde la distribución de los rendimientos, pues tiene que recuperar ese “préstamo” o anticipo.
Pero más allá de eso, pensemos en que entregando semejante calibre de activos (no me refiero a la conveniencia o no de ello sino a la magnitud) el Estado podría obtener 4.000 millones.
Pues bien: ¿cuánto son los atrasos que mantiene el presupuesto con proveedores de diversa índole incluyendo los de salud, atrasos también con universidades, GAD e instituciones diversas? Alrededor de 5.000 millones de dólares. Es decir, el anticipo que el Estado obtendría, no alcanzaría para pagar siquiera los atrasos, peor para hacer más inversión nueva. Si hace inversión, no paga atrasos. Si paga atrasos no hace inversión.
Veamos otra cifra: ¿cuánto le debe el Estado al IESS por el aporte del 40% del valor de las pensiones que debe aportar cada mes al Fondo de Invalidez, Vejez y Muerte que no ha venido cumpliendo? Alrededor de 6.000 millones. Tampoco todo lo que se obtendría de esos anticipos podría pagar ese rubro.
Y cuánto debe el Estado por concepto de lo que tiene que aportar al IESS por atención médica de jubilados y enfermedades catastróficas: más de 6.000 millones. Tampoco alcanzarían los 4.000 de los anticipos por las concesiones petroleras.
Nos damos cuenta de que tenemos un problema estructural de fondo, que solo se resolverá con medidas de cambios estructurales de fondo.
Los 4.000 millones parecen mucha plata, y son en realidad nada, frente a las gigantescas obligaciones pendientes que tiene un Estado al cual se lo ha creído la vaca lechera más rendidora y gigantesca de la historia de la humanidad.
Es esa creencia la que ha llevado a proponer dádivas y más dádivas, que hoy la gente considera “derechos” y que sencillamente son insostenibles por donde se las mire. Es esa creencia la que ha sido inculcada por un sistema educativo que no ha dado elementos de análisis crítico a los ciudadanos, por una clase política clientelista y absolutamente populista, y por una felicidad de la población de vivir en la negación de su realidad.
Ecuador tiene futuro. Pero requiere de un sinceramiento nacional, de un diálogo de todos, de un esfuerzo conjunto por hacer todo lo que se debe hacer y se ha venido postergando por décadas. (O)