Terminó el estado de excepción y el toque de queda. El Gobierno nacional se atribuye un triunfo porque parece que han desmantelado varias estructuras criminales, han requisado armas, municiones y aparatos de radio, han destruido partes importantes de la actividad ligada que es la extracción de oro, y hasta parece que los militares confundieron una finca lechera con un campamento ilegal. Algún descreído diría que son gajes del oficio, porque nos condolemos de lo que otros sufren, pero hasta allí llega la solidaridad.
El asunto es que las muertes violentas siguen sembrando inseguridad y desconfianza, a pesar de los esfuerzos del Gobierno. Y uno se pregunta: ¿hasta cuándo? Tengo una sola respuesta: hasta que exista demanda. Las actividades narcodelictivas son como la mitológica Medusa que mató Perseo. Pero Medusa está viva, reproduciéndose en todos los países del mundo, y no existe un héroe que la mate.
Sentimos en carne propia, indirectamente, los efectos de la guerra contra el narco. Las porosas fronteras de nuestro país nos han convertido en el paso para que las drogas lleguen a los consumidores de ultramar. El presidente de Colombia, Petro, tan simpático, no quiere combatir a los guerrilleros de su frontera sur. No le da la gana. No quiere arriesgar tropas para combatir guerrilleros. Él mismo lo fue hace años. Permite los cultivos de coca, los evidencia la televisión. Nos hace daño y también al mundo porque el negocio de la droga no tiene fronteras. Tampoco la codicia.
Nuestro joven presidente cree que le va a torcer el brazo con medidas arancelarias que castigan a los comerciantes y transportistas de la zona fronteriza. Ellos sí sufren pérdidas en sus negocios y claman por una solución negociada. Esperamos que los diplomáticos encuentren una solución digna para que no sufran miles de familias que viven del comercio transnacional. Pero ¡ya!, sin tanta espera.
Este es un asunto menor en la perspectiva mundial. Mucho más grave es el problema de Irán y Estados Unidos. Los iraníes no son fáciles de vencer. Pueden destruir sus instalaciones, como lo han hecho, pero siguen luchando. No se rendirán nunca. Son los partos indomables de la antigüedad clásica. El emperador Trajano lo venció, pero no le alcanzó la vida para subyugarlos. El sabio Adriano que lo sucedió, acordó con el rey parto Cosroes respetarse las fronteras. El dinero que se hubiera gastado en la guerra, Adriano lo usó para dar servicios públicos y embellecer las ciudades del imperio.
La democracia norteamericana se demuestra en la libertad de expresión. ¡Muchos dicen “No reyes”! No quieren reyes. Quieren que el presidente respete los poderes del Estado. Que sea el Congreso el que autorice las guerras y que acate las decisiones de la Corte Suprema de Justicia. Que el presidente Trump no los envuelva en una guerra lejana en la que sus jóvenes van a morir en esos ignotos desiertos. Muchos recuerdan los fracasos en Vietnam y en Irak. No hubo victorias. El retiro de los ejércitos en Vietnam les dejó el amargo sabor de haber perdido muchos soldados y mucho dinero en una aventura sin una causa real que pusiera en peligro a la primera potencia mundial. (O)










