La CIA en Ecuador

Un libro con este título se publicó en la Universidad de Duke el 15 de enero y lo pude tener físico, en papel, como me gusta, antes de que llegue febrero. Maravillas de la vida moderna. Su autor, Marc Becker, es un académico americano, experto en asuntos ecuatorianos, especialmente en lo relativo a movimientos de izquierda y a las nacionalidades indígenas, con varios libros y decenas de artículos publicados de estos temas. Entonces se entiende que la obra no trate sobre lo que reza su título, The CIA in Ecuador, sino que es en realidad, y el autor llega a consignarlo explícitamente, una historia del Partido Comunista del Ecuador (PCE) entre 1948 y 1960, basada en documentos que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos ha ‘desclasificado’.

Aunque se supone que la Agencia tiene más informes sobre esta materia que permanecen secretos, o que hubo reportes que no fueron debidamente archivados, de lo disponible se extrae abundante información. Esta recopilación es importante porque, según dice Becker, se conoce muy poco del PCE en ese tiempo ya que, cuando ese partido fue ilegalizado, muchos archivos y publicaciones fueron destruidos, tanto por las fuerzas represivas, como por los mismos militantes para mantener encubiertas su identidad y actividades. Se llena así un relativo vacío en la historia de la izquierda ecuatoriana, para lo que se recurre también a informes del Foreign Office británico y a fuentes ecuatorianas, lo que subraya que definitivamente de lo que hablamos no es la CIA, de la cual casi no se detallan operaciones y se registra solo una media docena de nombres de agentes.

La nuda mención de la CIA enciende la imaginación con fantasías de conjuras, golpes de Estado y asesinatos... eso explica que, a pesar de tratarse de una publicación académica, se haya recurrido a un título con más sexapil en lugar de otro que podría reflejar mejor la problemática que estudia. La imagen que nos queda de la famosa Agencia en esta publicación es la de una estructura de burócratas mediocres que buscan cualquier información sobre los comunistas, de los que reportan datos poco relevantes, aunque sobredimensionados a fin de justificar su empleo. Como correlato necesario se ve un PCE que, por lo menos en esos años, era una organización pequeña, con una militancia entre mil y dos mil afiliados, empeñados en nimias disputas domésticas, que en todo caso no representaba una amenaza para los gobiernos del país ni para los intereses americanos. De refilón se aprecia a varias figuras de la vida nacional, especialmente a los mandatarios que gobernaron en esa época, una de las más estables y prósperas de la historia ecuatoriana. Vemos así a un Galo Plaza Lasso respetado por todos, incluso por los propios comunistas, frente a Velasco Ibarra intemperante y veleidoso, florido orador de verbo disolvente. Pero es poco justo con Camilo Ponce, de quien no menciona sus realizaciones, acogiendo en cambio acusaciones sobre supuestos excesos represivos que no extrae de documentos de la CIA sino de la prensa nacional y de publicaciones de izquierda, vertiente con la que Marc Becker evidentemente simpatiza.(O)

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