La guerra de Estados Unidos de América e Israel contra Irán está teniendo enormes consecuencias no solo en el área geopolítica, sino también en la economía global, puesto que Irán es uno de los mayores productores de petróleo del mundo y controla el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20 % de la producción mundial de petróleo y el 30 % del gas natural licuado y derivados de petróleo, principalmente gasolina y diésel.

Esta ruta marítima constituye uno de los puntos más sensibles del sistema energético internacional.

El impacto inicial en los precios de los hidrocarburos a la fecha ha sido significativo, aunque no tan dramático, como en crisis anteriores en el Medio Oriente.

Esto se explica porque todavía no se conoce la duración que tendrá el conflicto y de este dependerá su efecto real.

Si se mantiene durante cuatro o cinco semanas, como lo señaló el presidente estadounidense Donald Trump, los principales países importadoras podrían manejar la situación con sus reservas estratégicas, en cambio si se prolonga bastante más tiempo, estaríamos frente a una crisis coyuntural muy seria.

El riesgo principal no radica necesariamente en la pérdida de los 3,5 millones de barriles por día que producía Irán antes del conflicto, dado que existe un superávit global de cerca de 4 millones de barriles por día. El escenario más grave sería el cierre prolongado y los daños al estrecho de Ormuz, controlado por Irán.

La mayoría de los analistas y el mercado de valores de Wall Street (Nueva York) parecen ya asumir que se trata de un evento de una relativa corta duración.

Ecuador, como país exportador de petróleo, se beneficiará significativamente del aumento del precio del crudo Oriente, aunque el efecto será menor sobre crudo Napo, que enfrenta un descuento adicional de $ 10/barril debido a la competencia con el crudo venezolano, que es preferido por las refinerías estadounidenses.

No obstante, existen factores que podrían afectar a la economía ecuatoriana a pesar de los altos precios internacionales. Entre los principales se encuentran:

1. La sostenida declinación de la producción y las exportaciones.

2. El subsidio al GLP o gas de bombonas que cubre cerca del 90 por ciento de su precio y representa aproximadamente $ 700 millones anuales.

3. El aumento de las importaciones de combustibles que crecieron alrededor del 50 por ciento en los últimos cinco años, impulsadas por la mayor demanda de generación térmica y los recurrentes daños en la refinería de Esmeraldas.

Frente a este panorama se concluye que a menos que se aumente la producción de petróleo y gas, se reduzcan las importaciones de combustibles mediante la repotenciación de las refinerías existentes o la construcción de una nueva, capaz de procesar óptimamente todo el crudo requerido en el país y se sustituya parte del creciente consumo de diésel con gas natural, producido en el país, especialmente en el golfo de Guayaquil, ni siquiera un alza en los precios internacionales del petróleo logrará resolver la crisis actual del sector hidrocarburífero del Ecuador. (O)