El pasado miércoles, 18 de febrero del presente año, tuve el honor de ser el orador principal en la histórica sesión inaugural del grupo de trabajo de las Naciones Unidas encargado de negociar una convención para la protección de los derechos y la dignidad de las personas mayores, que será adoptada por el Consejo de Derechos Humanos.
En mi intervención recordé las palabras de Martin Luther King (activista estadounidense por los derechos humanos) en la explanada del monumento a Lincoln, cuando habló de su sueño de equidad e inclusión en 1963. Señalé que los seres humanos, independientemente del color de nuestra piel, nuestro sexo, la religión que profesamos o nuestra edad, todos somos hermanos y hermanas entre nosotros, cuidadores de los más vulnerables, y que estamos unidos por una humanidad compartida.
Nuestras sociedades, con demasiada frecuencia, separan a las personas, las discriminan por sus diferencias y se oponen de manera agresiva a quienes perciben como distintos o consideran inferiores. Muchos creen ser los elegidos para dirigir el destino del mundo o de sus sociedades y, al hacerlo, terminan convirtiendo a los demás en enemigos.
Nos encontramos al final de un largo camino de cinco años, marcado por innumerables esfuerzos para lograr el reconocimiento de la dignidad y los derechos de mil millones de personas mayores. Estamos en un momento decisivo: el cierre de una etapa y el inicio de otra, orientada a crear un instrumento vinculante que perdure por décadas y proteja a las personas mayores del edadismo, la segregación y la exclusión.
Este es un momento muy importante para mi esposa, Fabiola, y para mí, ya que hemos dedicado muchos años a la causa de la dignidad y el respeto de los derechos de las personas mayores. Desde que presenciamos, durante la pandemia, la muerte de miles de personas mayores –entre ellas, familiares y amigos–, asumimos el compromiso de trabajar por esta causa.
En la actualidad asistimos a un cambio demográfico sin precedentes en la historia de la humanidad. Somos mil millones de personas mayores de 65 años y, por cada una de ellas, hay dos personas en el grupo de impacto directo, lo que equivale a tres mil millones de personas. Se cree que esta cifra se duplicará en apenas 24 años: para 2050 seremos dos mil millones de personas mayores.
Los avances en la ciencia, la medicina y la tecnología han extendido la longevidad humana, y las sociedades deberán enfrentar el desafío de una menor reposición de la fuerza laboral, al tiempo que reconocer el imperativo de brindar oportunidades a las personas mayores.
Quienes formamos parte de la sociedad civil y hemos impulsado este objetivo somos, en esencia, guardianes de una causa: la construcción de un futuro de dignidad para todas las personas mayores –las de hoy y las del mañana–. Le invito a sumarse a esta cruzada desde su espacio de acción y en su vida cotidiana, porque la verdad es simple: si tiene suerte, envejecerá, y espero que lo haga con dignidad. (O)