Al llegar de Ecuador, algunos de nosotros hemos pasado por la humillante experiencia de que nos hagan una radiografía del tórax para poder permanecer en un país europeo por más de tres meses. Esto ocurre porque Ecuador es considerado un país con tuberculosis endémica y esos Estados no están dispuestos a otorgar visas a personas que representan un riesgo de contagio. Se puede intentar tapar el sol con un dedo, pero, como supera el umbral de 40 casos por cada 100.000 habitantes, Ecuador tiene el triste privilegio de aparecer en el informe sobre tuberculosis de 2024 de la Organización Mundial de la Salud, junto con Haití y El Salvador.

Esta situación no ha mejorado en el país. Según han informado los medios en las últimas semanas, Ecuador registró en 2025 un número de casos nuevos y reincidentes de tuberculosis de proporciones epidémicas. En un año, se pasó de 5.476 casos en 2024 a 9.142 en 2025. Puede que el diagnóstico y el reporte de casos hayan mejorado y que eso explique un incremento tan marcado, pero eso no disminuye la gravedad del problema.

Para evitar las críticas, en respuesta a los informes periodísticos basados en la información que el propio Ministerio de Salud Pública (MSP) publica en sus gacetas epidemiológicas, esta cartera afirmó en redes sociales que dichos informes eran falsos. Esto preocupa por razones obvias: o mienten las gacetas o miente el pasante de comunicación al que acusarán de haber hecho esa afirmación. En cualquier caso, dentro del MSP hay alguien que miente.

La falta de transparencia es un problema porque no impide que la institución corrija su rumbo. Cuando la prioridad es blanquear su imagen, las repercusiones se sienten en toda la sociedad. Las personas privadas de libertad (PPL) en Ecuador registran una tasa considerable de tuberculosis, en condiciones en las que esta enfermedad no puede tratarse debidamente. Hacinamiento, pésima nutrición, falta de atención médica adecuada, además de la violencia y el consumo de drogas. Los funcionarios públicos no tienen muchas opciones e intentan manipular la opinión pública para proteger al Gobierno. Han afirmado que las PPL no han muerto por causa de la tuberculosis y sus declaraciones contienen la insinuación de que es pura coincidencia que fallezcan con un diagnóstico positivo de esa enfermedad.

La tuberculosis es una infección bacteriana grave que puede causar daño permanente en los pulmones y afectar a otros órganos. Es la enfermedad que más mata entre los pacientes con VIH, un virus que también circula en las cárceles ecuatorianas. Afirmar que una PPL con VIH no murió por tuberculosis podría ser estrictamente cierto si la persona se desmayó al toser y sufrió una contusión letal tras su caída, pero no es científicamente cierto. Para abordar esta epidemia, el Gobierno nacional debe admitir su verdadera magnitud y hacerlo de frente. Ocultar la verdad solo contribuirá a que la transmisión aumente, como sucedió con la epidemia de tosferina el año pasado.

El Gobierno nacional no tiene la opción de continuar disminuyendo los recursos y retrasando las transferencias al MSP porque será peor. (O)