A ratos me sorprendo evocando situaciones que, sin haberlo notado, se afianzaron en mi convivencia cotidiana. Reconozco –con un poco de recelo– cuántas veces rememoro la escena de mi adolescencia cuando se sintonizaban las noticias mientras se almorzaba. Se trataba de una rutina que en su momento transcurría inadvertida, una más entre los ritos diarios, tan sencillos. Ahora, cuando puedo replicar la costumbre de acompañarme con algún telediario o informativo, sé que en apariencia me habla del presente, pero en el fondo me traslada a la vida analógica que me ha dado por añorar.
Las exigencias del día a día transforman las rutinas y el tiempo que compartimos lo construimos entre quienes rodean nuestros espacios de trabajo. De esta forma, resulta natural que nuestros hábitos de consumo audiovisual cambien. Existen audiencias cada vez más activas, acostumbradas a las interacciones multimodales y que migran hacia plataformas digitales para convivir con experiencias atractivas acordes a sus intereses. Cada usuario tendrá el registro de los servicios de streaming, las series o programas que consume bajo demanda. Y podemos observar que en lo digital se incrementan las tendencias de programas tipo pódcast, donde la conversación y el intercambio entre los conductores marcan nuevos ritmos de consumo. Sin embargo, no hay que dejar de lado que hay un sector que recurre a los formatos tradicionales y que la televisión sigue siendo la opción más demandada para el entretenimiento.
El informe Kantar Ibope, Rating-Share Ecuador 2024, permite constatar esta idea. El entretenimiento y la ficción concentran 715,33 horas de exhibición, equivalentes al 57,87 % del total, mientras que en el género informativo se ubican 256,90 horas (20,78 %) y los contenidos formativos, educativos y culturales apenas alcanzan 144,42 horas (11,68 %) de la programación. ¿Qué encontramos en la oferta televisiva actual? Me temo que lo mismo de siempre: programas que en horarios estelares privilegian fórmulas repetitivas y cuyas historias se decantan por la comedia y el reciclaje de personajes donde la calidad apunta a la popularidad o al influencer del momento, que colabora en la producción.
Existe oferta televisiva nacional que sí está orientada a un público que busca formatos acordes a un mundo cada vez más complejo y demandante. Dichos contenidos dialogan con la sociedad y desafían las generaciones más críticas y selectivas. Observo el alcance masivo de la televisión en ofertas provenientes de medios internacionales como DW (Deutsche Welle, la emisora internacional pública de Alemania) y RTVE (ente público de radio y televisión de España). Estos medios ofrecen programas educativos, culturales y documentales que van acordes con las demandas del presente y que se complementan con las experiencias digitales. Las retransmisiones en la web, redes sociales y la interacción con las nuevas audiencias amplifican la experiencia, lo que permite convivir de una forma más idónea en la era digital. La dialéctica entre oferta y consumo debería contribuir con la renovación de los hábitos de consumo, de tal manera que los gustos del público se enriquezcan en calidad. (O)













