El periodista John Simpson, comentarista de la BBC, que ha cubierto toda clase de conflictos bélicos durante las últimas seis décadas, advirtió hace pocos meses que el conflicto de Rusia con Ucrania podría degenerar en una tercera guerra mundial. Sin embargo, mucho mayor riesgo existe hoy con la reciente guerra con Irán.
Rusia está interfiriendo los cables submarinos que transportan el tráfico electrónico que mantiene en funcionamiento a la sociedad occidental. Los hackers rusos desarrollan ingeniosas agresiones para dejar fuera de operación a servicios públicos, ministerios, servicios de emergencia y grandes empresas en países vecinos.
Los esfuerzos de Trump de lograr la paz en los conflictos existentes con Ucrania, Franja de Gaza o Irán, penosamente no han dado resultado. El otro frente latente es Rusia con los países de la OTAN, especialmente aquellos que eran de su antigua zona de influencia, detrás de la Cortina de Hierro. La Corte Penal Internacional ha emitido orden de arresto contra Vladimir Putin por la muerte de miles de civiles y el secuestro de 20 mil niños.
Putin ha declarado expresamente que entre sus objetivos para invadir Ucrania era alejar de sus fronteras la amenaza de la OTAN y su deseo de restaurar la influencia regional tradicional de Rusia en esa región. Lo hace en circunstancias de la decisión de Trump de dar las espaldas a Europa, de intentar apoderarse de Groenlandia, del petróleo de Venezuela y de tomar la isla de Cuba. Vivimos un mundo caótico, lleno de intereses o ambiciones individuales. Cualquier desequilibrio puede ser el inicio de una conflagración mayor.
La situación se complica más por las amenazas de Corea del Norte y de China, esta de apoderarse de Taiwán. El líder chino ha declarado que la recuperará a más tardar en 2027. Cada líder tiene sus propios planes individuales, Putin quiere devolverle a Rusia sus anteriores fronteras e influencia mundial. A Trump solo le interesa vencer a Irán y asegurarse las elecciones de medio término 2026.
Cualquiera de estos conflictos pone en peligro la convivencia pacífica, la estabilidad económica y la paz mundial. El bloqueo del estrecho de Ormuz es el nuevo peligro que pone la economía y paz internacional en vilo. Cualquier error o precipitación puede ser un nuevo detonante, mientras Europa permanece solitaria y expuesta a las ambiciones permanentes de Putin.
Taiwán no podrá defenderse sola y Estados Unidos difícilmente querrá involucrarse en una confrontación abierta con China. Las enormes reservas de petróleo de Venezuela y la precaria situación de Cuba son nuevos motivos de preocupación y disputa.
Lo más probable es que China absorberá Taiwán, sin eliminar su democracia; Ucrania deberá contemporizar con el líder ruso, hasta que él mismo se convenza de que la guerra le hace más mal que bien a su propio pueblo y su permanencia en el poder. Cada uno de los líderes mundiales se juegan su suerte si no calculan bien. Las revoluciones, cubana e islámica, ambas en entredicho desde su propio inicio, pareciendo que falta muy poco tiempo para sus respectivos relevos. (O)












