Hay que poner el Acuerdo Recíproco de Comercio con EE. UU. (ART, por sus siglas en inglés) en el contexto de la política arancelaria de Donald Trump.
Hace un año Trump anunció sobretasas arancelarias extraordinarias a todos los países con los que los EE. UU. tenía déficit comercial, lo que es prácticamente con todos, que atesoran dólares en sus reservas monetarias. Se salvaron países que exportan productos primarios y con un TLC con EE. UU.; en nuestro barrio, Colombia, Perú y Chile. El Ecuador no tiene un acuerdo porque cuando se negociaba el TLC andino botó del país a la petrolera estadounidense Occidental y se quedó con sus instalaciones y producción petrolera.
A la mayor parte de los socios comerciales Trump les clavó 10 %, a Ecuador y otros 15 % y a unos cuantos como India y Brasil sobretasas mayores. Trump les advirtió que para recuperar acceso al mercado americano tenían que firmar los ART, y los países se apresuraron a negociarlos. Washington se reservó la tajada del león. A los países fuertes Trump les hizo comprometer inversiones multibillonarias en EE. UU. China salió respondona y EE. UU. tuvo que ceder.
En febrero la Corte Suprema tiró abajo los aranceles de Trump, indicando que son ilegales, y requieren aprobación del Congreso. Eso invalidó los ART. Trump reaccionó invocando la sección 122 de una ley de 1974 que le permite dictar un arancel extraordinario uniforme a todos los socios comerciales, por 150 días (expiran en julio 10). Gravó con 10 % (después dijo 15 %) a todas las importaciones, excepto las de productos primarios de consumo que EE. UU. no puede abastecer, entre ellos, banano, cacao y pitahaya, y amenazó a los países con sanciones si se retiraban de los ART.
La firma del ART de Ecuador se pospuso a marzo 13 por la decisión de la Corte Suprema. Con su ART, como en los demás, Ecuador no recupera las condiciones anteriores a Trump. El arancel del 15 % se lo elimina para rosas (que entrarán con 6,8 %) y lomos de atún (1,5 %), pero solo se reduce al 10 % para el camarón y conservas de atún. A cambio, Ecuador se abre a los productos que les interesan a los EE. UU., entre ellos, automóviles de alto cilindraje, maquinaria, y de manera más importante, a cambios en normas de diversa índole. Entre ellas:
-Abandono de la política andina de franja de precios para productos agrícolas, en particular maíz, trigo, lácteos. Ecuador aceptó cuotas de importación. Esto ocasionará choques con los socios de la CAN.
-No gravar servicios digitales (Netflix, Amazon, etc.).
-Compromiso de fomentar el sindicalismo y la negociación de contratos colectivos por rama de actividad. Trump no es un amigo del sindicalismo (lo son los demócratas), pero su objetivo es reducir la competitividad de sus socios comerciales, porque quiere reindustrializar a EE. UU.
Ecuador compromete concesiones permanentes a cambio de un alivio parcial de una política arancelaria punitiva que expira en 100 días y no se sabe con qué se reemplazará. La esperanza es que para cuando expiren estos aranceles y Trump invoque otra cláusula para restringir importaciones haya un trato más benigno.
El otro lado de la medalla es pasar de la lista de honor a la lista negra de Trump. Por eso el Ecuador firmó y lo prudente es ratificar el acuerdo. (O)










