En estos días, en Ecuador, se pagan utilidades a los empleados de las empresas privadas, algo que Silicon Valley tiene como una moda en los últimos años, pero que en Ecuador se incorporó como obligación para toda empresa en 1938 con el primer Código del Trabajo, con un porcentaje menor al actual.
Y es que desde hace muchos años, Ecuador tiene algo que en otros países es impensable: una ley que obliga a repartir el 15 % de las utilidades generadas por una empresa privada a sus empleados, porcentaje que se consolidó en los años 70 durante el gobierno del Bombita Rodríguez. Solo Ecuador y México tienen una legislación así; las empresas en México tienen la obligación de repartir el 10 % entre los empleados.
Cuando los inversionistas extranjeros vienen a Ecuador y un abogado les explica cómo funciona este tema de las utilidades, ven esta figura como un sobreimpuesto a la renta, pues es rentabilidad fruto de su inversión pero que no va a llegar a sus bolsillos. Pero para los buenos empresarios ecuatorianos termina siendo una especie de vesting criollo, un sistema muy usado en Estados Unidos que, bien entendido, alinea a los empleados con el crecimiento del negocio al otorgarles acciones por cumplir cierto periodo de permanencia trabajando para la empresa.
Resulta que, cuando ese 15 % de utilidades es bien manejado, puede llegar a generar un compromiso extra en los empleados, que entienden que la empresa también les pertenece y aparte de su sueldo y de los décimos, pueden recibir un porcentaje de la rentabilidad de la compañía sin haber arriesgado nada de capital para iniciarla. Es importante resaltar que empresarios y empleados ganan cuando existen utilidades, pero cuando hay pérdidas solo las asuma el empresario, cuestión que hace aún más atractivo el tema para quienes trabajen en relación de dependencia.
Y en nuestro lindo Ecuador hay casos fenomenales, como el de Alejandrino Moncayo, de la empresa cañareja Lácteos San Antonio, que comercializa leche Nutri. En marzo de cada año, Alejandrino pedía a su banquero de confianza que le enviara a su oficina en efectivo el 15 % de las utilidades anuales por la venta de la leche. Allí, hacía pasar uno por uno a sus empleados y, mirándolos a los ojos y dándoles la mano, les decía: “Esta empresa es suya, cuídela”. Muchos recuerdan haber escuchado de Alejandrino decir: “Antes de mis socios, están mis empleados”.
En mi empresa Ulpik replicamos esta práctica pagando las utilidades en cheque a nombre de cada empleado. Por experiencia puedo decir que fue uno de los momentos más lindos de manejar un negocio, aunque mis empleados centennials necesitaron un tutorial de cómo depositar el cheque, pues para muchos era la primera vez que tenían uno a su nombre.
La reflexión para todos aquellos que estén iniciando un emprendimiento o que ya tengan una empresa en marcha es que les sugiero estructurar el sistema de salarios incorporando el componente variable de las utilidades anuales como un motivante real para nuestros empleados, porque las empresas no crecen por capital, crecen cuando la gente siente que también son suyas. (O)












