Entre las noticias que aterrorizan están que una niña de 2 y un niño de 5 años fueron detenidos en Estados Unidos. Y una se pregunta: ¿cómo es posible que hombres sabios ejerzan ese tipo de acción? Sin embargo, aquí en nuestro país también los niños y las niñas han dejado de estar seguros.
Y los Estados y los sistemas judiciales deben analizar de manera diferencial ¿cómo proteger a niños, niñas y adolescentes? Y no contribuir a la vulneración de sus vidas. De ahí que parezca ser un mal momento para traer hijos a este mundo. Así lo han entendido las mujeres, por eso en la mayor parte de países hay una baja en la natalidad. E irónicamente, aunque los territorios se van vaciando, no se permite la migración de familias jóvenes y con hijos que pueden contribuir a sostener las economías y sistemas mundiales.
Es un momento de decepción respecto al orden internacional. Así lo evidenció el primer ministro del Canadá, Mark Carney, al animar a los países a buscar una salida al conflicto actual. Pero, esta tensión que vivimos es producto de toda la xenofobia y racismo instalados en el mundo entero; también de las hambres atrasadas de apropiarse de los recursos de los países.
En todo el mundo, miles de personas de todas las edades mueren tratando de llegar a zonas desarrolladas; pero, se insiste en contener la migración. No quieren a la gente, pero sí están ávidos de los recursos de sus tierras. Esa doble moral internacional es la que produce asco. También hay una doble moral nacional, por ejemplo, en Ecuador hay zonas geográficas totalmente abandonadas por el Estado y se convierten en territorios tomados por la delincuencia.
Hoy estamos más interconectados y globalizados que nunca y el daño que se causa a un grupo humano terminará dañando a todos. Para contener la migración se requiere apoyar el desarrollo de las zonas pobres. Porque mientras África, América Latina y las partes pobres de Asia, Medio Oriente y Europa no tengan opciones de desarrollo, sus poblaciones generarán presión y encontrarán mafias que trafican con personas.
El flujo migratorio, el transporte de estupefacientes y la podredumbre social están interconectados, residen también en los países desarrollados, como lo muestran diversos documentales. Por lo que los circuitos delincuenciales se sostienen dentro de los propios países desarrollados, que con su mayor tecnología y armas pueden combatir en sus territorios la delincuencia, mientras que en países precarios resulta imposible el monitoreo territorial. Queda la sensación que solo se mira la paja en la cara ajena y no se pregunta sobre la viga que sostiene la delincuencia dentro de sus propios compatriotas y barrios.
Dos pequeños niños ecuatorianos detenidos en EE. UU. son muestra de lo absurdo del mundo. Mientras seguramente las bandas criminales azotan a sus países, recursos importantes se emplean en profundizar el sufrimiento de los más pequeños, y nuestros políticos poco o nada han hecho por brindar soluciones claras para la migración ecuatoriana y procurar mejores condiciones de vida para impedir que huyan de su país por no tener ni siquiera para comer. (O)












