Pocas veces como ahora han coincidido tanto la necesidad urgente de transformar la calidad, costo, cobertura y confiabilidad del servicio público con la disponibilidad de herramientas tecnológicas para hacerlo. Se parte de la carencia de espacios presupuestarios para intentarlo (planes anuales de inversiones asfixiados), de una infraestructura física degradada y una captura institucional por redes de corrupción que prosperan en la fragmentación de sistemas y la opacidad de los procesos. Ante este escenario, el cambio no debe plantearse como la adición de herramientas digitales a procesos obsoletos, sino como la arquitectura de un nuevo modelo operativo estatal.

La estrategia debe generar impactos clave sobre el actual modelo, para desencadenar un ciclo transformador: iniciar en la reforma transversal del sistema de Compras Públicas, pasando el enfoque del control posterior a la trazabilidad y transparencia 360º de los procesos de compra, incentivando el autocontrol entre los competidores. La tecnología permite hoy configurar mercados de transparencia absoluta sobre información de precios, especificaciones técnicas, redes societarias, etc., en tiempo real. Al establecer bandas de precios referenciales automáticas, estandarizar términos de referencia y bloquear la colusión de proveedores antes de la adjudicación, se elimina posibilidad de la captura indebida de beneficios. Se genera un retorno de inversión inmediato al reducir sobreprecios, liberando recursos que hoy se pierden, para reinvertirlos en la propia infraestructura tecnológica del Estado.

La caída por implosión del obsoleto edificio de la burocracia estatal, luego debe incluir cargas explosivas de innovación disruptiva en salud, enfocándose en la soberanía y la interoperabilidad del dato. Esto implica crear un ecosistema nacional donde la historia clínica y la receta electrónica actúen como nodos de una red trazable, validando que el fármaco despachado corresponda a la patología diagnosticada, como parte de un modelo que visibiliza el proceso desde el médico hasta la bodega y logística de transporte. Esto, acompañado en plataformas agénticas que multipliquen la eficacia y productividad del personal de atención en salud.

Estos dos logros tempranos deben generar condiciones favorables para los dos siguientes: la interoperabilidad entre entidades públicas que digitalice profundamente la relación Estado–ciudadano y transformar la calidad y cobertura de la educación pública. Que el éxito de la primera etapa genere condiciones favorables para las inversiones en conectividad, transformación docente e innovación institucional de la gobernanza del modelo educativo.

Este cambio de paradigma requiere que ministros y directores nacionales asuman el rol de arquitectos de procesos, priorizando la limpieza y unificación de información sobre la visibilidad política de logros individuales. La transición hacia un Estado agéntico requiere, en última instancia, la voluntad de ceder el control discrecional en favor de algoritmos de trazabilidad total, garantizando así que el servicio público responda a las necesidades del ciudadano. (O)