El colapso vial en la parroquia urbana La Puntilla, del cantón Samborondón, dejó de ser una advertencia para convertirse en un problema. En horas pico, la movilidad se transforma en una prueba de paciencia para miles de ciudadanos que viven, trabajan o simplemente transitan por este dinámico sector.
Hace poco, el Municipio ejecutó la ampliación de la avenida Samborondón, que ahora cuenta con cinco carriles, en ciertos tramos. Sin embargo: ¿cuánto tiempo durará este alivio? La expansión urbana avanza a un ritmo mucho más acelerado que la infraestructura vial. Solo en La Puntilla queda aún por desarrollarse cerca del 40% del suelo disponible. A ello se suma el crecimiento sostenido del llamado Nuevo Samborondón, que incrementará de manera inevitable la presión sobre una red vial que ya opera cerca de su límite.
La situación se agrava porque la avenida Samborondón no es utilizada exclusivamente por los habitantes del cantón, sino de Daule, Durán y Salitre que confluyen diariamente en esta vía, que funciona como un embudo de circulación, sin rutas alternas para distribuir el flujo vehicular.
Existen proyectos en carpeta. Uno de ellos contempla la construcción de un paso a desnivel para continuar el tráfico desde Ciudad Celeste hacia la avenida Samborondón, hacia La Puntilla, lo que podría ofrecer un alivio parcial, pero no constituye una solución estructural. El problema no radica únicamente en un giro o maniobra específica, sino en la elevada concentración de vehículos en la misma vía, ya colapsada en horas pico.
También se ha planteado la construcción de un nuevo puente que conecte la avenida Samborondón con Guayaquil, a la altura de Plaza Lagos, frente a Castelago; lo que tampoco resolvería el cuello de botella principal, ubicado en la intersección de la avenida Samborondón y la vía a Ciudad Celeste. Incrementar el flujo hacia un punto ya saturado, sin redistribuirlo estratégicamente, solo trasladaría el problema unos metros más adelante.
El desarrollo urbano responsable exige planificación con una visión de al menos 50 años, por lo que resulta razonable considerar la prolongación de la vía a Ciudad Celeste hasta conectarla directamente con la avenida Narcisa de Jesús, en el tramo más corto sobre el río Daule, creando una salida directa y eficiente hacia Guayaquil, reduciendo de manera significativa la presión sobre la avenida Samborondón.
El trazado podría iniciarse a la altura de Plaza Batán, extenderse junto a la ciudadela Vista al Parque hasta la ribera del río Daule donde no hay construcciones y mediante un nuevo puente enlazar con la avenida Narcisa de Jesús. Esta obra no solo aliviaría la congestión actual, sino que además de beneficiar a los terrenos por donde pasaría la vía, contribuiría a ordenar el crecimiento urbano y el tránsito vehicular.
La discusión ya no debería centrarse en si el problema existe, sino en cuándo y cómo actuar. Reservar desde ahora los terrenos necesarios constituye una decisión estratégica. Postergar la planificación solo encarecerá cualquier solución futura y profundizará el colapso vial que hoy ya forma parte de la vida diaria en La Puntilla. (O)









