Los actuales campeones mundiales de ajedrez son Gukesh Dommaraju, de India, quien ganó el título a los 18 años en 2024, convirtiéndose en el más joven de la historia. En la categoría femenina, Ju Wenjun, de China, mantiene el título desde 2018. Y es imposible no mencionar a Magnus Carlsen, de Noruega, campeón entre 2013 y 2023, cuyo estilo combina precisión, paciencia y agresividad estratégica. En sus partidas ha utilizado defensas como la Siciliana y la Caro-Kann, y ataques como la Ruy López o el Gambito de Dama, reflejando que en el ajedrez –como en la política– no gana el más fuerte, sino el que mejor anticipa.

Ese tablero hoy es global. El mundo está entrando en un nuevo orden liderado por EE. UU., pero no bajo las reglas tradicionales. La “apertura” de Donald Trump es directa y agresiva: aranceles altos como jugada inicial para luego negociar acuerdos bilaterales a favor de su país, buscando corregir déficits comerciales, especialmente con China. Es una estrategia que rompe con el multilateralismo y obliga a todos los países –incluido Ecuador– a replantear su posición.

Pero el cambio es más profundo. Las instituciones creadas en Bretton Woods –como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial– junto con la ONU y la Organización Mundial del Comercio, están perdiendo capacidad real de arbitraje. Los acuerdos comerciales que antes ofrecían estabilidad hoy son revisados o tensionados. El sistema basado en reglas cede espacio a uno donde prevalece la negociación directa y el poder relativo.

En paralelo, los conflictos geopolíticos refuerzan esta dinámica. El respaldo a Israel frente a Irán responde a una estrategia de contención. Irán, como en una defensa Caro-Kann, resiste y evita un desenlace definitivo, en una partida que sigue abierta.

Para Ecuador, este escenario representa tanto un desafío como una oportunidad. El Gobierno puede variar su estrategia ofensiva, como lo está haciendo en su relación con EE. UU., en el tema de la seguridad, pero esta debe traducirse en resultados concretos en el corto plazo. En cuanto a defensa, también puede ajustar su enfoque, especialmente en la lucha contra la corrupción institucionalizada, donde los grupos criminales han logrado tomar ventaja. En el campo económico la estrategia debe ser más agresiva para generar más plazas de empleo.

El reto no es menor. En seguridad, empleo, comercio y energía el país necesita decisiones oportunas y estratégicas para sostener el crecimiento y recuperar la confianza.

El mundo ya cambió. Las instituciones de Bretton Woods no funcionan como antes. Y el juego liderado por Trump busca redefinir el orden mundial.

En ajedrez, quien entiende el tablero, encuentra oportunidades, en especial cuando estamos bien posicionados en la mitad del mundo y específicamente de América, para ser un hub financiero como es Panamá, político, comercial y de atracción inversiones en petróleo, gas natural y minas que fortalecerán nuestras instituciones y posición geopolítica.

Ecuador todavía está a tiempo de hacerlo con estrategias de defensa, ataque y negociación. (O)