No encuentro otra explicación que la falta de principios y de decencia, y la soberbia, para explicar el comportamiento de ciertos partidos políticos. Siempre he pensado que la soberbia hace actuar a las personas inteligentes en forma torpe. Por eso, lo hecho por esos ha sido sin duda un gran paso hacia el abismo del cráter de un volcán del que con seguridad no saldrán.

El hombre si no actúa para lo que fue hecho, no cumple con su fin, termina siendo infeliz. Solo imaginemos una guitarra con sentimiento, cómo se sentiría si la usaran como martillo, seguramente muy triste porque diría “fui hecha para emitir sonidos armoniosos y bellos no para golpear un clavo”. Asimismo los partidos políticos deben actuar, manteniendo los elementales principios y valores para profesarlos para lo que fueron constituidos y puedan permanecer en el tiempo. La mentira y la incoherencia es letal, el engaño tarde o temprano termina descubriéndose, como también las verdaderas intenciones de los actores. Un acto para que sea bueno, su intención debe ser buena; en cierto pacto que hemos visto, la claridad del acto se vio oscurecida por sus intenciones. Lo increíble de todo esto es pretender que el pueblo les crea. Es que hasta para decir una mentira hay que ser medianamente inteligente.

Por ejemplo, en el aire dijo uno que no va a haber impunidad, y luego declaró que pueden destituir a la fiscal y va a haber una comisión de la mentira, perdón, de la “verdad”. ¡Quién les cree!

No acabamos de aprender de las experiencias y darnos cuenta de que el mal a la corta gana, pero a la larga siempre pierde... Cuando hacen a un lado los principios morales los políticos por sus intereses personales, cometen errores en contra de sus propios enunciados contradiciendo sus discursos, y no siendo auténticos y obrando contra las aspiraciones de quienes votaron por ellos. (O)

William Emilio Castillo Navas, ingeniero eléctrico, Guayaquil